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La hora de Europa: reiniciar

Pascual Falces de Binéfar
Pascual Falces
jueves, 22 de diciembre de 2005, 01:59 h (CET)
¿Qué hora es aquí?... es una pregunta que ha de hacerse cuando, con la rapidez de los medios de transporte actuales, igual se está aquí, que acullá. Es como la primera necesidad para “sintonizar” con los que nos rodean. Para no olvidar que las islas Afortunadas existen para los que no se van allí de vacaciones, se repite en cada señal horaria: Una hora menos en Canarias. El globo es grande, y cada lugar de la Tierra, tiene su propia “hora”. La de Europa, una vez tirado por tierra el proyecto de Constitución que unas manos sectarias –entiéndase masónicas; al pan, pan y al vino, vino- habían redactado para el futuro del continente, se creó un vacío que se puede llamar “horario”. Los relojes se pararon para el caminar de los desamparados ciudadanos que, con ingenuidad, creían que todo se hacía por su bienestar –el de casi quinientos millones de europeos-. La impresión es la misma que cuando un niño mimado, si no gana, se lleva la pelota a su casa. Bueno, algo de provechoso hay: el “plumero” se le ha visto a la élite conductora de la Unión.

La hora, dura, pero, para ser afrontada, es la de la democracia en Europa, o sea, la de los pobres y ricos; católicos, protestantes, y no practicantes; eslavos, sajones y latinos de esta orilla o la otra; de los hombres, mujeres, niños y militares. Todos, europeos de nuevo cuño o recién llegados, con sus votos –salientes ya, tanto del feudalismo, como de sus nuevas caretas-, han de elegir entre las diferentes propuestas cuál ha de ser su futuro, y serán ejemplo de diferencias superadas entre ellos. Puede pensarse en que las distancias nunca las estableció el pueblo, sino los “señores de horca y cuchillo” del mismo. Fronteras caídas, una misma moneda, y paralelo destino a través de los fondos de cohesión, son conquistas que a todos satisfacen. Aunque los escondidos intereses rectores se sientan incomodados.

Blair, ¿quién iba a decir que un inglés supondría una esperanza para Europa?... Descubiertas las intenciones de los de siempre, y rechazada su propuesta de Constitución Europea, excepto por España que nunca ha sabido por donde soplan los vientos en el continente, la “administración” británica pudo haber encauzado las aguas revueltas. Pero, oh destino, a los pocos días de ocupar esa responsabilidad, unos malhadados bombazos “terroristas” en el metro londinense, le absorbió la atención, y Europa se quedó a un lado del escritorio. Así, de mala manera, chapuza sobre chapuza, ha “descabellado” el semestre, y la patata caliente pasará en enero a otras manos. Definitivamente, este último semestre del 2005 ha transcurrido con los relojes parados. Las campanadas de las doce de la noche, del próximo día treinta y uno, requerirán que todos los europeos junten los dedos para que el reloj se ponga de nuevo en marcha. “Reiniciar”, se dice en términos informáticos, y casi nunca falla.

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