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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Política   Zapatero   -   Sección:   Opinión

Zapatero, un polichinela de la política peligroso

En cuanto a conseguir sacar a nuestra nación de la sima, nada se puede decir en contra del PP
Miguel Massanet
martes, 22 de mayo de 2018, 06:40 h (CET)

El sectarismo de Rodríguez Zapatero y su egolatría un cóctel sumamente peligroso para un político que, con su ineptitud y autocomplacencia, ya consiguió arruinar a España durante su mandato como presidente.


Nadie pudo llegar a suponer, cuando el señor J.L. Rodríguez Zapatero asumió el cargo de jefe del gobierno español sucediendo al señor Aznar en el puesto, que este personaje que iba a hacerse cargo de los destinos de la nación española, iba a ser capaz, él solo, sin necesidad de ayuda externa, únicamente en dos legislaturas, de llevar a lo que era una próspera España, con economía floreciente y un desempleo que no pasaba del 11’5%, a una España en decadencia, agobiada por un desempleo del 22’85% y un déficit público del 9% como consecuencia de dos factores importantes: el primero, por la crisis mundial que se inició con la quiebra en los EE.UU de Lehman Brothers, el 15 de septiembre del 2008, y que se extendió rápidamente por América y Europa, provocando uno de los conflictos financieros más importantes desde la quiebra nacional de 1929 en la nación norteamericana y, por otra, por la pésima gestión llevada a cabo por el gobierno socialista que presidía Zapatero, incapaz de reaccionar ante los primeras señales alarmantes que nos llegaron de los EE.UU, persistiendo tercamente, en una demostración de hasta donde llegaba su inconsciencia para dirigir un país, al no aceptar que España estaba también afectada por el problema internacional y, en un alarde de cretinismo supino, vanagloriarse de que nuestra nación disponía de un nivel de vida superior al de los italianos y, por si no había cometido bastantes errores en sus manifestaciones, advirtiendo temerariamente, ante un grupo de empresarios estadounidenses, que pronto íbamos a superar a la propia Francia.


Cuando, a finales del 2011, tuvo que tirar la toalla y convocar nuevos comicios, España se encontraba en un estado tal de depauperación que, todos los analistas financieros, auguraban que en unos pocos meses se debería someter al control de los famosos “hombres de negro”, los temidos representantes del BCE, el FMI y Bruselas, encargados de intentar salvar a aquellos países que, como consecuencia de su incapacidad para superar la crisis, debían someterse a una disciplina de recortes feroz, que suponía severas medidas en cuanto a jubilaciones, salarios, privilegios, créditos etc. impuestas por Bruselas para que, a cambio de sus ayudas, estrictamente controladas por los hombres de negro, se evitara el subsiguiente crack que, de lo contrario, se iba a producir inevitablemente.


Entonces España y los españoles nos dimos cuenta de la magnitud de lo que se nos venía encima y, por ello, se produjo la aplastante victoria, con mayoría absoluta en las dos cámaras de representación popular, que le entregaba al señor Rajoy la posibilidad de aplicar todas aquellas políticas que eran precisas para atenuar las consecuencias de lo que había sido la desastrosa y fatal gobernanza del señor Rodríguez Zapatero y el PSOE. Las críticas contra los socialistas, su falta de visión de la realidad, su inactividad ante una amenaza que, evidentemente, iba a afectarnos de lleno, especialmente en todo lo relacionado con el sector inmobiliario, se centraron en especial sobre la figura de Rodríguez Zapatero, una persona a la que se le reprochó su evidente incapacidad para gobernar, su falta de visión de la realidad, su sectarismo y revanchismo, impropios de un hombre que daba la apariencia de sensatez y, lo que fue su entrega a satisfacer los instintos más bajos de los más extremistas de sus votantes, como sucedió con la promulgación de una nueva Ley del Aborto de la ministra socialista Bibiana Aído, (aquella que habló públicamente de “miembros y miembras” y en una entrevista en El País) una señora que dejó su impronta de soberbia pronunciando la siguiente frase: “Molesta que alguien como yo esté ocupando poder, un poder que me corresponde, que de manera natural es mío.». Nadie puede extrañarse de que, con ministros de dicha catadura, España corriera desbocada hacia su propio suicidio.


Al PP se le pueden criticar muchas cosas, ha cometido y sigue cometiendo numerosos errores y es evidente que la corrupción que ha tenido lugar entre sus miembros directivos ha conseguido que, muchos de los que los votaron, hayan decidido cambiar el sentido de su voto. No obstante, en cuanto a conseguir sacar a nuestra nación de la sima en la que los socialistas habían conseguido hundirla, nada se puede decir en su contra y la labor de Rajoy y sus ministros de economía y asuntos exteriores, debe valorarse como extraordinaria y sumamente efectiva si nos queremos fijar en la situación actual de nuestra economía, nuestras finanzas, nuestras industrias y nuestro desempleo que, aunque aún está por encima del promedio europeo, es cierto que ha venido decreciendo a medida que la situación del país se ha ido estabilizando. Otra cosa sería, y ello se lo venimos reprochando al PP y su gobierno desde hace años, el que no supo, durante su periodo de mayoría absoluta, deshacer los desmanes cometidos por el PSOE, retirando las leyes que habían promulgado, todas ellas contrarias a los valores en los que se venía sustentando el partido de Fraga, y poniendo freno, cuando se produjeron los primeros síntomas serios del desafío del señor Artur Mas, al disparate separatista que venía exigiendo, del Estado español, la aceptación de un estado catalán independiente. Su mojigatería, su calculación interesada de lo que beneficiaba a sus intereses electorales, su errónea apreciación del peligro de una política tolerante con las irregularidades de los independentistas o su forma de dejarse chantajear por el PNV, para conseguir su apoyo a los PGE; no concuerdan con lo que se esperaba de un partido de derechas, con posibilidades de haber aplicado políticas más enérgicas que hubieran conseguido evitar situaciones no deseadas que, posteriormente, se han venido produciendo de modo que han dejado, como consecuencia, una situación de inestabilidad en la que, desde los organismo de representación pública, hoy en manos de partidos extremistas de izquierdas y sujetos a la voluntad de quienes, entre sus intereses más queridos, se encuentra el cambiar el régimen democrático del que hasta ahora hemos gozado por otro, por supuesto de carácter izquierdista, en el que se prescinda de los valores que hasta ahora hemos mantenido y se nos lleve, como ha sucedido en tantos países subdesarrollados de la América latina, hacia regímenes totalitarios en los que desaparecen por completo las libertades individuales y todo queda subordinado al Estado y a los dictadores que han conseguido apoderarse de él.


