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Etiquetas:   Novela por entregas   -   Sección:   Libros

Soberano don Nadie (XX)

Juan Pablo Mañueco
Redacción
sábado, 21 de enero de 2006, 00:10 h (CET)






Soberano don Nadie en el país de
los poderes políticos verticales

Don Quijote y Pero Grullo en acción


Resumen de lo publicado:


Mientras llega el plazo fijado para la reunión decisoria en la que el Representante Independiente dará cuenta de su futuro político y Soberano don Nadie informará a sus amigos de una determinación irrevocable que piensa poner en práctica, don Quijote y Pero Grullo acuden a la conmemoración de un acontecimiento histórico y ciertamente memorable.)


Capítulo XV


Que trata de otra decisión histórica que la clase política había adoptado, con no menor rigurosidad y mayor estruendo

(Salón de Plenos del Ayuntamiento en la capital de una provincia. Los concejales están ya reunidos; a la izquierda del público, dos grupos políticos de la oposición; a la derecha, los concejales del equipo de Gobierno municipal. En la mesa presidencial, el secretario del Ayuntamiento ocupa uno de los asientos laterales, pero el butacón del alcalde está vacío. Los bancos del público, en primer plano y de espaldas al espectador, se encuentran atestados por un gentío variopinto.
De izquierda a derecha, cruza un macero municipal que porta un gran cartelón donde puede leerse: ES EL INSTANTE DECISIVO. EL DÍA DE LA GRAN VOTACIÓN.

Por uno de los laterales, aparece un periodista dicharachero y habituado a elevar los ánimos de la audiencia, elegantemente vestido, cuyo micrófono exhibe a gran tamaño la siguiente leyenda: “Prensa del Estado y socios”.)

EL PERIODISTA: Aquí estamos, señoras y señores, en el mismo lugar en que ocurrió aquel acontecimiento histórico que, desde entonces, conmemoramos año tras año: el Día del nacimiento de nuestra región... Como saben, nuestra región no tiene nada de histórica, carece de materiales de vieja y antigua nobleza. Pero ha sido el empeño de nuestras autoridades el que ha conseguido, trabajando denodadamente por nuestra tierra, que hoy celebremos, sumidos en una gran emoción y esperanza, la fiesta conmemorativa de aquella magna fecha.

A continuación, daremos paso a una entrevista con el prestigioso historiador, don... (Busca nerviosamente entre sus papeles. Y, por fin, cuando termina de ordenarlos, prosigue:) don... Heráclito Suspremios y Congresos, el cual nos dará cuenta documentada del modo en que sucedieron aquellos acontecimientos.

(Sale a escena el historiador, que se encamina hacia la mesa presidencial, pero al apercibirse de que el sitial del alcalde está vacío, pregunta con la mirada a los concejales del equipo de Gobierno qué debe hacer. El portavoz gubernativo le señala al señor secretario municipal.

El secretario le entrega la monumental pluma de la Historia, con la que, ya oportunamente decorado, se acerca hasta el periodista, ante el cual también se inclina antes de comenzar su disertación.)

EL HISTORIADOR. Efectivamente. El Día Grande de nuestra Región, cuya partida de nacimiento hoy rememoramos, tuvo lugar el X de X de X, cuando la Corporación municipal de esta insigne ciudad de Guadalajara, reunida en sesión plenaria en este mismo recinto en que nos encontramos, aprobó el ingreso de nuestra capital en la Región que hoy nos aloja, dándose comienzo a la andadura de esta Comunidad sin historia.

Las circunstancias eran delicadas... Aquella misma noche cumplía el plazo oficial para la solicitud de adhesión a la nueva Comunidad y sin el voto de la Corporación de la capital todo se venía abajo, a tenor del peso demográfico capitalino... Hubiera sido necesario iniciar un debate, saber las opciones que se presentaban, exponer las razones para unas alternativas u otras y... ejem, perdón, quería decir... (Rehaciéndose.) Afortunadamente, los plazos se cumplieron debidamente, y desde entonces para acá, podemos disfrutar de la Fiesta Grande de nuestra Región, en memoria de aquella efeméride que ha pasado a los libros de Historia, perfectamente documentada a través de los protocolos oficiales y de los archivos municipales de la época...

(El periodista y el historiador desaparecen de escena. Los personajes del Salón de Plenos comienzan a moverse.)

