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Etiquetas:   Novela por entregas   -   Sección:   Libros

Soberano don Nadie (XVI)

Juan Pablo Mañueco
Redacción
martes, 27 de diciembre de 2005, 00:38 h (CET)






Soberano don Nadie en el país de
los poderes políticos verticales

Don Quijote y Pero Grullo en acción


Resumen de lo publicado:


Ha estallado una crisis política inesperada en el país. Un diputado rebelde se niega a votar la investidura parlamentaria de su jefe de partido, por lo que no puede formarse Gobierno. La histeria se adueña de la clase política, que comienza a lanzarse duras acusaciones a través de los medios periodísticos afines, donde también empiezan a publicarse documentos comprometedores para los adversarios. Se debate si el acta de diputado le pertenece a él o al partido. La población, mientras tanto, no da crédito a lo que ocurre; esta vez, no es posible apoyar a unos u otros, porque las miserias generales están quedando al descubierto. La opinión pública nunca publicada es unánime en sus exabruptos contra los políticos.


Capítulo XII (continuación)


–Sin duda... El tránsfuga, rebelde, o lo que sea, tendría que haberse conformado con lo que sus mandos quisieran darle en el reparto del botín público, así habría podido disfrutarlo y pasar por servidor del pueblo.
–Convéncete: la fábula política está montada para que disfruten de ella todos los que contribuyan a sostenerla. Jerarquías, cuadros intermedios y clientela, que podrán apoderarse de la administración en cuanto los suyos ganen las elecciones, y si no las ganan, no importa, también habrá momios públicos para los clientes de la oposición oficial... Lo importante en que en el tinglado no aparezcan rebeldes, que prueben la farsa. ¡A esos no se les perdona!

–¿O es que no ves la voracidad con que la bases de los partidos caen sobre los puestos públicos después de las elecciones? Y eso, saquear el presupuesto público y repartírselo entre ellos dicen que es lo democrático.

–¡Hombre, eso sí lo veo! ¡Hatajo de ladrones!

–¿Y qué harías tú, si de repente te vieras dueño del poder y del presupuesto público?

–¿Qué quieres decir?

–Te pregunto si no harías lo mismo, repartirte las bicocas y los momios con tus compañeros políticos.

–Bueno... está la honestidad.

–Sí. La honestidad, a un lado; y al otro, los coches oficiales, las dietas libres, los despachos, la potestad omnímoda de que tu voto o tu firma convierte en “legal” una cosa o la contraria.

–Te repito que está la honestidad.

–¡Déjale; es un cándido!

–Y yo te repito que al lado está la tentación continua de que tu firma legalice lo que toque y convierta esto o aquello en “democrático”, aunque a ti solo beneficie o a tu partido. Y así, en mil decisiones por semana, ¿cuánto tiempo resistirías?

–Salvo los ángeles del cielo, muy poco... ¡Menos éste, que al final va a hacernos creer que es más cándido que los serafines y querubines celestes!

–Bueno, tampoco creo yo que los políticos sean ángeles, necesariamente...

–¡Pues ése es el problema, que un sistema así exige que los representantes sean ángeles inmaculados, o les ofrece mil ocasiones por día para perderse...! La honestidad de cada uno varía en el tiempo que tardará en pecar por primera vez, y hay que darse prisa porque los demás partidos no pierden el tiempo para llevárselo crudo en las instituciones que dominen, y todo legalmente. ¡Eso es lo mejor, sin problema ninguno porque la ley también la han hecho ellos!

–Un verdadero sueño para todos los malhechores, mandar y robar a la vez, pero sin delinquir, porque la ley también es de uno... ¡Hay que ser tan cándido como éste para no entenderlo!

–¡Que sí lo entiendo! No lo voy a entender, cuando lo veo diariamente.

–Pues pareces bobo. Así está montado y la cosa no tiene solución.

–Un entramado mafioso para vivir mejor que el pueblo y a costa de sus impuestos, eso ha sido siempre la política.

Por eso, cada vez que me preguntan en qué sistema político vivimos, yo respondo: “Bajo la cleptocracia, el gobierno de los ladrones”... y sé que acierto. Nos roban todas las competencias a los ciudadanos y luego también, lógicamente, nos roban los dineros.

Pero, ojo, que estoy hablando de todas las Administraciones conocidas, a lo largo de la Historia... Y en el fondo, ahora debemos alegrarnos: nos dejan escoger qué mafia partidaria queremos que nos engañe; no como antes, que nos engañaba forzosamente la mafia del partido único.

