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Etiquetas:   Novela por entregas   -   Sección:   Libros

Soberano don Nadie (XVIII)

Juan Pablo Mañueco
Redacción
martes, 10 de enero de 2006, 00:39 h (CET)






Soberano don Nadie en el país de
los poderes políticos verticales

Don Quijote y Pero Grullo en acción


Resumen de lo publicado:


La crisis abierta en el país por la negativa de algunos diputados rebeldes a votar la investidura de su jefe de partido como presidente del Gobierno sigue en todo su apogeo. Quieren involucrar en la crisis al Representante Independiente: los dos partidos mayoritarios le chantajean para que se afilie a uno de ellos o se comprometa a no presentarse en las siguientes elecciones. De otra forma, le incluirán entre los chivos expiatorios que deban sacrificarse para saldar el escándalo ante el pueblo. El Representante Independiente avanza a Pero Grullo la decisión que está meditando adoptar.)


Capítulo XIII (continuación)


Probablemente, se retiraría de la vida política... Era ya tarde, vitalmente, para aceptar que se había equivocado desde el principio de su carrera y para iniciar una farsa donde no se sentía capacitado... Sin retorno, cada vez más títere en poder de la delincuencia organizada, a la vez que más poderoso, junto a ella.

Por fortuna, podía vivir de otras cosas, sin necesidad de dedicarse al teatro de la política... A esa farándula estaban condenados casi todos los figurantes que había visto desfilar a lo largo de su permanencia en la vida pública... Unos verdaderos inútiles, salvo para servir de relleno a los partidos, obedecer a la jerarquía como inertes autómatas y trabajarse una tupida red de contactos, informaciones privilegiadas e intereses.

–Ha aventurado una comparación. “Tal vez ese mismo haya sido el caso de los diputados rebeldes: la náusea ante un sistema tránsfuga en perpetua huida del pueblo, que ha ido a estallar en el momento más noticioso, cuando debía formarse el gobierno”.

Nada tenía que ver con él ese símil... Conocía a los rebeldes y habían vivido y medrado cómodamente en el partido... Sin otros méritos que llevarse bien con el aparato y estar atentos a todas las conspiraciones internas... Seguramente, se habían sentido traicionados en alguno de los pactos secretos y el asunto se les había escapado de las manos a todos.

–Tras disculparse, le ha preguntado finalmente: “¿Qué piensa hacer voacé entonces? ¿Retirarse, sin más? En tal caso, pienso que no le hubiera sido necesaria esta llamada.

Hasta en la forma de marcharse tenía dudas... ¿Ofrendar la cabeza ante sus definitivos vencedores, obteniendo la inmunidad a cambio de todos los ideales en que había creído, o presentar la batalla última, al tiempo que abandonaba la política...?

Aún no lo sabía... Estaba evaluando posibilidades, simplemente... Disponía de documentos, informaciones, muchos datos comprometedores y una excelente memoria para todas las experiencias poco edificantes de las que había sido testigo a lo largo de su ya dilatada carrera pública...

Por una parte, todo ello podía servirle para asegurarle la inmunidad, si decidía retirarse... Mucho más que la palabra de quienes se la habían prometido: él sabía lo que significaban las promesas, en política... Pero, por otro lado, también podía marcharse como en el fondo deseaba: haciendo un servicio final a la democracia... La información de la que disponía era auténticamente descriptiva de las miserias del sistema... Comparativamente, la crisis desencadenada por los tránsfugas se quedaría en nada, si él optaba por dar a la luz algún tramo de la documentación que disponía... Sólo algún tramo, porque también era imprescindible conservar ases ocultos en la manga, si quería preservar su vida...

Todo lo estaba meditando... Ahora no podía ser más concreto... Tan sólo intentaba saber hasta qué punto podía justificar sus pasos de los últimos meses, para que no le involucraran en la torpe intriga de los tránsfugas... Y también contar con la colaboración y con el consejo de sus amigos... Para ello, había convocado una reunión informal, en donde les pondría al corriente de los acontecimientos y estudiarían en común la distintas opciones posibles...

