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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Cambios en Kazajstán tras las elecciones

Dmitry Kosyrev
Redacción
martes, 6 de diciembre de 2005, 23:51 h (CET)
La gran intriga de los acontecimientos que están teniendo lugar en Kazajstán está al margen de los comicios presidenciales del pasado 4 de diciembre, o el número de los votos que haya obtenido en las urnas Nursultán Nazarbaev, actual presidente y favorito incuestionable de esa campaña. La mayor interrogante es si el ganador será capaz de impulsar una nueva oleada de reformas cuyo contenido, de momento, no ha trascendido del entorno del líder kazajo pero que son esperadas por buena parte de la población.

Un 75% de los kazajos quieren el cambio, afirma Sabit Zhusupov, director del Instituto de información y previsiones socioeconómicas. Este sociólogo, el más respetado del país y solicitado tanto por la oposición como por los sectores gobernantes, señala que la nueva victoria de Nazarbaev tiene una explicación sencilla: a diferencia de una élite empresarial y administrativa bastante conservadora, el mandatario kazajo simboliza el cambio a los ojos de los electores y lo es en realidad.

El 80% de las empresas kazajas están vinculadas de forma inmediata o indirecta con el Estado, lo cual parece absolutamente inevitable en esta fase del desarrollo de Kazajstán como nación independiente y que hoy es debutante como economía de mercado, sostiene Zhusupov. Semejante vinculación existió también en otras naciones del Este y el Sudeste Asiático, tales como Japón, Corea del Sur, Singapur o Malasia, de las cuales Kazajstán ha intentado copiar el modelo del milagro económico, que ya es un hecho consumado. Lo que pasa es que el Estado, con el transcurso del tiempo, se fue distanciando allí de la gestión inmediata de la economía, vista como una gran corporación nacional.

Propiciar ese distanciamiento es clave para todo, y la pregunta es si el presidente y su entorno sabrán convencer a la élite política y económica, que recién empieza a beneficiarse del éxito largamente esperado, para que acepte nuevos pasos hacia delante. No sería algo inusual para Nazarbaev, quien en diciembre de 1996, en medio de una fuerte nevasca, obligó a los funcionarios a trasladarse hacia la nueva capital en el norte del país, Astaná, donde en aquel momento no había más que un par de hoteles y tres cafeterías. Hoy está claro para todos que la mudanza ha sido un éxito brillante y que ha impulsado el desarrollo económico de Kazajstán en su conjunto.

El traslado de la capital fue, en gran medida, una iniciativa ineludible, como lo son también los futuros cambios. Un crecimiento económico del orden del 9% anual como promedio, como es el caso de Kazajstán, jamás puede quedar impune, así que el Gobierno kazajo, según Zhusupov, afronta ahora una serie de retos inusitados que le pillan bastante desprevenido, entre otros, un éxodo de los campesinos en masa hacia los núcleos urbanos. Las capas sociales más explosivas, por consiguiente, son las zonas rurales, de población mayoritariamente kazaja, y la periferia de las ciudades, que es el receptáculo de esa inmigración. Se trata de un problema que no puede quedar desatendido.

Las fuentes próximas a la presidencia afirman que el 9 de diciembre, tras la victoria de Nazarbaev en las urnas, será anunciada una nueva etapa de reformas, encaminada a “modernizar la gestión” del desarrollo económico.
Sólo podemos hacer conjeturas acerca del cómo será Kazajstán a raíz de estas reformas dentro de siete años, cuando haya expirado el nuevo mandato de Nursultán Nazarbaev, pero el país ya es una verdadera sorpresa para gran parte de sus vecinos.

Hacia finales de 2005, Kazajstán se habrá adelantado a la otrora “hermana mayor”, Rusia, en dos indicadores económicos clave: el PIB per cápita, del orden de US$3.400, y el volumen per cápita de las inversiones extranjeras, que en términos acumulados ya superan US$30.000 millones.
“No pensamos machacar ese tema” – confesó al autor de estas líneas Kasymzhumart Tokaev, ministro de Exteriores kazajo. Tiene toda la razón el diplomático, pues sería una falta de discreción celebrar con bombos y platillos ese adelanto con respecto a Rusia. Aún así, los políticos en Moscú recién se dan cuenta de que no es el tándem Rusia-Ucrania, en contra de las previsiones, el que lleva la voz cantante en el espacio postsoviético. Kazajstán arrebata el liderazgo político y económico a Ucrania, que ha quedado ahora a la zaga, en medio de la indefinición, a raíz de la ‘revolución naranja’. También Rusia le cede ahora a Kazajstán la primacía en muchos aspectos, así que la dupla Moscú-Astaná será clave en adelante para cuanto suceda la zona de la CEI. Algo parecido ocurre en el Asia Central, donde el liderazgo ya no es de Uzbekistán. Todo ello acabará por trastocar muchos conceptos tradicionales acerca de lo que es la Comunidad de Estados Independientes, el espacio postsoviético, etcétera.

Nursultán Nazarbaev lleva muchos años estructurando su política en torno a la idea de que Kazajstán es el “centro de Eurasia” y un “punto de conexión económica y cultural entre China, Rusia y el mundo islámico, que son tres regiones en proceso de expansión vertiginosa”. La vocación eurasiática de Kazajstán no se limita al hecho de que los musulmanes - básicamente, los kazajos, - representan el 57% de la población y los cristianos, mayoritariamente, los rusos, son un 40%, según las estadísticas oficiales. También tienen mucha importancia sus reservas del petróleo y el gas que colocan a Kazajstán entre los cinco primeros países del mundo. La fórmula de la integración kazaja en el sistema de las relaciones económicas internacionales es bastante complicada. Contempla el protagonismo de EE.UU., Rusia y China en la industria nacional del petróleo y el gas; el de Rusia y las naciones europeas, en otros sectores; y todo ello, con un papel especial de Turquía y el creciente interés por parte de la India. Si sumamos a esta fórmula la total ausencia del agresivo radicalismo islámico en Kazajstán, se hace obvio que tenemos delante a una de las potencias regionales más prometedoras del futuro.

Todo ello, claro está, a condición de que los cambios a raíz de esas elecciones avancen con el mismo éxito que han tenido hasta la fecha.

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Dmitry Kosyrev es columnista de RIA “Novosti”.

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