–Es un cambio... ¡Nos dejan escoger al mafioso que nos saqueará el bolsillo, pero sin renunciar al mafioso jerárquico como fundamento político!

* * *

Medios de opinión pública publicada seguían difundiendo, a toda plana o en entrevistas de noticiarios en horas de máxima audiencia, farragosos y contradictorios estudios, prestigiosamente retribuidos, que confirmaban posiciones oficiales, según cada sector mafioso que lo encargara:

–“El acta es del diputado”, sentenciaban los juristas e intelectuales, a sueldo de una de las camarillas que se repartían los impuestos del pueblo.

–“El acta es del partido”, rebatían los juristas e intelectuales, a sueldo de la otra camarilla que se distribuía los impuestos del pueblo.
Sólo había coincidencia en que el dinero había dejado de ser del pueblo, impositivamente... Como el acta, que también había volado, de idéntico y parigual modo. Por imposición del sistema.


Capítulo XIII


...prófugos y demófugos



Le sobresaltó el teléfono. Era el Representante Independiente. Pero Grullo no esperaba que una llamada semejante llegase hasta la modestia y humildad de su persona. Le ha saludado, con azarada turbación, ocultando apenas su sorpresa, pero Representante Independiente y él congeniaban en gran modo. Le ha dicho: “No tenía noticias de voacé desde la sesión de alumbramiento oficial de su Región, tan curiosa”. Y después: “Sí, ambas cosas; la Región y la sesión de alumbramiento”. ¿En qué podía servirle?

El Representante Independiente también se muestra notoriamente conturbado, nervioso, confuso; rebosa temores; expresa desconcierto y pesadumbre; inquieta la voz, habla deprisa...

Y eso que en la sesión parlamentaria histórica, natalicia efeméride de insignes instituciones convenientemente celebradas por la prensa, aurora germinal de imponentes cargos ahítos de honores, dietas y despachos con voluntad no demostrada de servicio al pueblo, alborada de coches oficiales y banderines ya que no históricos abundantemente publicitados por los medios afines en sus editoriales y comentarios, así como por los no afines con menor entusiasmo pero con igual profusión pues también se sienten partícipes en el negocio, e ibídem en las páginas de publicidad de todos, celebérrima data propiciadora en el futuro de brillantes exposiciones historiográficas en subvencionadas letras impresas y en reuniones congresuales no menos subvencionadas, adonde sólo acudirán los eruditos y glosadores afectos al Régimen, y todos los demás que algún día quieran gozar de importante nombre y relieve, junto con aquéllos otros que quieran publicar al menos, sin que la censura política y económica les cierre tanto las vías académicas como de cualquier otra editorial que se precie o desee mantenerse sin aparecer en las listas negras de nadie, a la par que todos los congresos oficiales a tanto y tanto la invitación, las asistencias, las ayudas, los viajes y la promoción en todas las parafernalias mediáticas y no mediáticas subsiguientes, fausto acontecimiento primigenio y por ello rememorable hasta que los tópicos vayan variando de orientación y por ello haya que dar entrada a otros acontecimientos igualmente tópicos, faustos y rememorables, con vistas a que todo se mantenga exactamente como antaño, pero con símbolos más remozados en apariencia o facies... el Representante Independiente había dado muestras de ser un hombre atemperado, domeñador de sus impulsos más inmediatos y sabiamente escéptico, pese a la insensata pretensión de mantener una brizna de limpieza en un mundo político que sólo le toleraba en tanto su cargamento de pureza no resultase excesivo ni peligroso para el sistema.

En cambio, su turbación actual da pruebas inequívocas de que ocurre algo grave; su tono acíbar; su apabullante conversación volcada sin freno sobre el teléfono...

Ahora venían por él... Sí, sí, no tenía dudas: estaba en el punto de mira de los conspiradores... No, él no tenía arte ni parte en la crisis parlamentaria que habían desatado los tránsfugas... Pero el nerviosismo había cundido entre la clase política desde que comenzaron a mencionarse algunas tramas.

El poder económico exigía víctimas propiciatorias cuanto antes, y en todos los partidos, para que la catarsis pudiera presentarse como completa. Ni los líderes estaban seguros. Si era preciso, debían caer algunos, estaban desgastados, se necesitaban nuevas máscaras para la fiesta. Ante todo, la estabilidad. Otros figurantes debían recomponer la pose de decencia.