Quedaba invitado a ese encuentro...
–Se ha despedido: “Puede contar voacé conmigo para todo lo que me necesite, y aun más si estuviese en mi mano ofrecérselo, en justa correspondencia con la merced que he recibido de su trato... Sin duda que será un placer y un honor para mí acudir con mi pobre persona a esa reunión decisoria que me anuncia”.



Capítulo XIV


Donde Soberano prueba punto por punto sus presunciones y confirma que era nadie

Unos días antes de que se celebrara la magna reunión que estaba convocando Representante Independiente entre sus simpatizantes y amigos, Soberano don Nadie blandió un acta notarial que había oficializado la víspera para los efectos que ahora se verá y, mostrándosela a don Quijote y Pero Grullo, les dijo:

–Podemos ya comprobar, cuando nos parezca, si mi conocimiento y desdichada experiencia de las martingalas y marrullerías de la Administración española es tan palpable como aquí preveo.

–Supones, pues –replicó don Quijote–, que a pesar de la evidencia del caso y de las pruebas documentales y judiciales que has ido recopilando a lo largo de los años, las cuales te otorgan siempre la razón y los beneficios del Derecho, la Administración volverá a dar muestras probatorias de su sevicia y negligencia, no sólo inhibiéndose de actuar en tu favor, sino remitiéndote de uno a otro organismo burocrático, para seguir distrayéndote, hasta lograr que te aburras... Y que, a la postre, te ofrecerá como única opción que retornes a los Tribunales de Justicia, de donde ya vienes, con todos los pronunciamientos a tu favor, pero sin ninguna realidad lograda...

–En efecto, y donde sólo obtendría nuevas monumentales pérdidas de tiempo y de dinero, a cambio de más papeles mojados de lo que ya tengo... Simplemente, mayor constancia de que la Administración de Injusticia española está perfectamente diseñada para contener al pueblo, aplicar el maltrato judicial a todos los justiciables, perpetrar abusos de superioridad continuos y disuadir a cuantos se acerquen hasta ella con el propósito de porfiar contra el Estado.

Sí, ésa será la solución única que me aporten, a pesar de que yo les haya presentado cuantas pruebas me sobran de los delitos que el organigrama judicial, fiscal y abogadil ha cometido en la violación de mis derechos y contra mis bienes. Y a pesar también de que el organismo administrativo que me facilite esa “orientación” estará al tanto de que la Antijusticia española menoscaba al pueblo y le entretiene, a fin de que finalmente desista de seguir planteando recursos ante las administraciones.

En definitiva, la Administración civil pondrá en práctica la misma estrategia que la judicial: distraer al pueblo, llevándole de un sitio a otro por un sendero interminable de trámites, hasta que se aburra, sin conseguir nada tangible, si la Administración no quiere graciablemente concederlo, lo cual sólo está al alcance de sus amigos, que ésos pueden saltarse de inmediato los trámites. Pura dignación del poderoso, como en cualquier época absolutista, en la cual época seguimos viviendo, aunque declamen otra cosa los mitos de nuestra era.

Es lo que he dado en llamar el “carmengonzalismo”, en recuerdo de la primera funcionaria que me mostró que la prevaricación es la norma impune de aquel empleado público que quiere hacer carrera por los escalafones, toreando al pueblo de quien cobra su salario, y que llevaba el nombre de Carmen González, que nunca he olvidado.

Para ello he firmado estas actas notariales, dando cuenta por anticipado de lo que me va a ocurrir, exactamente, en las gestiones que ahora emprenda. Tampoco me servirán para nada en absoluto, ya que no podré utilizarlas como prueba ante ningún organismo, dada la complicidad que define a todas las covachuelas de la Administración... Ahora bien, tampoco tendremos ya dudas nosotros de que un sistema así es previsible: actúa, con toda alevosía y premeditación, de manera negligente y cómplice.

–Comienza cuando gustes –exclamó doña Soberanía Ninguneada–, que aún parece que nuestros amigos guardan alguna incertidumbre al respecto. Tal vez así se convenzan de que, en el mejor de los casos, los responsables del funcionamiento de la Administración española merecerían dar con sus huesos en la cárcel.

