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España reacciona: PP, PSOE y Ciudadanos, unidos frente al separatismo

Pedro Sánchez se une al pelotón de los buenos
Miguel Massanet
miércoles, 23 de mayo de 2018, 06:43 h (CET)

En ocasiones la situación de una nación puede llegar a un punto tal de degradación, de peligro de involución, de amenaza de fraccionamiento o de debilidad económica, que amenace seriamente con desembocar en un escenario propicio al caos, el desorden, la insurrección o lo que se pudiera entender como un Estado fallido, con las graves consecuencias que, para un pueblo, comporta verse abocado a un contexto en el que peligren el trabajo, la economía, la supervivencia, el modus vivendi y, en general, la propia vigencia del modelo político elegido por la mayoría de los ciudadanos de un país.


Sin embargo, como sucedió a finales del año 2011, cuando los socialistas tiraron la toalla y convocaron elecciones legislativa de las que salió vencedor del PP, la evidencia de estar al borde de un precipicio del que ni se adivina la profundidad a la que se puede caer, ayuda a que quienes se ven abocados a tal situación a tomar conciencia del peligro real, a posponer cuestiones menores, a olvidarse de rencillas intrascendentes y a poner en valor, sobre cualquier otra cuestión, la necesidad inaplazable de afrontar con urgencia aquella amenaza que hace peligrar al país, uniéndose todos para adoptar las medidas urgentes, inaplazables, para intentar evitar que llegue a materializarse, poniendo en marcha las medidas apropiadas para evitar que se produzca.


Creo que, últimamente, hemos tenido ocasión de constatar que algunas cosas se están moviendo en este país que, a diferencia de lo que ha venido ocurriendo durante meses, en los que cada partido político ha ido defendiendo su propia política, primando lo que les beneficiaba con independencia de lo que le convenía de verdad a la nación; hasta tal punto que hemos llegado a temer que la tolerancia que, durante años, se ha tenido, por todos ellos, respecto al llamado “problema catalán”, de modo que llegara a cristalizar, como se ha evidenciado en los últimos meses, en una revolución solapada de una parte de los catalanes, no sólo contra lo que ellos argumentan que es la “opresión” que el Estado español ejerce sobre ellos, para impedirles lo que ellos interpretan como democracia y que no es otra cosa que una rebelión en contra de la unidad de España perfectamente recogida, tipificada y penada con penas muy graves en nuestro Código Penal vigente; sino también, con el artero propósito de intentar involucrar al resto de países europeos, presentando sus reivindicaciones nacionalistas como si fuera un ejercicio de legítimo derecho a pedir la independencia y no como lo que en realidad es: un delito contra la unidad de una nación democrática, tanto o más que las del resto de Europa. Hay que reconocer que en esta segunda parte de su táctica de internacionalizar el conflicto han tenido una parte de éxito que, si en cuanto a lo que se refiere a los gobiernos de todos los países europeos de la UE, la reacción ha sido unánime rechazando los argumentos del soberanismo catalán, hay que decir que, en cuanto a la prensa y, por qué no decirlo, a los jueces de alguno de los países en los que han actuado, se ha conseguido implantar la duda respecto a si los sancionados y en prisión son en verdad delincuentes o si son lo que intentan demostrar los abogados de los fugados, que se trata de una especie de “venganza” contra lo que se podrían denominar adversarios políticos.


En efecto, deberemos reconocer que, si bien en el caso del señor Ribera de Ciudadanos, su postura no ha variado, manteniendo una actitud radicalmente contraria a los intentos soberanistas de los catalanes separatistas, si quisiéramos referirnos a la actitud del señor Pedro Sánchez, del PSOE, deberíamos admitir que se estuvo manteniendo, durante muchos meses, una actitud equívoca, manifestándose en contra de las pretensiones catalanas de separarse de España, pero sin apoyar de una forma clara la aplicación del 155 y proponiendo soluciones de tipo federalista que, evidentemente, no encajaban en nuestra Constitución ni, en realidad, tampoco se tenía la evidencia de que fueran aceptadas por los radicales del separatismo, como era el caso de la CUP y de ERC, ni de los grupos de presión que han estado dirigiendo el famoso proceso, tales como la ANC y el Omnium Cultural, que todo lo que no fuera una ruptura absoluta con el Estado español no era tomado en consideración, postura que siguen manteniendo hasta el día de hoy.


Y cuando hemos hablado de cambios de actitud deberemos reconocer que si en el bando separatista siguen enquistados en sus posturas rupturistas, manteniendo su enfrentamiento con el Estado si bien las discusiones entre las distintas facciones que lo componen se viene prodigando en el intento de dominar la situación y hacerse con el poder, si queremos contemplar lo que está ocurriendo en el bando de los partidos que pudiéramos calificar de constitucionalistas, se han clarificado favorablemente las respectivas posiciones de modo que, un desconocido Pedro Sánchez, al que se le empiezan a reconocer facultades de estadista, de las que tan lejos se encontraba hace unos meses, se ha mostrado claro, contundente, seguro y expedito al referirse a la actitud que debe adoptarse con este gobierno títere que han pretendido nombrar, siguiendo el encargo del señor Puigdemont, que es evidente que se niega a darse por vencido sabiendo que, si desaparece de la primera fila de la actualidad, dentro de unos meses se habría convertido en un perfecto desconocido, olvidado por todos aquellos de los que viene consiguiendo apoyo; incluso de los mismos que ahora se desgañitan pidiendo su vuelta.


