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Etiquetas:   ARTÍCULO   -   Sección:   Libros

Cuentas pendientes (I)

Herme Cerezo
Herme Cerezo
lunes, 8 de mayo de 2006, 05:11 h (CET)
Apaguen la tele y lean. Total, para lo que hay que ver

Ustedes que, pacientemente, me leen —espero—, y yo que les escribo tenemos una cuenta pendiente. En realidad, quien tiene una cuenta pendiente con ustedes, amables lectores, soy yo.

Ignoro qué ocurre en sus hogares cuando llegan estas fiestas. Me refiero a las Navidades. Ya saben: “Vuelve, a casa vuelve, vuelve al hogar, hoy es Nochebuena y mañana... etcétera”. Pero yo sí que sé lo que sucede en mi casa y, supongo, que es algo similar a lo que pasa en los demás hogares españoles. Y no me refiero a esa amable (y engorrosa) costumbre de escribir las felicitaciones. Me refiero a los regalos, ese inmenso, traumático, quebradero de cabeza que, cuando acaba el verano, nos asalta a todos, a unos más que a otros, y que, traducido a palabras, es algo parecido a esto: ¿y a Pepe qué le compro? ¿Y a María? ¿Y a los niños? Mi propuesta para solventar este problemón es sencilla. Consta de una sola palabra: libros.

Según cuentan por ahí, en los patios de Monipodio que de esto saben algo, en España en el año 2004 se editaron algo más de 70.000 libros. Promediando, que es gerundio y también una operación aritmética, resulta un total de 192 libros editados cada día en nuestro país. No está mal, ¿eh? La pregunta subsiguiente es más triste: ¿y cuántos de estos libros se leen? Ni se sabe. Para esto no existen fuentes fiables. Venderse es evidente que, si no se venden todos, al menos sí se venden los suficientes como para que las editoriales sigan en la brecha, desflorando bosques que primeramente transforman en papel de imprenta, y luego, encolado y encuadernado, en libro impreso. En estas fechas tenemos la oportunidad de “restablecer el equilibrio ecológico” comprando libros para regalar y, sobre todo, para que sean leídos.

En este artículo y en el siguiente, me propongo hacerles una relación de recomendaciones, que ustedes pueden seguir o no, ¡faltaría plus!, para que compren los libros que se adecuen lo máximo posible a sus necesidades. La lista no estará enfocada a géneros, aunque inevitablemente tendré que referirme a ellos, sino a los tipos de lectores que existen en esto que, de momento, todavía se llama España. No esperen encontrar en mi elección únicamente éxitos de última hora, que los hay, sino novelas que creo merecen ser leídas sin importar el tiempo transcurrido desde su aparición en las librerías.

Empecemos.

a) Lectores con prisa: para ellos resulta ideal el género del relato breve, del cuento. Hay muchos pero yo les referiré algunos. El catalán Quim Monzó, uno de los mejores cuentistas del momento, tiene publicados un montón de relatos cortos pero yo les sugiero el volumen que, bajo el título “Ochenta y seis cuentos” publicó la editorial Anagrama hace algún tiempo y que seguro que sigue a la venta. Si quieren algo más desenfadado, el volumen “¡Pues vaya!” del británico Wodehouse, también en Anagrama, es otra buena piedra de toque. Pero hay más ya lo creo. Tomen nota: “El peso en gramos de los colibríes” de Gonzalo Calcedo, “Doce cuentos peregrinos” de García Márquez, “¿Qué me quieres, amor?” de Manuel Rivas; “Los mejores cuentos” de Sergio Pitol; “Cuentos, fábulas y lo demás es silencio” de Augusto Monterroso o cualquiera de los libros del argentino Borges. Hay, además, dos libros, “El gran sueño del paraíso” de Sam Shepard y “Cazadores en la nieve” de Tobías Wolff, altamente aconsejables.

b) Lectores más asentados y pacientes: aquí cabe de todo aunque lo fundamental es la novela. Hay unas cuantas que se pueden regalar (y leer) con toda tranquilidad: “El hombre de la Leica” de Fermín Goñi; “El curioso incidente del perro a la medianoche” de Mark Haddon, “La mujer justa” de Sandor Marai, “La marcha Radetzky”, “Hotel Savoy” o “Fuga sin fin” de Joseph Roth; “Las intermitencias de la muerte” de José Saramago; “La Biblia de barro” y “La Hermandad de la Sábana Santa” de Julia Navarro; “Aquel invierno” de Alfons Cervera (a ver si entre todos conseguimos que salga la tercera edición); por supuesto “Manteca colorá” de Montero Glez, sin olvidar sus dos libros anteriores (“Sed de champán” y “Cuando la noche obliga”); “Los aires difíciles” de Almudena Grandes; “La fiesta del Chivo” o “Conversaciones en la catedral” de Vargas Llosa, en realidad cualquier escrito del peruano es un valor fijo; “Señorita” o “El comedido hidalgo” de Juan Eslava Galán. 2005 ha sido el año de “El Quijote” y, como creo que ya se han vendido muchos, ¿qué tal atreverse con el “Ulises” de James Joyce que, además, en edición de bolsillo (hay varias) está bien de precio? No es por cuestiones de anti-patriotismo, simplemente es por variar, en serio. No puedo pasar tampoco por alto “Fantasmas del invierno” y “El fulgor de la pobreza” de Luis Mateo Díaz, dos auténticas joyas, que podrían completarse con “El reino de Celama” del mismo autor; “El embrujo de Sanghai” de Juan Marsé; y, por último, la mejor obra, a mi entender, de Susana Fortes: “Fronteras de arena”, una novela tremendamente cinematográfica. Venga, va, añadan también “Una mujer difícil” de John Irving.

c) Amantes de la novela histórica: los lectores de este tipo de literatura disponen de mucho tiempo libre, de un mullido sillón y de una enorme sed de aprender. Se tragan lo que les echen, siempre que esté bien escrito, bien ambientado y, sobre todo, bien documentado: “El mozárabe” de Jesús Sánchez Adalid; “Cabo Trafalgar”, un curioso contraste entre la fidelidad histórica y el lenguaje de hoy, “El maestro de esgrima” o los “Alatristes” de Arturo Pérez-Reverte; el ciclo templario también tiene su hueco en esta selección. A mí me resulta especialmente gratificante la Trilogía Templaria (“Los falsos peregrinos”, “Las trompetas de Jericó” o “La sangre de Dios”) y la “Lápida templaria” del inexistente Norman Wilcox. Pero no olviden un gran clásico del género, probablemente una de las mejores series de novela histórica jamás escrita: “Los reyes de Hierro”, del francés Maurice Druon, una colección de siete volúmenes (disponibles en versión de lujo y de bolsillo), realmente indispensables. Y para concluir, “Yo, Claudio” de Robert Graves y “Bomarzo” de Mújica Láinez, dos clásicos.

Los amantes del cómic, de la literatura policíaca-negra-trhiller o como gusten llamarla, del género humorístico, de las integrales, de las aventuras, de la auto-ayuda o de la espiritualidad tendrán que esperar unos cuantos días más. Justo lo que tarde en publicarse Cuentas pendientes (II).

Mientras tanto, compren, regalen y, sobre todo, lean.

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