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Etiquetas:   La tronera   Cataluña   Unión Europea   -   Sección:   Opinión

El amarillo de la vergüenza

Varios países de la Unión Europea hayan aconsejado a sus ciudadanos “no viajar a la comunidad española de Cataluña”
Jesús  Salamanca
jueves, 24 de mayo de 2018, 00:07 h (CET)

Las asociaciones catalanas y progolpistas, ANC y Ómnium Cultural, llevan años inmersas en el adoctrinamiento a los escolares, y no escolares, de esa comunidad autónoma. Al margen de la política reconocida, posiblemente ninguna entidad proselitista ha hecho tanto daño a la ciudadanía como estas dos: además del adoctrinamiento quedó demostrado que eran incentivadoras de ataques violentos contra la Guardia Civil e incentivadoras del odio hacia los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Tan solo en Vascongadas, referencias como Etxerat, Bildu y otras, han hecho tanto o más daño.


Tanto ANC como Ómniun Cultural --cuyos líderes están actualmente en prisión por delitos como malversación, sedición y golpe de Estado de frustrado-- iniciaron sus actividades delictivas y levantiscas en Vic y no se les ocurrió otra acción que sembrar de cruces la plaza Mayor de esa localidad. Por cierto, cruces amarillas horribles hasta el punto de que los niños de la localidad sentían miedo y preguntaban a sus progenitores quién se había muerto ahí. Era una broma de muy mal gusto y su forma de reivindicar la puesta en libertad de los presos golpistas aunque para taparlo, de cara al exterior, pretendían hacer pensar que eran presos políticos. Ahí es nada, presos políticos en un país democrático de derecho donde no existen desde hace muchas décadas; esa misma estrategia ya la intentó ETA para distorsionar la realidad de sus asesinatos, su actitud represiva y la amenaza permanente a una sociedad que estaba desquiciada, además de para engañar al institucionalismo internacional.


Como aquello de las cruces no debió de parecerles lo suficientemente esperpéntico, se han lanzado a “sembrar” cementerios por doquier, llegando a convertir algunas playas en cementerios amarillos de mal gusto y peor aspecto. Todo ese conglomerado de medidas, junto con la violencia y represión generadas por el independentismo catalán, han hecho que varios países de la Unión Europea hayan aconsejado a sus ciudadanos “no viajar a la comunidad autónoma de Cataluña para así evitar la permanente violencia del independentismo, la xenofobia y los continuos enfrentamientos existentes entre la población catalana”. Empezaron haciéndolo Alemania y Gran Bretaña, pero hoy son casi una docena de Estado que recomiendan no viajar allí y, si lo hacen, alejarse de los núcleos de violencia y no mezclarse con los disturbios callejeros. Por suerte, sí siguen recomendando acudir a otros puntos de España. Bien es cierto que, si la imagen se sigue extendiendo, puede acabar por repercutir en la imagen general de España como país; por eso siempre hemos dicho que la España de las comunidades no es parte de la solución, pero sí es el gran problema del Estado, tanto en lo económico como en lo social y político. Y, sin duda, son las responsables del fuerte endeudamiento del Estado.

Volviendo a los “cementerios amarillos”, es curioso cómo se extienden esos por la costa catalana, sin que reaccione ninguna autoridad local ni nacional. Las autoridades han pecado de desidia, cobardía e incompetencia manifiesta. Calles, plazas y edificios se han convertido en estercoleros amarillos y, en algunos consistorios, han llegado a fijar normas de tal forma que sancionan a quienes quitan la porquería amarilla atada en rejas, bancos y farolas, pero dejan campar a sus anchas a quienes lo ensucian. En pocas palabras: el mundo al revés. Y ya no es solo en farolas, verjas y papeleras sino que podemos verlos en árboles, setos de vegetación, quioscos, rejas en ventanas de instituciones, banco del Parlamento catalán….


El colmo de la desfachatez y del complejo de inferioridad del independentismo es comprobar cómo pintan con lazos amarillos la propiedad privada de quienes se enfrenta a ellos e intentan hacerlos entrar en razón. Los lazos amarillos se han extendido como se extendió entre los judíos la estrella por imposición nazi, pero con serias diferencias: mientras que las estrellas fueron impuestas, los lazos han sido autoelegidos para destacar y llamar la atención, del mismo modo que se utilizaban en la antigüedad para que se supiera que los barcos llegaban con peste a bordo y para dar a entender las prostitutas que estaban disponibles. No es menos vergonzoso y vergonzante ver a Quim Torras cómo lo luce en la solapa, al igual que presidiarios golpistas y el propio “Puchimón”. En el exterior empiezan a ser tratados como apestados, mientras que en España ya lo son.


Si a toda esa gamberrada, y al despropósito de embadurnar la vida catalana de amarillo, añadimos la imagen de racanería, falsedad y enfermedad sicológica que están dando Marta Rovira, “Puchimón”, Rull, Turull o Anna Gabriel, por poner los ejemplos más llamativos, no hay duda de que eso puede repercutir en la imagen distorsionada de España. Hasta han copiado lo de las jaulas que ya se hiciera en el País Vasco para dar a conocer la prisión de los entonces asesinos, terroristas y colaboradores con banda armada. A todo eso hay que añadir la cobardía del Gobierno español de Mariano Rajoy, la excesiva lentitud de la Justicia y los palos de ciego constantes de ésta de cara al exterior. Bélgica se ha mofado de la Justicia española y la ha ridiculizado como si fuera una desnortada, al igual que lo está haciendo Alemania. Es evidente que tenemos una jurisprudencia muy alejada de la realidad de los demás países de la Unión Europea. Fallan demasiadas cosas y en ese campo, de cara al exterior, está todo por hacer.  

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