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Etiquetas:   Política   Cataluña   Soberanismo  

Palabras incendiarias

”Aparta de ti la perversidad de la boca, y aleja de ti la iniquidad de los labios” (Proverbios 4: 24)
Octavi Pereña
martes, 12 de junio de 2018, 06:42 h (CET)
La palabras que José Zaragoza, diputado del PSC en el Congreso refiriéndose al president que no debería haber dicho nunca: “b>Torra citando Petain, el presidente de la Francia colaboracionista. En su línea xenófoba. Vergüenza que sea presidente”. Poco después el dirigente socialista dándose cuenta de que había metido la pata, pidió disculpas.

Desde el momento en que Quim Torra toma posesión de la presidencia de la Generalitat de Catalunya, las ha tenido que oír de muy gordas, pretendiendo desprestigiarlo debido a algunos comentarios poco afortunados escritos hace unos años. Pero no es de recibo que se le recuerde el error con el insulto por intereses políticos. Hoy se ha puesto de moda atacar al adversario político con el insulto, pretendiendo desacreditarlo con acusaciones que aunque puedan ser ciertas, el tono y la manera como se dicen, descalifican al acusador poniendo al descubierto su escasa bondad moral y ética. La mala educación verbal pone de manifiesto que la buena educación no sobrepasa la suela de su zapato. Que el hemiciclo, el espacio en donde deben resolverse los problemas del país, que por cierto no se han resuelto y esperan solución, en vez del lenguaje sereno, razonado, sin crispación, exponiendo con educación las propuestas que se deliberan, los debates se convierten en linchamientos al más puro estilo western

Los representantes del pueblo elegidos democráticamente en las urnas para defender los intereses de todos los ciudadanos, utilizan un lenguaje grosero que debería hacerlos enrojecer de vergüenza a quienes utilizan lenguaje tan grosero. Se quedan tan panchos. Y, los problemas sin solucionar.

En boca de legisladores, jueces salen disparadas como con ametralladora sentencias condenatorias ante cualquier crítica a las fuerzas de la seguridad, la Monarquía…, a menudo muy chapuceras, la acusación “incitación al odio”. Las personas acusadas y condenadas de haber cometido este delito, por cierto muy impreciso, se encuentran indefensas. En el hemiciclo y en los medios de comunicación se hacen declaraciones que atentan contra la honorabilidad de las personas que no deberían pronunciarse porque en nada benefician a la Democracia.

El ex presidente del Gobierno español Alfonso Guerra ha dicho refiriéndose al president Torra: “Tenemos un presidente de la Generalitat que habla exactamente igual que un nazi, pero decimos que es un supremacista, no sea que se enfade”.

Pedro Sánchez poco antes de presentar la moción de censura contra Mariano Rajoy ha manifestado: “Por primera vez hay un racista en la Generalitat, y por eso vigilaremos”

Javier Labán, presidente autonómico de Aragón ha acusado al president Torra de “fascista” y ha considerado que “un constitucionalista español no debería sentarse ni un minuto a hablar con los independentistas catalanes”.

Estas citas son solamente una muestra de las muchas que se han oído en boca de políticos constitucionalistas que ponen de manifiesto el odio almacenado en el interior de sus almas. No se puede soportar que los otros vean las cosas de distinta manera. Desean la existencia del pensamiento único. Todo el mundo tendría que pensar lo mismo que ellos ya que se creen poseedores de la verdad absoluta. Ni el papa que presume de ser infalible, el tiempo manifiesta que no lo es. A todos nos conviene una buena dosis de humildad para no hacernos daño cayendo de un pedestal tan alto al que nos ha puesto el orgullo.

No aprenderemos a ser humildes mirándonos los unos a los otros porque todo el mundo, unos más, otros menos, poseemos escondido el orgullo que nos hace creer que somos lo que no somos. Si nos miramos al espejo, la suciedad que refleja la atribuimos a porquería depositada por el mucho tiempo pasado sin limpiarlo. Pero no es así, lo que contemplan los ojos es la corrupción del alma que nos hace comportar como verdaderos imbéciles, aun cuando no se quiera reconocer. Jesús nos enseña en donde debemos mirar: “Aprended de mí que soy dócil y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11:29). En el momento en que nos miramos en el espejo de la santidad de Jesús nos daremos cuenta de la inmundicia acumulada en nuestra alma. La podredumbre descubierta no la podremos esconder debajo de la alfombra. Nos sentiremos aguijoneados por la corrupción descubierta que, si le prestamos atención ira acompañado del dulce susurro de Jesús, diciéndonos: “Ven a mí y haré de ti una persona nueva. Pensarás de otra manera y dejarás de ver a los contrincantes políticos como enemigos que deben ser destruidos a cualquier precio, sino como personas que poseyendo puntos de vista distintos, combinados con los propios, se puede andar juntos para empezar en nuestro país, como círculos que se ensanchan, contribuir a hacer un mundo mejor.

Si nos miramos en Jesús la lengua afilada que hiere a quienes tenemos enfrente se convertirá en una palabra amable que construirá. Si dejamos de juzgar al otro por su apariencia externa nos podremos encontrar con la maravillosa sorpresa de descubrir en él algo que nos permitirá andar juntos. Jesús será el Autor del milagro de convertir a dos enemigos ideológicos en políticos que caminando juntos intentando mejorar las condiciones de vida a la vez tendrán la mirada en las mansiones celestiales en las que Jesús está preparando lugar para ellos en donde pasar la eternidad. El trabajo que se hace en el Nombre de Jesús no es un esfuerzo que se pierde con la muerte: “Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que muren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen” (Apocalipsis 14: 13). Hacer política en el Nombre de Jesús no se pierde en el camino, tiene trascendencia eterna.
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