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Opinión
Etiquetas:   La Cosa Pública  

¿Qué Constitución?

Ekain Rico
Álvaro Peña
jueves, 8 de diciembre de 2005, 10:50 h (CET)
Sé que incluso resulta irreverente preguntar por la esencia misma de nuestra Carta Magna, pasado sólo un día desde su último aniversario. Sin embargo, me reafirmo en la necesidad de pararnos, aunque sólo sea por un momento, en reflexionar sobre la identidad real de aquel longevo documento.

Hace ya veintisiete años que unas Cortes constituyentes, dotaron a España de la primera herramienta capaz de apuntalar las ansias democráticas de un país que resurgía de sus cenizas.

Sin duda alguna, aquellos debates constituyentes pusieron de relieve que la España fascista había sido sepultada bajo la misma losa y al mismo tiempo que el infame Franco.

Pero, con todo, esos mismos debates reflejaron dos maneras distintas de comprender la nueva España. De un lado, quienes legitimados por su lucha antifascista, proponían una España plural y abierta en la que todos los ciudadanos pudieran encontrar su sitio. De otra parte, quienes desde postulados cercanos al “Movimiento” veían en la descentralización del poder político, algo parecido al anterior enemigo judeomasónico.

Han pasado ya casi tres décadas y, aunque parezca mentira, aquellas posiciones siguen encima de la mesa, para vergüenza de la derecha más reaccionaria a la que don Mariano representa.

Y es que quienes en otros tiempos vilipendiaron el espíritu de consenso constitucional, abrazan ahora tan fuerte la Constitución que la están ahogando. ¿Acaso deberíamos esperar otra cosa de quienes siguen en el ideario de la España Una, Grande y Libre?

Esta Constitución, nuestra Constitución, es la de los ciudadanos; la de los derechos sociales; la de las libertades públicas; la del reparto competencial y reconocimiento de las diversidades. En resumen, es la Constitución del patriotismo cívico o ciudadano que, a todas luces, supera al maltrecho nacionalismo de pandereta que los populares pretenden reinventar.

No respeta más la Constitución quien la usa como arma arrojadiza contra el que piensa diferente, sino quien le reconoce la capacidad de ser herramienta fiel de avance en las conquistas sociales y democráticas.

No señores del PP, esta no es su Constitución. Es la de todos.

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