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Etiquetas:   Punto crítico   -   Sección:   Opinión

Matar la Navidad

Raúl Tristán

miércoles, 21 de diciembre de 2005, 00:15 h (CET)
Vivir en la libertad de la mente. Hasta eso se antoja un imposible en estas fechas. Hemos de matar la Navidad.

Hace ya un mes que las calles se llenaron de anuncios sonoros y multicolores, de engañosos reclamos publicitarios, de falsos vendedores de felicidad a raudales, de ruines negociantes del amor fraterno, de forzadas sonrisas de amabilidad cosmética.

Hace ya un tiempo de esta Navidad que se consume bajo los millares de bombillas hijas del arcoiris, luces que como flashes asesinos nos deslumbran, iluminando con su lujuria, con su gula, con su codicia, las avenidas principales de nuestras ciudades.

Ciudades presas de la invasión de millones de hormigas humanas que recorren febriles los marcados senderos del consumo. Langostas devoradoras que arrasan las estanterías de los comercios, como presas de un ataque de hambruna colérica, como receptoras del aviso apocalíptico de un mensajero celestial que les advirtiera de la cercanía del fin del mundo.

Ventanas y balcones que refulgen en su brillar atestado de lamparillas en forma de espirales, de estrellas, de corazones y de molinillos; locura histérica, histriónica tal vez, de rojos y burdos papanoeles clónicos escalando fachadas por doquier...

Lenguas anegadas por la líquida presencia del cava; gargantas obturadas por atracones sin fin que alimentan sin cesar estómagos henchidos; manos inutilizadas, por hallarse repletas, cargadas con innumerables bolsas, receptáculos sin fondo del ansia de adquirir.

Y a tan sólo unos pasos de esas calles luciérnagas de la noche, otras callejuelas apagadas, vacías y oscuras, recónditos callejones escondrijos del alma perdida, vagabunda en este mar de deseos fatuos implantados en nuestro subconsciente por la avaricia del vil metal encarnado.

Y a tan sólo unos despertares de la conciencia, un mundo alejado de la farsa, del ruidoso circo. Un espacio de calma en el que impedir que seamos abducidos, evitar que seamos poseídos por extraños espíritus depresivos que pretenden provocar nuestro llanto bajo la apariencia del recuerdo de antaño.

Ya es Navidad, ya es tiempo de que nos inunden con parabienes, con felicesfiestas, con prosperosaños, con loterías, con regalos, con burbujas y mazapán; tiempo de que nos saqueen los bolsillos con engañosas necesidades; y que nos perviertan el alma con infantiles recuerdos de un pasado que no volverá, con ausencias a la mesa de una alegría que nos deja tan mal sabor de boca que no apetece repetir.

Navidad, tiempo para borrar del calendario, tiempo para olvidar, tiempo sin tiempo, vacío, nada, angustia vital programada.

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