DON QUIJOTE: (Irritado.) ¿Pero no se dan cuenta de que están hablando todo ellos en castellano? (A Pero Grullo, en voz baja.) ¿Habrán perdido estos ingeniosos caballeros la razón?

PERO GRULLO: Algo me barrunto yo al respecto, don Alonso. ¡No llegan ni a Pero Grullo!

DON QUIJOTE: (Encolerizándose a medida que habla, luego va entrando en un trance melancólico.) Amo tanto a La Mancha como el primero, ¡pero precisamente por eso sé que soy un hidalgo castellano, a cuyo acervo pertenezco...! Jamás pude sospechar que iban a separarme de mi creador, cuya patria quedará ahora fuera de este inventado engendro, aunque estemos aquí, en Guadalajara, a un tiro de piedra de la universitaria Complutum donde se abrieron sus ojos. Y desde luego a mucha mayor distancia de donde él quiso que se abrieran los míos. Y, sin embargo, ahora dejarán a Alcalá fuera, por medio.

¡Oh, pastor de Fílida; oh, pastor Siralvo, amigo entrañable de mi creador en cuya ciudad nos encontramos! ¡Qué será a partir de hoy de Galatea cuando conozca que las riberas del Henares ya no unen lo que vosotros paseasteis tanto!

¡Ninfas y Pastores del Henares, sabed que hoy morís, porque os dividen en un libro más, con el cual os descomponen!

Ya no habrá más fértiles vegas que os lleven de uno a otro lugar sin saber en los predios de quién estáis, porque en el escrutinio de tierras y de provincias van a entregar al brazo seglar de la política todos los siglos de Historia y de Cultura que no convengan al fuego de sus intereses... Ninguna donosura observo en este escrutinio, porque consienten en aplicar el fuego sin leer los títulos comunes que estas tierras tienen.

PERO GRULLO: Si pudiera intervenir, les diría: ejemplo práctico, tómese un conjunto que posee varias partes, A, B, C, D, E, F, G, H, I... y así hasta treinta o cuarenta... (Irónico.) ¿Por qué vais a designar a ese conjunto con el hilarante y peregrino nombre de “Conjunto-La F”...? ¿Por qué no con el de “Conjunto-La H”, que quedaría más lejos, o “Conjunto-La G”, que se aproximaría un tanto, o “Conjunto-La B, o la C, o la I”? O ¿por qué no lo seguís llamando “Conjunto”...?

DON QUIJOTE: (Señalando con el índice hacia el estrado.) ¿Pero por qué están derribando Castilla la Nueva, que ya era histórica en mi siglo? ¿Por qué, si nadie argumenta ni pide ni invoca ese derribo? Es más, ¿por qué trocean a Castilla, cuando su historia es la misma e idéntica su palabra...?

¿Ya no podremos cursar en Alcalá como acostumbran a hacer los hidalgos de mi pueblo? ¿El bachiller Sansón Carrasco ya no podrá retornar a la de Salamanca? ¿El cura deberá olvidarse de la de Sigüenza?

Al “Tesoro de varias poesías” que conformaban la lengua castellana le están arrancando las más bellas, y sin escrutinio razonado alguno...

PERO GRULLO: Ya os lo dije, don Alonso. ¡No llegan ni a Pero Grullo!

DON QUIJOTE: ¿Por qué, si a ellos mismos les repugna lo que están tramando? ¿Han perdido el seso? ¿A qué viene esta locura y este ambiente de misterio, en el que nadie explica lo que quiere?

PERO GRULLO: Aquí se adivinan fuerzas muy poderosas, don Alonso.

DON QUIJOTE: ¿Qué sospechas, Pero Grullo?

PERO GRULLO: Nada, sólo intuyo. Y también algo me olisqueo. (Pensativo.) Se descuartiza lo que nadie ha pedido que se descuartice, se avienta una tierra histórica y culta sin ningún respeto a la historia ni a la cultura de Castilla. Alguien quiere que sea viento, pero alguien... oculto. (Se pasa repetidamente la mano por la barbilla.) ¿A quién beneficia?

DON QUIJOTE: ¿Y a quién beneficia, Pero Grullo?

PERO GRULLO. No lo sé, don Alonso. Sólo me pregunto quién está al otro lado del teléfono, conversando con el alcalde de algo tan importante como para que éste abandone el Salón de Plenos, en un instante tan solemne e histórico como el que nos encontramos.

