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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

El coche: ese ruido de fondo

Mariano Estrada (Alicante)
Redacción
miércoles, 14 de diciembre de 2005, 23:47 h (CET)
“Ando con mi pena por el patio oscurecido de la noche, donde los hombres deponen esa larga angustia que es vivir el día. Hay en las paredes un silencio denso que, pletórico de náuseas y de vómitos, me niega las antiguas complicidades que tuve yo con la luna. Y no hay luna. Las estrellas, que han tenido conmigo tantos guiños, no han querido sumarse a la tribulación, que de este modo es más negra. Tampoco ladran los perros ¿Dónde están los perros? ¿Y los búhos? ¿Por qué no lucen siquiera las farolas, si son vigías perennes del progreso, mantenedoras del orden, antídotos del crimen, aliadas pertinaces de la civilización y la decencia? ¿Qué sucede? ¿Por qué persiste mi pena si todo hace pensar que, en esta hora nocturna, el mundo ha derivado hacia una calma chicha?

¿Calma, dices? ¡Oh, sí... La oscuridad, el reposo, la hora de las almas...! Si no fuera ese ruido insoportable ¿No lo oís, murciélagos? ¿No lo oís, lechuzas? Ese ruido incesante que, a fuerza de interés y de costumbre, se integra en el silencio sagrado de la noche. Ese ruido zumbón y persistente que, aislado en su virginidad y su pureza, ofende sin pudor y sin escrúpulos. Y avasalla y rompe y descuartiza. Y huele a quemazón y a sangre accidentada. Y a caballos muertos. Y a derrota. Si no fuera ese ruido, digo, ese ruido tenaz en el que vamos montados a la muerte”. (Texto de 1987)

Posdata de 2005: Es una auténtica desgracia que en un solo puente, aunque sea largo, puedan morir en España 98 personas. Y no sólo son los muertos, sino los que, sin llegar a morir, verán de algún modo reducidas sus vidas. Y también las vidas de aquellos que tenían a su alrededor... A mí me parece que es un tremendo desastre que, sin embargo, tomamos con mucha frivolidad, con demasiada ligereza. ¿Nos hemos detenido a pensar lo que esto supone a lo largo de un año, y un año tras otro, incluso en el plano económico? El gran coche. El gran símbolo... ¡Ay! La gran hostia, La gran chatarra. La gran mierda.

¿No habrá solución? ¿O esta situación resignadamente aceptada es indicativa de una solución finalmente traumática? ¿A dónde va el coche? Mejor dicho: ¿A dónde llevamos al coche que nos lleva?

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