–Pocas dudas caben sobre lo primero –intervino Pero Grullo–: es el efecto lógico del sistema judicial, tal y como está planteado. Verticalista y trabado con los otros poderes, también verticales, que se despeñan perpendicularmente sobre los de abajo... ¿Y dígame, señor don Nadie, a qué organismo de la Administración piensa en este caso telefonear?

–A la Oficina del Defensor del Pueblo.

–¡Hola! –replicó don Quijote–. ¿También semejante institución de nombre tan pomposo debe considerarse tiempo perdido?

–De las peores. Sólo hay que ver quienes han alcanzado tan sonora Defensoría, después de haber prestado servicios lacayunos a los partidos y a las administraciones... Está concebida como un simple cementerio de elefantes, para premiar a los criados más dóciles y antiguos de la jerarquía.

–No debe sorprenderos, don Alonso –añadió Pero Grullo–. Ésa y otras de las innumerables dependencias administrativas que han ido proliferando durante los últimos años para defender a la ciudadanía practican también la comedia de las apariencias... Son parte del entramado del poder: los poderosos las designan digitalmente y nadie muerde el dedo que le echa la comida, aunque no sea un símil apropiado para referirse a tan Altos Comisionados, que no habitan precisamente en perreras, sino en suntuosos palacios.

–Su guarida tengo yo muy visitada –confesó Soberano don Nadie–, y bien puedo aseguraros que, aunque lujosa y abundante, no es fructífera ni provechosa, salvo para la pléyade de funcionarios que dan los capotazos formales a los ingenuos que acuden a ese antro, mientras el Defensor hace propaganda de sí mismo en los medios de comunicación o en costosos congresos internacionales.

–Si bien se piensa, son igualmente parte de esa Administración a la que supuestamente vigilan –concluyó Pero Grullo–, por lo que no debiera extrañar que participen de sus mismos vicios.

–La inspección no puede ejercerse desde dentro de la estructura inspeccionable ni por compañeros de los inspeccionados que disfruten de sus mismos privilegios. ¿No es así, Pero Grullo? –inquirió socarronamente don Quijote, recordando una conversación que había tenido algunos días antes con su camarada–.

–Es algo que resulta evidente, sin necesidad de grandes luces: todas las que le faltan al mundo por el que nos movemos, según parece –sentenció Pero Grullo–.

Tomó finalmente el teléfono Soberano don Nadie para marcar el número de la Oficina del Defensor del Pueblo, con cuyos ayudantes había entretenido el tiempo en numerosas otras ocasiones. Preguntó por la persona que le había remitido la última misiva oficial de la institución, orientándole en el caso que le preocupaba; pero, no pudiéndose localizar en aquel momento al firmante –según le dijeron–, la voz que le atendía al otro lado del teléfono se prestó a llevar por sí misma la conversación.

No consiguió Soberano don Nadie que la voz se identificara, a pesar de haberlo hecho él desde el primer momento: se limitó a aceptar que era “una de las ayudantes del Gabinete Técnico que dirige la persona que usted busca”... “¿Al menos, puedo tener la certeza de estar hablando con la Oficina del Alto Comisionado por las Cortes Generales para ejercer la Institución del Defensor del Pueblo?”... Podía tenerla, toda la Institución era la Institución, compuesta a su vez de sucesivos Gabinetes de Apoyo al Defensor y a los Ayudantes del Defensor que éste designaba en interminable catarata de amigos.

–Verá usted –suspiró el señor don Nadie–: en la carta de contestación a mi solicitud de auxilio que esa Institución me acaba de remitir, se me formulan un par de preguntas concretas que, aunque están perfectamente diáfanas en mi escrito inicial, quisiera responder con la misma exactitud otra vez, por si no hubiesen sido entendidas por la persona que da curso a mis peticiones.

(¿Qué excusa pondréis ahora para escamotearos de vuestra obligación legal, teniendo en cuenta la precisión documentada de mis solicitudes y que ya habéis utilizado buena parte del repertorio habitual de formulismos para quitaros asuntos de encima y seguir disfrutando de vuestra comodidad retribuida, pero fingiendo que os importa algo la ley y que la cumplís externamente?).

