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Etiquetas:   El arte de la guerra   -   Sección:   Opinión

La resistencia ante el catetario papanático

Santi Benítez
Santi Benítez
jueves, 8 de diciembre de 2005, 10:50 h (CET)
Por más que lo pienso no encuentro una razón para no coincidir con Rosa Montero en esa definición que hace de este país nuestro repleto de provincialismos catetos, con tanta reivindicación patria, y no me refiero sólo a los españolistas. No estoy de acuerdo con ella en el resto. Bajo mi punto de vista, al final, en su artículo “Este país tan primitivo”, termina pecando de lo mismo que critica en un alarde de pobreza intelectual muy propio de ella.

Es este país que, por un lado, tiene como héroe al Cid, un traidor que no dudó en aliarse con el enemigo, al mejor estilo mercenario, para poder sacarle los ojos a su ex jefe. Otro rasgo pueblerino.

A mí los nacionalismos siempre me han olido a queso rancio. El españolismo que huele a pies reivindicando un amor patrio de castañuelas y pandereta, un olor a pies que quiere reconvertirse en constitucionalista cuando ni siquiera gustó de votar a favor de la Constitución. Y un nacionalismo provinciano que reivindica fronteras con olor a calcetín en donde no las hay desde hace cuatrocientos años.

¿Son diferentes? NO. Son lo mismo. Los mismos argumentos de catetos, las mismas reivindicaciones de las cuartetas del monasterio de San Millán, las mismas estupideces sobre el enardecimiento de razas inexistentes, de historia reinterpretada, de la mortalidad del cangrejo verde.

Y yo me pregunto, ¿Qué ocurre con aquellos que nos sentimos a gusto por igual en Bilbo y en Bilbao, en Euskadi y en las vascongadas, en Cataluña y en Catalunya, que aunque parezcan sitios diferentes son los mismo sitios. Sitios en los que vive Jaume y Jaime, que aunque parezcan personas diferentes son la misma persona?

¿Qué ocurre con nosotros que sabemos a ciencia cierta que el Cid era un buscavidas, que ETA es una organización criminal dedicada al asesinato y la extorsión, que en Euskadi están hasta los cojones de asesinos con chapela y tricornio, que en Catalunya Joseph Piqué es un paria con toda la razón y que a los niños se les está convirtiendo en disminuidos intelectuales?

¿Qué ocurre con nosotros que sabemos que las fronteras las pone la mente cateta, que las rayitas de los mapas no son de verdad, que el patriotismo parroquial sólo existe en el interior de las iglesias, suelo vaticano, que miramos con envidia hacia Venezuela, en donde el Arzobispo de Caracas, Jorge Urosa Sabino le ha dicho a la oposición que la iglesia no se utiliza para actividades políticas, del signo que sean?

¿Es que en este país todos somos nacionalistas?

No, eso no es verdad. Eso es lo que nos venden como si fuera un producto que está de moda, cuando sólo lo consume el paletaje pueblerino que niega la multiculturalidad, que se imagina a sus mujeres violadas y maltratadas por extranjeros, que se resiste a abandonar el papanatismo trasnochado del “¡Arriba España!”, de la pureza étnica euskaldún y la llengua maltractada trenta anys després. Y como vendedores que venden exactamente lo mismo todos usan el mismo reclamo comercial; el miedo como reclamo.

“Si no eres español no eres nada, sino eres español eres un traidor a la patria”. Y digo yo, ¿Qué coño significa ser español? ¿Significa ser católico y follar en la postura del misionero? ¿Significa negar el derecho a ser lo que a cada cual le dé la real gana? ¿Significa negar que Franco era un dictador de mierda que asesino a miles como cualquier dictador que se precie? ¿Significa decir que un trapo es más importante que las personas? ¿Significa negar que el Estado Español no es nada sin la mezcla de las naciones que lo forman? Pues si eso es ser español, yo no quiero serlo.

“Euskadi es la representación de una aspiración histórica”. Y digo yo, ¿Qué demonios significa eso? ¿Qué impide que esa aspiración histórica sea reivindicada por los españolistas por igual con respecto a Euskadi? ¿No sería más lógico preguntarse que significa ser vasco? ¿Significa justificar asesinatos? ¿Significa hablar de pureza étnica euskaldún? ¿Significa negar que hay una gran mayoría de vascos que no quieren saber nada de esa “izquierda abertzale” que, aún siendo una minoría irrisoria, justifica el tiro en la nuca? ¿Significa decir que Euskadi está sufriendo una ocupación ficticia? ¿Significa con nosotros o con ellos? Pues si eso es ser vasco, yo no quiero serlo.

“El antiespañolismo ha sido una forma de ser catalán en los últimos 25 años (...)” – Albert Boadella. Y digo yo, ¿Es que para ser catalán hay que ser antiespañol? ¿Es que ser catalán tiene algo que ver con que un niño se convierta en un disminuido intelectual que sólo balbucee un idioma, que aparte de ser el de su país, lo hablan más de cuatrocientos millones de personas? ¿Tiene que ver con negar las raíces conjuntas de los españoles, de todos? Pues si eso es ser catalán, yo no quiero serlo.

Al final, nosotros, aquellos que no compartimos esas ganas de papanatismo, esa ansia de ser un cateto, ese auto convencimiento basado en la falsificación racial e histórica, los que no compartimos el amor a los trapos, que pensamos que los idiomas sólo sirven para comunicarnos, que no creemos en el sexo de catecismo o en las familias de libro, que no creemos en la exclusión por principio o la inclusión por cojones, nosotros, tendremos que luchar porque se nos permita vivir, de una vez por todas, en nuestro país.

Suena de fondo “Miña Galega” de Manu Chao...

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