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El circo de Chávez
Raúl Tristán
Pucherazo. Eso es lo que se podía esperar de las elecciones del pasado domingo en Venezuela. Y, aunque haya ocurrido de otro modo, el resultado ha sido de índole similar. Hugo Chávez, ese hombre que se dice cercano al pueblo, que presume de su encarcelamiento en la lucha por la causa de las libertades, que se considera digno sucesor de El Libertador Bolívar, no puede evitar que la gruesa capa de maquillaje mediático que cubre su rostro, diría que su figura entera, deje traslucir su verdadera dimensión: Chávez es el típico ejemplar de militar sudamericano al que las estrellas se le quedan cortas, al que el poder omnímodo le llama por encima de aquel que poseía vistiendo el uniforme. Golpista democratizado con delirios de grandeza exudando por todos sus poros.
Tan pronto puede ponerse a cantar como a recitar un poema, hablar en la radio o acaparar la televisión. Lo importante para él es ser el centro del universo, centro de atención permanente y exclusiva.
La elecciones han sido un fiasco. Las fuerzas políticas más importantes de la oposición decidieron no participar en la pantomima. De haberlo hecho, hubieran refrendado con su presencia la victoria del dueño del circo.
Pero Chávez parece ignorar lo ocurrido y se desmarca con una de esas frases tan suyas en las que habla de la muerte de los partidos de la oposición.
¿Pero acaso se puede ignorar una abstención del 75%, a lo que se suma que el 25% restante fueron electores coaccionados?. Nadie puede llamarse a engaño, a Venezuela le queda todavía mucho camino por andar, antes de gozar de una forma de gobierno que realmente pueda calificarse de democrática.
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