DON QUIJOTE: Lleva toda la tarde entrando y saliendo del Salón, para atender el teléfono.

PERO GRULLO. (Confidencial.) ¿Y habéis visto el nerviosismo y la urgencia con que le avisan desde fuera, para que salga inmediatamente a escuchar el recado que quieren darle? ¿Habéis observado la prisa y la expresión angustiada del munícipe por atender cuanto antes ese recado que le mandan? ¡Mirad los gestos que se intercambian entre sí los ediles del equipo de Gobierno! Signos inequívocos de que alguien de altura y peso está dictando sus órdenes al otro lado del hilo que mueve a estas marionetas.

DON QUIJOTE: ¡Claro que veo, Pero Grullo!

PERO GRULLO: Pero ese hilo, ¿hasta quién conduce...?

DON QUIJOTE: Poderoso gerifalte ha de ser, sin duda, pues tiene a sus escuderos en este palacio.

PERO GRULLO: ¿Y por qué vuelve después tan desencajado? ¿Qué les dice luego a sus concejales por señas? ¿Qué se murmuran ellos al oído? ¿Y por qué aprieta tanto el puño y lo golpea alguna que otra vez, secamente, contra la mesa?

(En la sala, ha comenzado a escucharse un rumor creciente, que parte desde las últimas filas de los asientos del público.).

ALGUIEN DE LAS ÚLTIMAS FILAS DEL PÚBLICO: (Con dificultades, entre el desconcierto, que cunde.) ¡Traición!

OTRO DEL PÚBLICO: ¡Fuera, fuera!
(Los concejales de los demás grupos políticos, desde sus escaños, tampoco entienden los motivos de la espera. Se intensifican los cuchicheos entre todos. A medida que crece el revuelo, continúan escapándose algunas palabras más altas que otras de entre el público. Varios concejales ríen observando al equipo de Gobierno. Suena alguna carcajada, nadie da crédito a lo que ocurre.)

UN CONCEJAL DEL GRUPO QUE SE SITÚA A LA IZQUIERDA DEL PÚBLICO: Esto no tiene ningún sentido... No habría ni que votarlo. ¡Estamos asistiendo a una farsa! ¿Es que no veis que llevamos mucho más retraso del previsto? Nos merecemos alguna explicación.

(Nadie le hace caso, pero la confusión aumenta. El portavoz del equipo de Gobierno ordena a un ujier que salga fuera del Salón de Plenos para efectuar averiguaciones.)

EL MISMO CONCEJAL: Nosotros tres ni siquiera tendríamos que estar sentados en estos escaños. No somos representativos.

EL PORTAVOZ DE SU GRUPO: ¿Podrías callarte, al menos? Es todo lo que te pedimos.

EL MISMO CONCEJAL: Si estoy aquí es para expresar mi opinión. Me corresponde ese derecho.

EL PORTAVOZ DE SU GRUPO: Di lo que quieras, porque esto aún no ha empezado. Pero no montes barullo y ten cuidado con lo que dices. Hay prensa.

EL MISMO CONCEJAL: Mayor motivo para explicar las cosas desde esta tribuna. Un momento idóneo, diría yo.

(Se levanta de su escaño y, dirigiéndose a las bancadas del público, en especial a las primeras donde se ubican los medios informativos, les dice con buena voz):

Todos sabemos que si la UCD hubiera llegado a tiempo de presentar a sus candidatos para las elecciones locales de este Ayuntamiento, y no cuatro minutos tarde, ya pasadas las doce de la noche, nosotros no estaríamos aquí...

La mayoría social que presagiaban todas las encuestas para la UCD se ha abstenido. Un resto de sus votantes nos ha traído a nosotros tres aquí y el otro resto ha engordado a nuestros compañeros de la oposición. Pero ni nosotros, ni ellos, ni el equipo de Gobierno responde a las características de la ciudad... ¡Esta asamblea no es representativa!

EL PORTAVOZ DE SU GRUPO: ¡Cállate, idiota!

EL PORTAVOZ DEL OTRO GRUPO QUE SE SITÚA A LA IZQUIERDA DEL PÚBLICO: ¡Sí, eso, mejor que te calles, desgraciado, que pareces tonto! ¡En realidad, siempre lo has sido!

