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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Inmigración   Grande Marlaska   -   Sección:   Opinión

¿Concertinas o más policías y guardias civiles heridos, señor Marlaska?

No estamos convencidos de que un juez considerado “progresista” sea lo que mejor conviene a España como ministro de Interior
Miguel Massanet
domingo, 17 de junio de 2018, 08:53 h (CET)

Volvemos a las andadas con el tema de la recepción indiscriminada de migrantes, vengan de donde vengan, simplemente porque a determinados partidos políticos, incluso algunos de tipo conservador, les ha entrado, en el mejor de los casos, el remordimiento respecto a estas personas que, a oleadas, en manos de piratas sin escrúpulos y por medio de transportes que no merecen la menor garantía, respecto a su solidez y capacidad, de que puedan avalar la seguridad de los centenares de personas que se ubican en su interior, sin ninguna seguridad de que puedan llegar sanos y salvos a su destino, si es que, en realidad, tienen alguno al que dirigirse con la posibilidad de ser acogidos en ellos. Pero es que seguimos sin estar seguros de que, en el caso de España, el actual partido en el poder, dada la excesiva propaganda que se está haciendo del buen corazón de los dirigentes socialistas que decidieron acoger a los 629 migrantes que navegan en estos momentos, a bordo de tres barcos, hacia el puerto de Valencia, y de todas las declaraciones favorables a la acogida, en las ciudades en las que están gobernando, la mayoría dirigidas por las izquierdas, de una parte de las personas que forman parte de los acogidos en dichas embarcaciones, contradiciendo aquella máxima de Mateo 6:3- 13 “ Pero tú, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha, 4 para que tu limosna sea en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará . 5 Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas; porque a ellos les gusta ponerse en pie y orar en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres.”. Es obvio que nadie puede oponerse a que, unos desgraciados que están en peligro de perecer en una frágil embarcación, reciban el auxilio pertinente; pero también es evidente que un gobernante, especialmente si se trata del presidente o los ministros de una nación, tiene que tomar en cuenta muchas consideraciones antes de proclamar, a los cuatro vientos, que España está dispuesta a recibir a cuantos migrantes decidan dirigirse a nuestro país.


¿Saben ustedes que, desde que se ha conocido la noticia de la llegada de la nave Aquarius con sus pasajeros, según ha informado Europa Press: “Las patrullas de Salvamento Marítimo ha interceptado 62 pateras en aguas del Estrecho de Gibraltar o el Mar de Alborán, rescatando a un total de 686 personas de estas embarcaciones, cuatro de las cuales habían fallecido? Además, las embarcaciones y aeronaves de rescate buscan a otras seis pateras que también navegarían hacia costas andaluzas. Fuentes de Salvamento Marítimo han informado a Europa Press de que en el Estrecho de Gibraltar, han sido 57 las pateras interceptadas, siendo rescatadas 471 personas con vida y los cadáveres de otras cuatro personas. En el caso del mar de Alborán, han sido cinco las pateras interceptadas, con el rescate de 211 personas, todas ellas vivas, según Salvamento Marítimo. No obstante, en el mar de Alborán navegarían seis pateras más hacia costas andaluzas, con lo que Salvamento Marítimo está intentando localizar estas embarcaciones, siendo incorporado a las labores de búsqueda un avión del Servicio Aéreo de Rescate”? ¿Qué pensará el juez Marlasca de un hecho tan singular? ¿Acaso lo atribuirá a la casualidad o a la nueva política migratoria que el PSOE del señor Sánchez, apoyado por los comunistas de Podemos ( partidarios acérrimos del libre aborto para las mujeres, siendo insensibles al dolor que esta barbaridad humanitaria puede llegar a producir a los cientos de miles de fetos inocentes que, cada año, se sacrifican en las clínicas abortistas y fuera de ellas, sólo en nuestra nación) ha puesto en marcha con su campaña nacional respecto a los “buenos sentimientos que les hacen acoger a los migrantes” cuando ni la UE ni otras naciones pertenecientes a ella, todavía se habían manifestado al respecto.


