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Etiquetas:   Presos de la libertad   -   Sección:   Opinión

Errores judiciales

Eduardo Cassano
Eduardo Cassano
@EduardoCassano
martes, 6 de diciembre de 2005, 23:51 h (CET)
Que la vida es una lucha diaria no es ninguna novedad, a todo el mundo le ocurren cosas buenas y otras menos buenas, pero de un modo u otro se sale adelante. Pero existen algunas personas que de repente un día la vida les marca de tal manera que ya no tiene vuelta atrás ni solución posible tras el daño al que han sido sometidos.

Me refiero a los errores judiciales. Me resulta curioso comprobar la facilidad con la que algunos jueces envían a la gente a la cárcel sin pruebas concluyentes. Sin embargo, hombres que deberían estar en la cárcel por maltratar física y psicologicamente a sus mujeres están en libertad, a pesar de las evidentes pruebas y el terrorífico relato de ellas.

Hay un caso en Francia que demuestra que los errores judiciales no son algo puntual y ninguna persona ni país está a salvo de ellos. El misterio que rodea estos errores es de lo más variado, desde casualidades, anecdotas o sentencias presuntamente compradas por gente con grandes influencias y motivos personales.

Sorprende ver al caso del español Paco Larrañaga, condenado a muerte a pesar de que muchos testigos le situaban en una ciudad lejana a la del crimen por el que está condenado a muerte. Pero esto no es todo, es uno de los pocos casos que llegan a los medios de comunicación. Otros con menos suerte terminan con gente inocente entre rejas o con ejecuciones sin estar completamente seguros de que la persona era culpable. Una pelicula que ilustra a la perfección este hecho es "La vida de David Gale" de Kevin Spacey.

Ayer publicaba "El País" la noticia de un fallo judicial en Francia. Conocido como "El caso Outreau", 14 acusados de pederastia fueron encarcelados gracias a la denuncia de un niño de nueve años, que denunció a sus padres por violadores. Cuando el niño comprobó que sus declaraciones habían llamado la atención de la gente y se inventó otros 10 nombres, rematando además su hermano con otra lista de nombres.

En un delito tan delicado como la pederastia, cuyas personas acusadas quedan marcadas de por vida, es conveniente estar completamente seguros de que los hechos existieron, antes de enviar a la cárcel a gente inocente como en este caso. Hay muchos niños que por desgracia caen en malas manos, pero otros muchos se dejan llevar por la imaginación sin saber el daño que pueden llegar a causar.

Una de las 14 personas que fue encerrada no pudo soportar la presión, el rechazo y las miradas de la gente que no le creía y se suicidó en la prisión. El resto, salvo los padres del niño que sí eran culpables, han sido puestos por fin en libertad, después de muchos meses, tras comprobar que no existe una sola prueba condenatoria. ¿Cómo le devuelve la justicia a estas personas la vida que le han quitado y por qué no pagan los jueces sus errores? No hay dinero suficiente para pagar las indemnizaciones, no existe nada que evite pensar en pederastia cuando su círculo de amistades les miren a partir de ahora de otra manera. El delito es muy fácil de colocar, desprenderse de él es mucho más complicado.

Lo mismo ocurre con los delincuentes de pequeños robos, a los que la sentencia de cárcel les llega años después, cuando ya han formado una família y están reinsertados en la sociedad. También hay muchas denuncias falsas de mujeres, que entorpecen las investigaciones verdaderamente importantes, en cuanto a los malos tratos y las violaciones. Además de ampliar considerablemente el número de juzgados especializados en el tema, la policía debería asegurarse bien antes de proceder a la detención del hombre al que acusa la mujer. La rapidez en estos casos, cuando es una denuncia auténtica va muy bien, pero cuando no lo es ocurren dos graves problemas: una mujer que de verdad corre peligro no está siendo atendida como debería y un hombre inocente ve como su ex pareja le denuncia por venganza.

Es una pena que esto siga ocurriendo y no parece que vaya a dejar de hacerlo. Hoy en día mantener el equilibrio dentro de la legalidad es algo que no sirve de mucho. Sin embargo, cruzar la línea y cometer pequeños delitos no supone ningún inconveniente para un elevada y preocupante cantidad de personas que nos cruzamos por delante cada día, cuyas consecuencias resultan mínimas y se conocen perfectamente todos los límites de la ley.

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