OTRO CONCEJAL DEL GRUPO MAYORITARIO DE LA OPOSICIÓN: (Al portavoz del grupo del concejal idiota, que tiene a su lado.) ¿Pero cómo pusisteis a ese descerebrado en las listas?

EL PORTAVOZ DEL GRUPO DEL CONCEJAL IDIOTA: ¡Es que no pensábamos salir!

EL OTRO CONCEJAL: ¿Y no podíais haber encontrado a uno menos simple o que al menos se estuviera calladito?

EL PORTAVOZ DEL GRUPO DEL CONCEJAL IDIOTA: ¡Ninguno! ¿Quién iba a querer dar su nombre como relleno para una candidatura que no tenía posibilidades...? Los buenos trepadores ya estaban fichados: los habíais escogido vosotros o los restantes están todos sentados ahora con los del banco de enfrente. ¡Mira, si no, al alcalde!

EL CONCEJAL IDIOTA. ¡No tengo por qué callarme...! Ni el Gobierno es representativo, ni los grupos de la oposición somos representativos... Aquí todos estamos por un error de cuatro minutos.

TODOS LOS CONCEJALES: (Menos algunos del equipo de Gobierno, que han ido a rodear al señor alcalde y conversan con él, ajenos a lo que sucede en el Salón.) ¡Que se calle, que se calle ese imbécil, o le vamos a tener que partir la cara...! Esto es un acto oficial. ¡Seriedad!

UN CONCEJAL GUBERNATIVO: ¡Además, que no hubieran discutido tanto y tan acaloradamente por repartirse los cargos, antes de cazar al oso!
(Los plumillas de la prensa bajan la cara, avergonzados. Algunos fotógrafos continúan disparando sus cámaras, no obstante; otros preguntan por señas a sus plumillas-jefe qué deben hacer y éstos, por lo general, se encogen de hombros, excepto los más abochornados, que no despegan los ojos del suelo. El fotógrafo oficial del Ayuntamiento permanece impasible, con la cámara caída, pensando en su sueldo y en el perfil mejor de los concejales delegados para el próximo programa de fiestas patronales y para el cartel anunciador del próximo Certamen del Patronato Municipal de Fomento de la Cultura.)

UNOS CUANTOS DEL PÚBLICO, DESDE LA MITAD DE LA SALA PARA ATRÁS: ¡Fuera, fuera!

UN CONCEJAL GUBERNATIVO: (Tapándose la cara con la mano, para que no le descubran desde la mesa presidencial.) ¡Es más calzonazos de lo que siempre había creído!

OTRO CONCEJAL GUBERNATIVO: (Ríe la gracia de su compañero.) ¡Y más corto! ¿Cuándo se iba a ver él como alcalde, si no fuera porque obedece a su amo sin rechistar? ¡Tan sin criterio propio como haga falta!

EL CONCEJAL GUBERNATIVO: En el fondo, le tengo por buena gente, pero le pierde la soberbia. Y, en esta ocasión, hasta las alturas están dudando.
EL OTRO. Llevan dudando desde el principio.

EL CONCEJAL GUBERNATIVO: ¿Tú les has dicho que una decisión así nos va a costar el poco prestigio que nos queda?

EL OTRO. Muchas veces.

EL CONCEJAL GUBERNATIVO: ¿Y que no volvemos a tocar el poder en esta provincia hasta dentro de veinte años?

EL OTRO. No tanto... ¿O crees tú que los ausentes no cometerán errores de bulto cuando gobiernen? ¡Mira esta vez: ni siquiera supieron llegar a tiempo al Gobierno Civil para presentar la candidatura de las elecciones!

EL CONCEJAL GUBERNATIVO: Eso sí. Se entretuvieron peleándose en la sede para decidir quién iba más arriba en las listas.

EL OTRO. Pues ahí lo tienes. Cuando vuelvan no tardarán mucho en meterla hasta el corvejón. En una o dos legislaturas, nos corresponde mandar otra vez a nosotros.

EL CONCEJAL GUBERNATIVO: ¿Y te parece poco castigo?

EL OTRO: ¡Hombre! Pero el que manda, manda, y más cuando tiene teléfono y lo usa.

EL CONCEJAL GUBERNATIVO: No sé, no sé: yo aún estoy esperando a ver qué nos ordenan votar, por si alguien tuviera un soplo de cordura. Pero lo mejor sería que nos fuésemos todos a casa, sin hacer nada.

