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Jugadores peligrosos

Patxo Palacios
Patxo Palacios
sábado, 10 de diciembre de 2005, 00:42 h (CET)
Espeluznante. No cabe otro adjetivo para la entrada que le hizo Oriol el pasado domingo en los nuevos campos de Sport del Sardinero al centrocampista de la Real, Mikel Aranburu. Y uno no quiere ser ventajista, porque a toro pasado es fácil opinar. Pero la entrada es tan dura y el árbitro estaba tan cerca y bien colocado, que no cabe más que criticar con dureza la entrada del central ilerdense y la nula sanción – ni técnica ni disciplinaria - del trencilla. No en vano estamos ante uno de los peores árbitros de Primera División, Pino Zamorano.

Viendo la jugada repetida, es difícil creer las palabras del jugador sobre su no intencionalidad. En el mismo partido, tras esta entrada ya le hizo otra similar a Barkero, que felizmente no tuvo mayores consecuencias. Oriol Lozano sabe mejor que nadie el daño, la avería que le podía haber hecho ya antes de confirmarse los peores presagios, pues es él quien le impacta con toda la plancha justo debajo de la rodilla.
El arrepentimiento, en todo caso - sea sincero o no-, es bastante posterior, ya que tras la brutal patada sigue la jugada tal cual.

Es tan claro como el codazo de Javi Navarro a Arango, que casi le cuesta la vida o el puñetazo de Germán el ‘Mono’ Burgos a Serrano justo antes de botarse un corner.

Se trata, en definitiva, de una entrada que el Comité de Competición debería sancionar de oficio; esta vía no debe utilizarse más que en casos de especial gravedad y el hecho que se juzga entra, sin duda, en esa categoría .

La Real ya ha dicho que no va a denunciar al jugador. Fair play, sí señor (recordemos el comportamiento de otros clubes).
Chapeau también para el bravo centrocampista azpeitiarrra, tan buen jugador dentro del terreno como noble fuera de él, que a la llamada del central ilerdense le respondió tranquilizándole “…no pasa nada, eso les pasa a los que están ahí”; si viera la entrada por TV quizá cambiaría de opinión, o no … nobleza obliga.

El fúbol es por su propia esencia viril, un juego de contacto físico, pero hay quien confunde virilidad o agresividad con conducta violenta o juego sucio. Bien, pues es ahí donde debe entrar el árbitro y el Comité de Competición para sancionar estos comportamientos, dentro y fuera del campo. El Reglamento define perfectamente estas acciones con dos figuras: ‘conducta violenta’ y ‘juego brusco grave’; en la primera no hay disputa de balón, en la segunda sí. Pese a ello, son con frecuencia más lesivas las entradas de este segundo tipo que las del primero; la de Oriol a Aranburu es un buen ejemplo.
Pronta recuperación, Mikel.
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