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Otra Navidad

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
lunes, 26 de diciembre de 2005, 01:12 h (CET)
Hoy es Navidad. Los católicos celebran el nacimiento de Jesucristo y los agnósticos, ateos y demás no creyentes un día festivo que nos viene dado por decreto y tradición. Pero unos y otros anoche cenamos en familia y hoy comeremos también en compañía de familiares, mientras con los años cada Navidad nos va suponiendo añadir nombres a la lista de los que nos dejaron.

Pero no estaría de más recordar a los creyentes, aunque cada vez sean menos los que se levanten ahítos de la mesa para acudir a la Misa del Gallo, que la Iglesia instituyó la Navidad en el siglo IV para contrarrestar las fiestas paganas que Roma celebraba el 25 de Diciembre denominadas “Natalis Solis Invicti”. Los romanos venían celebrando durante muchos años la llegada del solsticio de invierno, es decir el momento en el que los días comenzaban a alargar y las noches empezaban a no ser tan largas. Pero las viejas raíces paganas estaban muy arraigadas entre nosotros y en las zonas euskaldunes del País Vasco era el “Olantzero” quien traía los regalos, y en el resto de España cada día somos más adictos a Papa Noel, que nada tiene que ver con el cristianismo, con gran alegría de los grandes almacenes.

Ya en el siglo VI el Papa Juan I encargó al monje erudito Dionisio, llamado El Exiguo, que estableciera la fecha de nacimiento de Jesucristo. Como quiera que no se pusieron de acuerdo en la fecha exacta este tema se dejó correr durante siglos. Ahora las modernas corrientes de la exégesis neotestamentaria indican que los relatos sobre el nacimiento y la infancia de Jesús no pueden considerarse propiamente históricos. Tal vez lo único importante de la vida del Mesías sean los tres últimos años de su vida en los que con sus actos y su doctrina dio lugar al nacimiento del cristianismo, aunque hoy en día la jerarquía católica no siga al pie de la letra aquellas consignas del que ha sido considerado el primer revolucionario del mundo.

A unos y otros, a creyentes y agnósticos, a ateos y musulmanes, a todos les deseo unas felices navidades a pesar de que sé que en estos momentos seguirán muriendo miles de niños de hambre o sida, o de que en cualquier rincón de Bagdad o la vieja Galilea de la Biblia algún suicida, en nombre de su Dios, se inmolará llevando la muerte a inocentes. Ese es el verdadero pan nuestro de cada día.

Sea mi felicitación navideña un poema que escribo a continuación donde habló de las “otras Navidades”. Y, por favor, sean felices, al menos durante unas horas.

YA ES NAVIDAD

Un vino amargo y agrio
de cartonajes pobres
desanda los caminos
de la ciudad fantasma.

Unas luces ajenas
van poniendo colores
a tristes ilusiones
cada año aplazadas.

Metálicos sonidos
cajas registradoras
resuenan en el aire
entre papel de seda.

Ya es Navidad nos dicen
los grandes almacenes
y corremos paganos
tras las nuevas quimeras.

Papa Noel ajeno
va empujando a los Magos
y los niños no juegan
ya más por las aceras.
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