EL OTRO: ¿Qué quieres?, ¿que nos arriesguemos a poner fin a nuestras carreras políticas? Mientras estemos en la oposición también habrá chollos para todos. ¡Algo nos buscarán, aquí o en el Estado...! ¡Además, figúrate que, si la Ejecutiva está tardando tanto, será porque ellos también reciben presiones!

EL CONCEJAL GUBERNATIVO: Oye, ¿y tú sabes exactamente de dónde vienen las presiones?

EL OTRO: ¿Las últimas?

EL CONCEJAL GUBERNATIVO: Eso. Las presiones finales. El origen de la presión.

EL OTRO. ¡Y yo qué sé...! ¡Tú vota y calla!

EL CONCEJAL GUBERNATIVO: Sí, pero ¿qué tenemos que votar? ¡Que lo decidan de una vez!

EL OTRO. Espera, que han vuelto a llamar al indeciso del jefe. Ya sale. Quieran los dioses de la política que ahora el amo le dé una orden concreta.

EL CONCEJAL GUBERNATIVO: Por lo menos, me has convencido de que un desastre se tapa con otro desastre.

EL OTRO. Y que la gente no tiene más remedio que escoger entre Herodes y Pilatos. Y luego... ¡viva la publicidad! ¿O te crees que el sistema está mal pensado? Lleva funcionando, sin cambios apreciables, casi dos siglos. O desde el comienzo de la Historia, si me apuras. Se llama “Propaganda”.

EL CONCEJAL IDIOTA: (Que continúa gesticulando desde su escaño, y recibiendo los improperios de los ediles de todo el arco municipal.) ¡No somos representativos! ¡No somos representativos!

TODOS LOS CONCEJALES: ¿Pero no hay forma de callar a ese idiota? ¡Esto es intolerable!

EL CONCEJAL IDIOTA: ¿Y vosotros no veis que esto es un guirigay? ¿Qué estamos esperando? Si hemos de votar, ¿por qué no se vota? Nadie entiende la espera ni lo que está ocurriendo aquí...

LOS OTROS DOS CONCEJALES DE SU GRUPO: ¡Que te calles, idiota, eres tú el único que no lo entiende...!

EL PORTAVOZ DE SU GRUPO: ¡Pero quién me recomendó a este adefesio para ponerlo en las listas!

LOS DE LA PARTE DE ATRÁS DEL PÚBLICO: ¡Fuera! ¡Fuera! Esto es una comedia. ¡Democracia!

UNO DEL GRUPO DE ATRÁS: (A los suyos.) ¡Venga! ¡Ahora!

(Quienes ocupan las últimas filas del público se levantan y despliegan una gran pancarta, donde puede leerse. "¡Viva la verdadera Región!". "¡Consulta al pueblo ya!", mientras entonan sus gritos de forma más o menos acompasada.)

LAS FILAS FINALES DEL PÚBLICO: (Despliegan nuevas pancartas, hacen ondear banderas y cantan, a la vez que va creciendo el barullo y la confusión en la Sala.) ¡Castilla, entera, se siente comunera!

(El revuelo se intensifica. Los fotógrafos no cesan de disparar. Los plumillas, situados en los primeros bancos, vuelven la cabeza hacia el fondo de la sala para saber lo que sucede. Los más afectos al régimen la tornan pronto hacia la posición oficial, firmes ante la autoridad. Los más osados continúan mirando hacia atrás todavía un ratito.)

EL ALCALDE. (Entra corriendo, para ocupar la mesa presidencial.) ¡Orden! ¡Orden! ¡O mando desalojar la sala!

(No se calla nadie. Las voces se reproducen. Se agitan las pancartas reivindicativas.)

EL ALCALDE: ¡Orden! ¡Orden!

(Por una puerta lateral, a la izquierda, aparecen varias gorras municipales. La gorra superior mira hacia el señor alcalde, pero, de momento, no interviene.)

EL CONCEJAL IDIOTA: ¡Esto es un guirigay...! ¡Y nadie entiende nada de lo que está pasando...! ¡Nos debería disolver cuanto antes la Fuerza Pública...!

____________________

Próxima entrega de la novela: sábado, 24 de diciembre.

'Soberano don Nadie'. de Juan Pablo Mañueco. Egartorre Libros. 190 páginas. Madrid, 2005. 14 euros.

Puede adquirir el libro en librerías o realizando un pedido online.

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