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Etiquetas:   Punto crítico   -   Sección:   Opinión

Por el mal camino

Raúl Tristán

domingo, 18 de diciembre de 2005, 04:35 h (CET)
Cuando las voces de anteriores presidentes o vicepresidentes del gobierno español apenas si se escuchan en esta jungla que es nuestra política nacional, sólo el retintín de una vocecilla poco armoniosa y casi chirriante, llegando en ocasiones a ser hiriente, se alza sin tregua para sembrar a los cuatro vientos, el pérfido veneno de la discordia.

Cual cura de pueblo embebido del poder que antaño les otorgaba su Dios, y por ende su representante en la tierra de los hombres, el Caudillo, Aznar se eleva sobre todos los mortales ascendiendo por las escalerillas de vieja madera carcomida de sacristía, la misma que alimentó las hogueras inquisitoriales, para alcanzar con soberbia vital, con verbal incontinencia, agresiva y crispante, el púlpito exclusivo, puesto a su libre disposición, desde el que sermonear a las españas. Sí, digo bien que las españas, porque desde que el PSOE ganara las elecciones, en nuestra tierra íbera se han vuelto a reabrir las viejas heridas jamás cicatrizadas.

De nuevo, tras cada hecho del acontecer diario del país, ya sea vano, fútil, o por el contrario, de la mayor transcendencia, asoma incansable el espíritu del sembrador de discordia, del infatigable diseñador de histerias patrióticas, de la camuflada alma de camisa azul otrora disfrazado de moderado centrista, que casa a su hija en El Escorial cual Reina de España. Somos lo que demostramos ser, lo que a los ojos de los demás no logramos ocultar.

Cualquier excusa es buena para lanzar exabruptos que, sin pies ni cabeza, sin lógica alguna, logran engatusar a los seguidores de la infamia, insuflando en sus mentes la errónea idea de que sólo ellos velan por la Nación, de que solo ellos están en la verdad.

No se pueden ganar unas elecciones generales futuras por el pedregoso camino de la crispación política, por la escabrosa senda del continuo acoso y derribo.

El PSOE está cometiendo en determinados aspectos graves errores. Por negligencia, por ignorancia, o por un vano intento de contentar a todos, o de solucionar los enquistados cánceres que corroen las entrañas de nuestra sociedad. A veces, por ser demasiado bueno se llega a pasar por tonto para los demás.

Los compañeros de viaje del PSOE tampoco son los convidados más adecuados para este banquete del poder. ERC nunca debiera haberse sentado a la misma mesa que el PSC, al menos con el grado de libertad con el que lo ha hecho. Una reducida minoría no debe jamás imponer su voluntad a la mayoría. Ese es uno de los más grandes problemas que arrastra nuestro sistema electoral. Lo mismo se podría aplicar en Galicia o Euskadi.

Pero a Vds., señores del PP, con Aznar a la cabeza, con sus manos derechas Acebes y Zaplana, y similares, verdaderos hacedores y deshacedores de la política y gobierno internos del PP, por encima de la pantomima que representa esa marioneta mediática que es Rajoy, son los principales responsables de que en estos momentos, en este país, no exista un clima de convivencia entre los millones de ciudadanos que no queremos un enfrentamiento entre nosotros.

Les invito a que en lugar de salir a las calles a protestar por todo, se sienten a dialogar, a razonar, a colaborar en el buen gobierno del timón del Estado.

Reconozcan de una vez por todas que en un Estado laico, aconfesional, sus reclamaciones por la religión carecen de lógica democrática.

Reconozcan que su oposición al matrimonio entre personas del mismo sexo no supone sino la vulneración de los más elementales derechos humanos.

Admitan que su empleo del terrorismo como arma política es un gravísimo acto de traición al Estado, de falta del patriotismo de corazón, de ese del que presumen y carecen; y manifestación del que poseen, que no es sino el de fútbol, toros, tortilla de patata, charanga y pandereta.

Recapaciten, vuelvan a ser un partido democrático que abandere la paz en nuestro suelo.

Dejen de encizañar, de emponzoñar los ánimos de los españoles.

No queremos otra guerra civil, no queremos ver a los españoles luchando unos contra otros, no deseamos verter la sangre del hermano. Tan sólo ejercer libremente el derecho a debatir, a poner en común nuestros pareceres, nuestros diferentes puntos de vista.

Siempre es posible llegar al acuerdo, sin llegar a las manos.

La semilla del odio y el rencor no está en el alma de los españoles, sino en la malsana ambición de sus políticos.

Tal vez deban leer un poco más a Ortega, y a Antonio Machado. Falta les hace. A todos.

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