Sí, la señora Colau, la señora Marchena, el señor Ximo Puig, y otros muchos, a una, se han apresurado a ofrecerse para hacerse cargo de parte del cargamento humano del Aquarius, a darles pertrechos, sanidad, moradas, educación y trabajo; todo ello manifiesta un loable deseo de ser caritativos con estas pobres personas. Pero, alguien se ha preguntado si, realmente, todos estos municipios, están en condiciones de cumplir sus promesas o que los ciudadanos que los habitan vayan a aceptar, con la misma facilidad, el tener que convivir con personas de otras religiones, costumbres, idiomas y culturas cuando, estos primeros momentos de gran solidaridad pasen y se den cuenta de todos los inconvenientes de constituirse en mentores de otras civilizaciones, huidos de sus países africanos porque en ellos los dictadores que los controlan les hacen la vida imposible. Y, que nadie se haga ilusiones, no se va a tratar de un caso exclusivo, de una llamada de alerta a la UE ni de un caso aislado que vaya a quedar concluido con la llegada de estos barcos que se acercan a Valencia. Lo ocurrido estos días en el sur de España y en el norte de África da razón de que una nueva época de avalanchas de refugiados se ha abierto con el efecto llamada que, la gran propaganda que los socialistas, ( quizá, para ocultar los problemas que los ministros de cultura y de agricultura, con sus respectivas imputaciones, les han creado a la nueva cúpula del PSOE) y su intento de magnificarla; intentando que el resto de las izquierdas, para que no se los tache de insensibles ante el “dolor ajeno”, se unan a ellos en uno de sus intentos de hacer méritos de cara a las próximas elecciones municipales, primero, y las legislativas, en segundo lugar; puede llegar a tener unos efectos perversos que acaben siendo un problema nacional.


Pero, ante este episodio vergonzante, donde la hipocresía de quienes no tienen inconvenientes de contradecirse a sí mismos, mostrando una gran compasión, merecida por supuesto, de estos fugitivos de la pobreza, manteniendo a ultranza el supuesto derecho de la mujer a constituirse en juez y verdugo de sus propios hijos que, como cualquier ser humano (en este caso completamente indefensos), tenían todo el derecho a poder disfrutar de la vida como lo tuvieron sus padres; parece que, el nuevo ministro de interior, el juez Grande Marlaska, metido en política, no ha tenido inconveniente en adoptar una postura personal favorable a la apertura de fronteras para que, todos los que quieran venir a España para disfrutar del nivel de vida que los españoles, a costa de mucho trabajo y esfuerzo, consiguieron procurarse a pesar de que, como consecuencia de la crisis que tanto nos afectó, muchos de ellos, tantos como cerca de 3.250.000 parados, continúan pendientes de conseguir un empleo, pese a los laudables esfuerzos del gobierno del PP en lograr que fueran disminuyendo; puedan hacerlo sin las más mínimas trabas.


Y entre las ocurrencias que este señor parece estar dispuesto a llevar a cabo se encuentran, naturalmente, que sean retiradas las famosas concertinas que el mismo señor Rodriguez Zapatero mandó que se instalaran en las fronteras de las ciudades africanas españolas, Ceuta y Melilla, para que contribuyeran a impedir que las avalanchas humanas que intentaban penetrar en España a toda costa, tuvieron más obstáculos para lograrlo. Sin concertinas, seguramente que el nuevo ministro de Interior piensa que, las multitudes de migrantes que acampan a pocos metros de las fronteras de ambas ciudades, se van a contener más, van a respetar los uniformes de nuestros Guardias Civiles y se van a asustar ante los medios sustitutivos que, seguramente, tendrá previstos el señor ministro para asustar a los que intentan entrar por aquellas dos fronteras. ¿Ha pensado ya el juez Marlaska la cantidad de efectivos de policía y Guardia Civil que va a precisar para evitar que entren por las fronteras de Ceuta y Melilla todos aquellos que llevan años intentándolo, a pesar de las famosas concertinas? ¿Habrá calculado el coste que tendrá para el país el mantener un ejército capaz de detener avalanchas de miles de asaltantes? Acaso piense que sin utilizar medios disuasivos, simplemente con el cuerpo a cuerpo, se va a conseguir evitar que los cientos de migrantes que consiguen, en la actualidad, pasar casi a diario las fronteras, se conviertan, a partir de ahora en miles de ellos.