Sin duda, el hecho de que los tres partidos más grandes y representativos del pueblo español se hayan mostrado partidarios de no darles cuartel a quienes están empecinados en derrotar al Estado de derecho, es una magnífica noticia que llega en el momento más peligroso en el que, los nacionalistas están jugando fuerte, negando autoridad al Estado central, revolviéndose contra la Justicia española, a la que no reconocen autoridad en Cataluña y forzando situaciones en las que se violentan los mecanismo de defensa de la democracia para intentar dar la imagen de pueblo oprimido ante el resto de países de la UE. Un nexo fuerte de partidos de derecha, centro derecha e izquierda, ante un enemigo común que pretende la separación de una parte del territorio nacional para crear un mini estado independiente supone, aparte de constituir una aberración de quienes lo intentan, no se trata más que de un intento de secesión, un delito perfectamente recogido en nuestra legislación penal, merecedor de ser sancionado con las penas más graves de nuestro CP.


El hecho, verdaderamente absurdo, de que, por si fuera poco, el flamante presidente de la Generalitat, Quim Torra ( dudamos de que su elección tenga validez dadas sus manifestaciones contrarias a España y a los españoles y por defecto de forma, al no haber aceptado la Constitución en la ceremonia de investidura del cargo de presidente) se desplazase a Berlín, después de su presunta investidura, para prestarle pleitesía al señor Puigdemont; demuestra claramente que no se trata más que de un cabeza de turco dependiente de un sujeto que, para más INRI, es un prófugo de la Justicia española. Su visita de hoy a los presos que están alojados en la diversas cárceles españolas para infundirles ánimos y ofrecerles cargos en un gobierno que todavía no ha sido autorizado ni publicado en el BOE, le sitúa en una postura dudosa que puede dar lugar, como es posible que suceda, a que la aplicación del 155, en lugar de extinguirse con la formación del nuevo gobierno catalán, permanezca vigente como parece que va a ser la decisión de los tres partidos, incluido el del Gobierno, que están decididos a impedir que, esta tormenta artificial que se han empeñado en provocar los separatistas se calme ya sea por la buenas, con acuerdos que reconozcan la dependencia de Cataluña de las leyes y el gobierno de España o bien por los medios que sean precisos para que España no siga siendo un rehén propicio a los caprichos de una minoría que pretende imponer su opinión y su desafío al resto de la nación española; algo que, evidentemente, por mucho que lo intenten nunca lo van a conseguir.


Y algo que quisiéramos añadir por la alarma que parece que ha producido en determinados sectores de nuestros políticos. Parece que la propuesta de una Plataforma Ciudadana, por el líder de Ciudadanos, señor Rivera, para intentar revitalizar el patriotismo español, al parecer en horas bajas, quizá por falta de ejercitarlo o puede que por miedo a despertar las iras de todos aquellos que lo consideran algo obsoleto de lo que se debe prescindir; ha levantado una ola de críticas, de burlas, de descalificaciones y de desprecios, especialmente entre los periodistas de marcado carácter separatista, como es el caso del señor Jordi Amar, columnista de La Vanguardia, que critica la iniciativa de Rivera a la que califica de “ventosidad”, una manera “fina y educada” de calibrar el sentimiento de patria que todavía tenemos muchos españoles. A este sujeto, un digno colaborador de este periódico catalán que ha tenido la desvergüenza de atribuirse un estudio en el que se lo reconoce como (sic): “el medio español (será catalán porque de español no tiene nada) más neutral”. Ignoramos quienes habrán deducido algo semejante, pero lo que sí sabemos es que los que han publicado semejante falsedad no se han informado debidamente de cómo ha tratado este periódico del grupo Godó, el problema del independentismo catalán, los artículos que han publicado en sus páginas y la forma en la que han intentado inclinar la balanza de la parte del catalanismo más radical, del que ha sido uno de sus más grandes valedores dentro de Cataluña.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, debemos, en esta ocasión, celebrar algo que hace unos días nos hubiéramos negado a creer. El hecho de que los tres partidos principales hayan conseguido apartar sus lógicas diferencias políticas, para dejar paso a un sentimiento de defensa de la patria española que está por encima de todo, merece que dejemos de un lado el pesimismo que nos viene acompañando durante años (desde que el señor Mas levantó la bandera de la señera estrellada) para dejar paso, como caso excepcional, a un moderado optimismo que nos gustaría que se confirmara mediante la adopción de las medidas necesarias para pararles los pies a todos estos que, hasta ahora, vienen pensando que se puede atentar contra la unidad de España y salirse de rositas. Pues será que no.

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