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Etiquetas:   Cesta de Dulcinea   -   Sección:   Opinión

De tertulia en tertulia

Nieves Fernández
Nieves Fernández
domingo, 11 de diciembre de 2005, 08:06 h (CET)
No es que una acostumbre a diario a reunirse con grupos de compañeros o amigos, que ya es difícil sacar tiempo para tanto, pero el pasado sábado tuvimos ocasión de poder acudir al menos a tres tertulias y otras tantas que quedaron fijadas para la próxima semana. No es el caso aquí de enumerar los lugares adonde acudimos, lugares públicos, lugares privados, sí decir que fue en buena compañía donde la palabra se hizo la reina de la reunión y de la chanza.

Así, cuando el mal tiempo acompaña a participar en reuniones de amigos, en tertulias resguardadas del frío, es fácil y posible quedar en una tetería, hablando de poesía, escuchando la declamación de los versos de los tertulianos más atrevidos; o quedar en casa de un viejo poeta amigo, que no amigo viejo para tratar temas de actualidad desde lo local hasta lo internacional, rodeados de muchos más amigos.

Lo malo de esto es querer llegar fresca a la tercera tertulia de la tarde y darte cuenta que por las altas horas se ha convertido en cena y llegando apurada vas y te relajas porque es la última, y porque además se habla de escritores, pintores y proyectos culturales, ¿y cómo no?, del alto precio de la vivienda, el gran problema que preocupa a todos. Y hablando, charlando, disertando y comentando damos la razón a otros tertulianos cuando afirman como Juan Carlos Rodríguez que “Sin conversación, sin palabras no hay tertulia posible. La palabra nocturna (diríamos que también la de la tarde) crea el espacio vivo de la magia real.”

De tertulia en tertulia intentamos llegar al lugar de origen del locuaz sustantivo. Hay quien asevera que como la siesta o la fregona, la tertulia es un invento español, invento que aún perdura. Sería por el siglo XVII cuando aparecen las primeras tertulias en las que se leían textos de Quinto Septimio Florencio Tertuliano, más conocido como Tertuliano de Cartago, nacido en el año 150 d.C. y que se convirtió al catolicismo, demostrando grandes dotes de orador. Tertuliano fue uno de los primeros escritores que proclama los principios de libertad religiosa y declara la igualdad de todos ante Dios. Se dice de este gran orador que hubiera sido santo de no abrazar el Montanismo.

Pues fue en tiempos de Felipe IV cuando aparecen los primeros tertulianos para leer a Tertuliano y a otros retóricos de la antigüedad. Sin embargo, hay quien encuentra en la palabra “tertulia” su origen portugués, derivada del latín “tertius”, que significa tercero, se relacionaría con terciar o hablar entre tres, un buen número de tertulianos.

Venga de Portugal o de Roma las tertulias y los tertulianos ya han hecho historia. Podemos volver los ojos a las viejas tertulias como La Fonda de San Sebastián en el siglo XVIII, o a las de los bohemios del siglo XIX como El Parnasillo que criticara Larra, o el Lorenzini, o El Ateneo; a los vanguardistas del siglo XX, al Café de Levante, al Gato Negro, a la Revista de Occidente, al Café Gijón, al Café Pombo de Gómez de la Serna, al Rinconcillo de Lorca, etc.

Fueron tertulias literarias, científicas, musicales, políticas: Unamuno participaba tanto en Madrid como en Salamanca. En la Sevilla del XIX fueron famosas las tertulias de artistas donde editores, libreros y periodistas defendían el espíritu de la Generación del 98. Hoy son famosas las tertulias radiofónicas y televisivas en un tono muy distinto, pero también hay tertulias caseras, artísticas y amistosas. Y es que el hombre tiene necesidad de comunicarse a viva voz por encima de los grandes medios de comunicación.

Como ejemplo de vigencia de la tertulia, hoy mismo un periodista colombiano convoca en la Avenida nº 9 de Cali a “todo el que tenga una palabra honrada a acercarse y a apretujarse en el rescate de las palabras, de las ideas, de los textos entrañables.” Convoca a “los amantes del debate sobre las ideas a recuperar el espacio de la palabra.” También un sacerdote navarro nos habla del poder del dialogo: “El diálogo si además es bonancible y entre amigos es quehacer muy recomendable para la salud y ayuda a convivir, a enterarse de las opiniones ajenas, y a manifestar nuestros criterios.”

Pues eso, a tertuliar con ganas.
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