–Le ha preguntado: “¿Y qué tiene que ver todo eso con voacé? Según entiendo es de los pocos que puede estar tranquilo en estos momentos. Ninguna trama le afecta”.

Venían por él... El nerviosismo había desembocado en histeria... Cada quien se cubría bajo sus mejores amparos... El riesgo estaba para los más desamparados de cada partido, y también para quienes habían optado por lidiar sin amparo, como él.

Porque era necesaria sangre, dada la gravedad que había tomado el escándalo... Cualquier sangre que sirviera como cortina de humo para que la crisis pudiera cerrarse... Era la fórmula magistral del sistema cuando el entramado corruptor quedaba al descubierto: ofrendar una víctima que aplacase las iras de la plebe, puesto que había olisqueado algo excesivamente sórdido en el ambiente... Tenían que acotar la podredumbre en unos para que todos los demás pudieran salvarse, probando que los mecanismos de higiene del poder habían funcionado una vez más, para que todo continuase como siempre, fétido y nauseabundo hasta la médula.

Sólo que nadie quería ofrendarse... La guerra en las alturas estaba siendo impíamente acerba... Los nuevos cachorros habían visto sonar la hora de su triunfo y asaltaban en acometidas irresponsables a los viejos renovadores, que no querían renovarse... Los robustos dinosaurios de las nomenclaturas cerraban filas solidarias pasándose de escaño a escaño y de teléfono a teléfono la consigna de resistir a costa de lo que fuese... Todo antes de perecer a manos de un tránsfuga estúpido que no había querido conformarse con los momios que le ofrecían, dentro de una nebulosa de bicocas y prebendas descomunal e ilimitada, sí, pero no infinita, sino que pretendió recibir todas las parcelas de poder que le habían prometido para él y para los suyos.

Las aristocracias en el poder se estaban acometiendo a campo abierto, sin darse tregua ni cuartel; al modo de los aristócratas antiguos, que posponían de cuando en vez sus permanentes intrigas y putrefacciones palaciegas para acometerse en una guerra declarada.

Se habían abierto las compuertas y la putridez de los órganos políticos estaba quedando en evidencia hasta que el provecho de todos las cerrase... Eso ocurriría pronto, pero antes había que señalar a las víctimas inmolables: las más débiles del bando que perdiese y, quizá también, algún ejemplar frágil de entre los vencedores, sacrificable para cubrir el honor de los derrotados, y algún solitario que no se encontrara bajo la protección de ninguno de los bandos contendientes.

Venían por él... La virulencia del combate podía intuirse a tenor de las pruebas que estaban aflorando, repentinamente, en los medios de comunicación de los unos y de los otros... Así seguiría hasta que la guerra civil aristocrática indicase quiénes eran los vencedores y quiénes los vencidos, para volver a sellarse la ciudadela del poder en cuanto surgiese una nueva jerarquía dirigente, que impusiera nuevas normas en el reparto del botín del Estado.

–Ha inquirido: “Entonces, ¿considera voacé que la trama de corrupción que se está desvelando en los medios nada tiene que ver con el problema de fondo?”.

La trama inmobiliaria era una densa masa de humo más para ocultar la verdadera intensidad de la podredumbre de cada uno de los centímetros del Estado... Un producto menor, para desviar la atención de los incautos.
¿No se había dado cuenta de que el único transfuguismo que preocupaba a la clase política era aquel que afectase a uno o a unos pocos de los electos...? Sólo porque ponía en peligro los cargos de los restantes.
Por lo demás, el sistema entero era puro transfuguismo... Toda la clase política podía y solía fugarse de sus promesas políticas en cuanto el elector dimitía ante la urna... ¡Ahí estaba la base del sistema: en el carácter prófugo de la clase política, desde el momento en que obtenía el acta de diputado...! Desde ese instante, ya no era representante de nadie, sino de sus propios provechos y de las obediencias que hubiera acordado la nomenclatura del partido con los patrocinadores de las siglas...

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Próxima entrega de la novela: sábado, 10 de diciembre.

'Soberano don Nadie'. de Juan Pablo Mañueco. Egartorre Libros. 190 páginas. Madrid, 2005. 14 euros.

Puede adquirir el libro en librerías o realizando un pedido online.

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