–¿Dos preguntas...? Dígame a mí, puede responderme a mí.

–Pues la persona que firma la carta dice que en mi escrito hago referencia a “un proceso sin resolver que se alarga ya desde hace diez años” y me pregunta por los datos de ese proceso y por la situación en que se encuentra.

–Déme a mí los datos, si quiere.
–En realidad, yo escribí literalmente “un ´asunto´ sin resolver que se alarga ya diez años”, no un ´proceso´.

–Claro, si se trata de un “proceso judicial”, nosotros no podemos intervenir, la Administración de Justicia, como usted conoce, no cabe que reciba presiones de ningún tipo.

(Efectivamente, primer acierto: por eso habéis cambiado la palabra, para escurriros por la vía de que si el asunto está judicializado en estos momentos, vosotros no sois competentes... ¡Naturalmente que no queréis ser competentes, ni lo seréis, pero resulta que el asunto no está judicializado en estos momentos!

Y en cuanto a que no le quepan a la Administración de Justicia las presiones, esta voz anónima se referirá a que no le caben las del pueblo, porque todas las apreturas de arriba la constriñen y todos los prensamientos estamentales la compactan!).

–Así es, pero afortunadamente el asunto por el que les reclamo no está incurso en ningún proceso, que, como usted conoce, tratándose de un proceso judicial contra la Administración, ni procedería de ningún sitio ni procedería hacia ningún lado, sino que estaría retenido indefinidamente en algún meandro... No, por ventura, mi caso es distinto: la cuestión que les menciono es tan palmaria que, en esa materia, no hay ningún proceso judicial abierto en la actualidad. Ya tengo reconocidos todos mis derechos por numerosas sentencias firmes judiciales.

–Y entonces, ¿cuál es el problema?
–Pues ése: que tengo “derechos”, no “realidades”.

–Ya.

(Esta voz anónima parece utilizar menos sorna de la habitual dentro de las covachas administrativas. Les darán aquí un barniz exterior con mayor grumo de apariencia y menor dosis de cinismo, por aquello de tratarse del sanctasanctórum de los servicios al ciudadano. O bien ocurre que esta anónima voz tiene menos experiencia en torear españoles. Quizá guarde aún un resto de conciencia, sin haber alcanzado las cotas de impudicia profesional de Carmen González).

–Ya. Veo que esto último lo ha entendido usted perfectamente.

–Y el asunto, ¿en qué consiste?
–Lo tienen ustedes resumido y documentado espléndidamente en mi escrito... Si usted quiere le relato diez años ahora mismo, pero ya le aseguro yo que obra en su poder bastante bien condensado, dentro del guirigay que sin duda usted comprenderá que fue un proceso judicial español, celebrado en su momento. Sólo tienen que pasarle los ojos, como sin duda habrá hecho la persona que dio contestación a mi solicitud, puesto que observó la diferencia entre “proceso” y “asunto”.

(Me está obligando a que se lo resuma ahora de nuevo, de viva voz. Bien, lo hago por enésima vez ante la Administración española. También ello estaba previsto en el acta: agotar la paciencia del ciudadano hasta dejarlo exhausto, hasta que abandone toda esperanza y desista de sus propósitos... No conocen siquiera los “asuntos” o “procesos” que ya han despachado. Les han dado curso y apariencia; pero nada saben al respecto. ¡Perfectamente legal...!

He terminado de informar de todos los hechos probados y sentenciados a esta voz anónima, aun a sabiendas de que no quiere informarse.)

–Pues como ya le dije en la contestación que le remití...

–Bueno, querrá decir en la contestación que me remitió su superior, la persona que hoy no aparece.

____________________

Próxima entrega de la novela: sábado, 17 de diciembre.

'Soberano don Nadie'. de Juan Pablo Mañueco. Egartorre Libros. 190 páginas. Madrid, 2005. 14 euros.

Puede adquirir el libro en librerías o realizando un pedido online.

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