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Etiquetas:   Cesta de Dulcinea   -   Sección:   Opinión

Corre, es Navidad

Nieves Fernández
Nieves Fernández
domingo, 25 de diciembre de 2005, 01:25 h (CET)
Es Navidad y todos corren que se las pelan.

Corre Papá Noel y sus renos cuando llegan tarde a su cita de balcones y chimeneas, donde este año encontrarán asombrados miles de réplicas luminosas e hinchables con sus prominentes panzas y barbas blancas, como rojas clonaciones laponas.

Corre la dependienta que ha estado hasta las tantas facilitando compras, ya es hora de que se facilite a sí misma unas horas de su propio tiempo.

Corre el comerciante asombrado de comprobar cómo en Navidad se vende todo, sin entender qué relación tiene todo esto con el nacimiento del Hijo de Dios, al tiempo que sonríe y se frota las manos.

Corre el sacerdote para disponer la misa de zambomba noctámbula y ruidosa, la misa del gallo que a pesar de ese nombre no se dice
Corren los padres para reunir a sus hijos al hogar de la lumbre, aunque el calor de hogar sea de gasoil o de gas natural o butano, dentro de las pocas familias tradicionales que van quedando. Pero es Navidad y es lo que cuenta.

Corre el avión alejando a muchos a la nieve o a la playa, son los que no se quedan y vuelven en enero tan frescos y morenos, ilesos de turrón, de rollos familiares de familia alejada y a prueba de discusiones y de indigestiones de pato a l’orange o de gulas del norte.

Corre la abuela ilusionada a atender a los nietos. Y se pregunta si será su última Navidad haciendo de anfitriona.

Corre el repartidor llevando cestas a troche y moche, soñando cuál se quedaría para él si pudiera elegirla.

Corre el niño por ver a sus primos para jugar sin horas de reloj, comprobando que sus padres parecen también niños y cantan en Nochebuena, lo mismo que al ganar el equipo de fútbol, pero en un tono distinto menos competitivo, con cara de buenos.

Corre el ladrón después de conseguir un completo botín de monederos. A pesar de muchos años de oficio, aún se extraña y felicita de por qué los pobres e inocentes viandantes los llevarán tan llenos.

Corre la víctima al lugar donde lo perdió, del lugar exacto donde se dio cuenta de la sustracción, y comprueba que ha sido una perfecta operación matemática para su bolsillo, una sustracción, un problemilla más de cuarto de primaria. Lástima que además le falten también las gafas, la documentación, la tarjeta sanitaria y un objeto sentimental cuyo valor el ladrón nunca entendería.

Corren los policías a atender a las víctimas, sólo desean que la noche sea buena, que haga honor a su nombre y, además, que sea tranquila. Este año también la familia se quedará sola, siempre la puede celebrar el 25, cualquier noche puede ser la noche más buena, alguien debe velar para que al menos ésta lo sea.

Corren el pavo y el cordero hacia el fuego de los fogones, hoy deben estar tiernos, hacerse a fuego lento.

Corren los cocineros y cocineras esmerándose en la presentación y en las especias, preparando la mesa, saludando entre manjares al nuevo yerno o nuera que hoy les llega.

Corren los coches por la carretera trasladando los buenos deseos a golpe de kilómetros, con los miedos de multas prohibiendo el alcohol y las carreras.

Todos corren, todos corremos como los viejos recuerdos de otras noches igual de bondadosas, porque las noches, como los días, pasan, nos pasan y nos tragan en un reloj gigante de arenas de Belén dispuesto a engullirnos como se engullen las navidades en enero.

Corre, es Navidad, corre si quieres pero no estaría de más pararse de año en año y analizar para qué sirve correr tanto por las aceras, adónde vamos y adonde va la fiesta más familiar de invierno si insistimos en seguir corriendo.

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