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Funcionarios nobiliarios y la plebe laboral
Juan Pablo Mañueco
O también podría denominarse este comentario: Cómo cualquier partido podría conseguir dos millones de votos más, si hubiera alguno democrático.
Expliquemos el primer título. La función “pública”, o sea, esa bicoca por la cual los “servidores del pueblo” tienen mejores condiciones y horarios de trabajo que el “pueblo presuntamente servido por sus servidores” (y ya a esta altura del texto su capacidad intelectiva debería haberse percatado de tres o cuatro engaños que el sistema le ha metido en la cabeza), se entendería mucho mejor si se le diera el nombre histórico que, en realidad, le corresponde: empleo nobiliario.
En efecto, desde que la Restauración del XIX volvió a otorgar a los “servidores del pueblo” el carácter vitalicio de sus puestos laborales, quedó reinstaurado efectivamente el viejo sueño de la pequeña nobleza del Antiguo Régimen: comodidad, poco trabajo, nula eficiencia y carácter perpetuo.
Desde entonces, progresistas y moderados, isabelinos y carlistas, abandonaron sus viejas rencillas bélicas y caminaron todos juntos por la senda de los escalafones, tomados al asalto para ellos mismos y su clientela política... Y hasta hoy, porque en España se formaron verdaderas dinastías funcionarias que perduran hasta nuestro días, salvo por la incorporación de nuevos adeptos que cada cambio de Gobierno logra introducir en ese paraíso de la molicie y la pigricia.
Ahora, el retrógrado de Jordi Sevilla, ministro de Administraciones Públicas, ha dado un paso más por la senda de la discriminación laboral: los funcionarios del Estado podrán “conciliar” su vida laboral (teórica) con la vida reproductiva de su pareja, mediante vacaciones y jornadas flexibles.
Como es natural, los funcionarios de las Administraciones periféricas han dicho que ellos también quieren gozar de la vida reproductiva de su pareja...
¿Y qué dicen los “señores presuntamente servidos por sus servidores públicos”...? Los "soberanos del sistema", o sea, en realidad, la plebe no dice nada: paga los impuestos y calla.
Algún día, la plebe despertará de los engaños en que la mantienen y dirá que aquí o somos todos iguales o rompemos la baraja de los Viejos Estados estructuralmente idénticos a los del Antiguo Régimen: porque en ellos nada ha variado; por ejemplo, laboralmente.
Pero, mientras tanto, ¿quiere algún partido de ámbito español dos millones adicionales de votos más? Lo que supone, para PP o PSOE, ganar las próximas elecciones; para IU, adquirir una presencia que nunca ha obtenido; y para cualquier otro partido hoy no representado, situar en el Parlamento a bastantes representantes.
Pues que recoja en su programa electoral una medida que, además, sería igualitaria y progresista: la equidad laboral, o todos como los funcionarios o todos como los restantes trabajadores. Y no me refiero sólo a los horarios, sino también a las restantes condiciones laborales.
Perderían muchos votos de funcionarios (quizá no todos, porque alguno habrá que esté por la igualdad progresista), pero ganarían muchos más entre la plebe. Quizá diez por cada voto funcionario que se perdiera.
Y ustedes, señores plebeyos, sepan que si los partidos no adoptan esta medida tan razonable y moderna, quizá sea porque ya todos ellos están metidos hasta el cuello en las Administraciones, y además quieren seguir colocando allí a sus afiliados... Pero al menos que el reaccionario de Jordi Sevilla no nos tome por necios.
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