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Etiquetas:   Artículo taurino   -   Sección:   Toros

Ganaderos y ganaduros

Ignacio de Cossío
Ignacio de Cossío
miércoles, 3 de mayo de 2006, 23:25 h (CET)
Los auténticos ganaderos de bravo basan su secreto en la minuciosa selección de sus cabañas desde sus placitas de tientas, diseñadas a modo de laboratorios de casta hasta sus libros de ganaderías, oráculos genéticos. Allí seleccionan por reata, hechuras y comportamiento, según criterio personal del ganadero, a un ejercito de vacas y toros de escaso número pero de desbordante casta, bravura y nobleza. Por tanto las camadas bravas de una ganadería seria suelen ser más bien cortas y apenas llegan a la docena de corridas año. Los hierros que se empeñan en multiplicar resultados suelen naufragar en los ríos de la desigualdad.

El mercado español es sabio y como en cualquier otro aspecto de la vida, actúa como único juez bajo el prisma de la oferta y la demanda, quién debe reinar y quien no a tenor de los resultados más óptimos demostrados en la arena. Por consiguiente no entiendo las posturas lamentables de ganaderos de postín ante los nuevos augurios de recortes en primas europeas al ganado de lidia, cuando nunca apellidos tan prestigiosos necesitaron de aquellas para vender sus productos. Dejémonos de utopías y limpiemos el estercolero de nuestra casa antes de salir a la calle, porque es inconcebible que muchos ganaderos actuales tengan un superávit de producción centrada en cosechar beneficiosas primas por vacas nodrizas y machos antes de lidiar incluso un solo toro en la plaza.

La afición taurina en Europa es minoritaria y es lógico que perteneciendo a ella no tengamos una posición de mando ante las primas por sacrificio en los cosos, vacas nodrizas y demás, pero si no nos centráramos tanto en las ayudas de otros y en las dichosas primas, a lo mejor tendríamos más tiempo de seleccionar los ejemplares aptos para la lidia antes de saturar un mercado plagado de ganado mediocre, salvo honrosas excepciones, en donde la demanda en nuestro propio país no cubre ni una tercera parte de sus expectativas en cuanto a juego en la plaza.

La auténtica cabaña brava española debe levantarse ante estos tramposos ganaduros que tanto daño hacen a la fiesta bajo el sueño de llenar un ego al cual nunca fueron llamados. Para ser ganadero, como para todo, hace falta el don, la vocación y el sacrifico, pues aquello de criar reses bravas para un arte vivo, como son las corridas de toros, es extremadamente difícil. Oídos sordos pues a los ganaduros que cada mañana nos bombardean entre lágrimas de cocodrilo, los últimos recortes de Bruselas por culpita de los malvados socialistas, ecologistas y antitaurinos que no quieren mantener y con toda lógica a la lista de parados del INEM taurino que son, han sido y seguirán siendo los toros de los ganaduros que no de los ganaderos.

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