Claro que, si lo que pretenden en Ferraz es que España empiece a entrar en la misma dinámica que le viene causando tantos problemas a la señora Merkel en Alemania, donde la extrema derecha va aumentando cada día a costa de la mala fama que han adquirido los inmigrantes que, tan alegremente, se ofreció a acoger, la canciller alemana. Es evidente que el primer ministro de Austria, el señor Sebastián Kurz y el ministro de interior de la república alemana, señor Horst Seehofer, coinciden, pese a la postura de la señora Merkel, en preservar el espacio Schengen de la ocupación masiva de los emigrantes de países extranjeros, algo en lo que coinciden una gran parte de los miembros del partido conservador de la primera dama alemana. Como siempre, la izquierda española va a contrapelo de la política del resto de las naciones de la CE y piensa que, manteniendo esta postura, van a conseguir que las grandes potencias de la UE vayan a dejarse convencer por sus posturas demagógicas.


Es evidente la reacción que se está produciendo en países, directamente afectados por la invasión proveniente de Oriente Medio, como es el caso de Hungría, que no parecen dispuestos a dejarse llevar por las políticas de ir admitiendo a todos los migrantes que vengan de aquellos países en los que las guerras hacen que sean inhabitables para sus respectivas ciudadanías. Cada vez la opinión pública, en aquellos países afectados por el exceso de inmigración, está siendo más contraria a ir recibiendo (sin una criba previa) a las masas que intentan establecerse en la vieja Europa. Estamos hablando, señores, no de personas de nuestra misma cultura, como podrían ser los argentinos, uruguayos o los mismos brasileños, que llegan a nuestro país hablando idiomas parecidos al nuestro, con una cultura muy semejante y con raíces, la mayoría de ellos, que ya les vienen de aquellos españoles aventureros que se embarcaron a la buena de Dios, esperando descubrir nuevas tierras para la corona española. Son personas nacidas en naciones en las que son educados en religiones muy distintas, en la mayoría de caso islamistas, con ideas, costumbres, formas de vida y concepto de la justicia y de la convivencia muy distintos a los que tenemos en nuestras naciones, y que son muy propensos a establecer guettos en los que se juntan y hacen vida en común con grandes dificultades para acabar integrándose en nuestra propia cultura.


Podemos entender que los partidos de izquierdas tengan interés en que lleguen muchos inmigrantes, especialmente procedentes de países africanos, donde la falta de cultura de sus ciudadanos es proverbial y ello les hace que encuentren más dificultades en encontrar trabajos apropiados a sus capacidades. Esta circunstancia puede favorecer el que, desde el momento en el que dejan de estar recogidos en los CIES (sólo permanecen en ellos seis meses) y salen a las calles a vivir su vida, los que no consigan una ocupación se vean obligados a mal vivir y, en muchos casos, a delinquir los unos y a buscar alternativas los restantes, como es el caso de los manteros en Barcelona, que se las han ingeniado para ganarse la vida ilegalmente, perjudicando al resto de comerciantes que pagan sus impuestos y cumplen las normas establecidas para conseguir su licencia de venta..


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, debemos reconocer que, el tema de la inmigración, no tiene una solución fácil por el simple hecho de que tomar iniciativas que no sean compartidas por el resto de la UE es una temeridad insostenible que puede llegar a ponernos en aprietos si, como puede suceder en estos casos, la convivencia entre los nuevos ciudadanos procedentes de fuera, no es la que nuestras autoridades desearían que fuera, algo que ya han tenido ocasión de comprobar en los muchos casos en los que se producen grandes fricciones entre comunidades de inmigrantes y oriundos españoles. Cuidado con ello.

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