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Etiquetas:   Reflexiones nómadas   -   Sección:   Opinión

Boadella

Sergio Cano

sábado, 17 de diciembre de 2005, 02:02 h (CET)
¿Quién le iba a decir a Albert Boadella, la “provocación”, hace 30 años que algún día le llamarían fascista? ¿Quién se lo iba a decir aquel 16 de diciembre de 1977, cuando ingresó en prisión acusado de injuriar a la autoridad militar y a la Guardia Civil en la obra La torna? ¿Quién se lo iba a decir cuando se fugó de la cárcel, cuando se exilió en Francia, cuando le volvieron a detener? ¿Quién se lo iba a decir cuando durante el franquismo hizo de Els Joglars una de las referencias del catalanismo (que no nacionalismo)? ¿Quién se lo iba a decir a esta persona que no ha dudado jamás en desplegar su artillería cargada de ironía y crítica contra generales, dictadores, políticos? Los chavales, maulets o como se llamen, de ERC, quienes quizás no tendrían la oportunidad de reventar el acto de presentación de un movimiento democrático (Ciutadans per Catalunya) si no fuera porque gente como Boadella tuvo que estar en la cárcel, tuvieron la osadía de llamarle fascista. Contradicciones. Los nacionalismos son así, por eso no me gustan. “Recuerdan la entrada de falangistas y fachas en las asambleas democráticas"; no le falta razón al director de Els Joglars.

Y es que este mundo que nos está tocando vivir está lleno, repleto de contradicciones.

Ahora algunos se denominan “políticamente incorrectos”. Lo políticamente incorrecto es lo que toda la vida ha sido, realmente, lo políticamente correcto. A saber: lo clerical, lo beato, lo cañí, lo conservador, lo inmovilista, lo reaccionario, lo conformista, lo nacionalcatólico. Hacen suyo el “venceréis pero no convenceréis”. Eso, ahora, es políticamente incorrecto. No deja de ser contradictorio.

En cualquier caso, si alguien ha sido verdaderamente “políticamente incorrecto” ha sido Boadella. Eso es indiscutible. Tiene, en este sentido, un historial limpio de polvo y paja. Y él sí tiene mérito.

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