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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Amores que matan

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
viernes, 9 de diciembre de 2005, 02:13 h (CET)
“Vientos de revancha son los que parecen tener algunos de los ayuntamientos recientemente constituidos. El de Gernica aprueba retirar la medalla de la villa así como todos los honores concedidos al anterior Jefe del Estado... y en Coslada (Madrid) las calles dedicadas a Franco y José Antonio lo estarán a partir de ahora a la Constitución”. Estas palabras eran publicadas con la rúbrica de un entonces jovenzuelo inspector de Hacienda en el periódico “La Nueva Rioja” el 9 de Mayo de 1979 justo pocos días después de constituirse en toda España los primeros Ayuntamientos democráticos después del golpe de Estado de aquel general, bajito, traidor y con voz aflautada que nos ordenó y mando, bajo el signo del terror y la muerte, durante casi cuarenta años. Y todavía había quien se atrevía a hablar de “vientos de revancha”. El firmante de aquel artículo era José María Aznar, un castellano viejo que años más tarde llegaría a la Presidencia del Gobierno gracias a la mezcla de la corrupción que acompañó, por aquellas calendas, al Gobierno de Felipe González y a los altavoces mediáticos del bien llamado “sindicato del crimen” organizado por una parte de la prensa. Entonces, como ahora, el muchachito de Valladolid, no dejaba de ser un nostálgico del franquismo y un oportunista que años más tarde casaría a su hija en el Escorial, cual nueva reina de la España una, grande y libre, y encumbraría a su yerno a los negocios donde se pudiera labrar un buen futuro económico para sostén de la familia.

Pero aún hay más. Hoy cuando la Constitución es llevada, especialmente por esa derecha que la repudio en su día, como puta por rastrojo y a muchos de los que no la votaron en aquel referéndum de finales del otoño del 1978 se les llena la boca de un ansia constitucional que nadie cree, algunos de los que nunca creímos en ella nos vemos obligados a salir en defensa de un texto legal que tan sólo fue un enjuague entre el franquismo que moría y una incipiente democracia que trataba de que los campos de España no volvieran a llenarse con la sangre de los justos. Este mismo José María Aznar escribía meses antes, concretamente el 23 de Febrero de 1979- dos años antes del “tejerazo”- lo siguiente “En determinadas ocasiones, la abstención puede estar justificada. Incluso darse el caso de una abstención beligerante como en el pasado referéndum constitucional”.

¡Dios mío!. El mismo nuevo vigía de Occidente justificando la abstención ante el referéndum por el que todos los españoles nos íbamos a dar una nueva Ley de Leyes. Pero claro, en aquellos días, todavía no se le habían decolorado los azules de la camisa falangista a quien se pasó el franquismo estudiando y sin luchar contra el dictador y sus crímenes. Él venía de una buena familia donde padre y abuelo habían servido a Franco , obteniendo buenos réditos económicos y era mejor ignorar las penas de muerte que el viejo gallego iba dictando. Ya le llegaría su hora de jugar a ser más demócrata que nadie.

Y ahora, resulta que todos aquellos que abominaron del texto constitucional de 1978 se erigen en celadores de su pureza sin dejar que el resto de los españoles podamos opinar sobre el mismo. Ahora, casi treinta años después todos han lavado sus camisas, las han dejado blancas e impolutas, incluso su jefe supremo, ese Fraga que sentado en el Consejo de Ministros de Franco dio el asentimiento a alguna que otra pena de muerte, son más amantes de la Constitución que todos aquellos que lucharon por ella y que se jugaron años de libertad, e incluso la vida, por conseguir que este país, llamado España, tuviera un régimen donde la ley y la libertad estuvieran por encima de todo y todos.

Hay amores que matan. Los chicos de la gaviota intentan cortar las alas a un país que quiere seguir volando en libertad. Y para ello no dudan en erigirse en los únicos defensores de una Ley a la que denostaron en su día. Son como esos maridos celosos casados con una mujer que nos les gusta pero a la que están dispuestos a matar antes de que les deje y sea de otro. Y no dudan, para justificar su crimen, en disfrazar a la mujer como adultera y traidora. Eso es lo que están haciendo, sabiendo que mienten, con voceros como ese dúo dinámico formado por Acebes, fiel legionario de Cristo, y Zaplana tan sólo fiel a su cuenta corriente. Mientras, Rajoy calla e intenta hacerse una tortilla francesa con su mano izquierda, ya que las falanges de la mano derecha le han quedado inútiles.

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