El señor Zapatero no hizo, como hubiera sido su obligación y lo que hubiera correspondido a un sujeto que ha sido capaz, por su mal gobierno, de llevar al país al borde de la quiebra, un examen de conciencia y entonado un “mea culpa” desapareciendo, como haría cualquier persona sensata que haya tenido sobre sí la carga de haber sido responsable de la desgracia de muchos españoles; antes al contrario, incapaz de reconocer sus errores, convencido de que todos estaban equivocados menos él, y seguro de que, sin su aportación, España y el resto del mundo saldrían perdiendo; decidió empezar su cruzada particular y, para ello, no dudó en involucrarse en el grave conflicto que afecta a los venezolanos, bajo la dictadura de este cabeza de turco, impresentable como persona y un matarife irredento como gobernante, al que se le conoce como Nicolás Maduro que, olvidándose de los más elementales principios democráticos, no ha dudado, para protegerse y proteger a su camarilla de adictos que lo apoyan, a ejercer sobre el pueblo venezolano la más abyecta opresión, impidiéndole que ejercite sus derechos democráticos para poder elegir libremente a un gobernante que fuera capaz de acabar con tan infausta forma de dictadura.


Zapatero ha sido quien ha intervenido en las negociaciones inconclusas con los miembros de la oposición, él quien ha salido en público para intentar defender lo indefendible, como ha sido la convocatoria de unas elecciones, solamente con el propósito de perpetuarse en el poder, sabedor de que, la oposición, no se dejaría arrastrar por esta burda trampa y decidido a conseguir ganar aunque, para ello, a pocos metros de cada colegio electoral, hubiera puestos donde, acreditando haberle votado, se les concedía determinadas ventajas o suministros a los que los visitasen. Ciego ante tanta corrupción, obnubilado por su soberbia que lo ha llevado a considerarse un personaje importante, Zapatero no se ha dado cuenta o no ha querido admitirlo, de que se ha convertido en una marioneta más al servicio de la causa de Maduro, ejerciendo de portavoz de una causa que ha sido el motivo de que, en Venezuela, la mayoría de sus ciudadanos estén pasando una hambruna a causa a la falta de suministros, falta de medicinas, falta de libertades y opresión propiciada por las propias FF.AA, responsables de ser el único apoyo firme que tiene Maduro para evitar ser derrotado y apartado del poder. La oligarquía de quienes tienen en sus manos el petróleo de la nación, a la que se la podría designar como dictadura militar, permite que los partidarios de Maduro, los únicos que han conseguido beneficiarse del régimen de terror que ha implantado en su país el dictador, sean los que vivan mejor, que sean los dueños de las calles y que permitan que, en un mismo país se permita que existan dos parlamentos, el uno elegido libremente por el pueblo, el otro, designado a dedo por Maduro, con el “sabio” consejo de este Ché Guevara de vía estrecha, en el que se ha convertido, para vergüenza de España y de los españoles, este señor al que se le debería de haber inhabilitado para seguir ejerciendo la política debido a que, como ya anunciamos cuando se supo que formaría parte de una comisión, juntamente con el Vaticano, encargada de mediar ante Maduro para conseguir la reconciliación del pueblo venezolano. Ni el Papa, evidentemente mal informado y arrastrado por este peronismo del que parece que sigue afectado ni el expresidente español, eran los más aptos para evitar que, un astuto Maduro, no se aprovechara de la circunstancia para hacer propaganda de su régimen ante el resto de naciones que, seguramente, interpretaron que estando Francisco en la comisión las posibilidades de éxito aumentaban.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, tenemos que insistir en el hecho cierto y demostrado de que, el señor J.L. Rodríguez, es un peligro para todas las democracias que tengan la debilidad de permitirle intervenir en sus asuntos internos. En aquellos países en los que mete baza, con su palabrería demagógica, con sus maneras aparentemente inofensivas y con sus ideas corroídas por el convencimiento de que, su misión en este mundo, es constituirse en salvador de los necesitados sin que, en su cerrazón mental, sea capaz de distinguir entre quienes son opresores de su pueblo de aquellos que, por el contrario, trabajan en su favor y para conseguir una mejor situación y nivel de vida dentro de un Estado defensor de la libertad de empresa, de la libre iniciativa, de las mejoras sociales y de una sanidad capaz de atender a quienes tiene necesidad de ser atendidos por ella. Zapatero, señores, no es la persona capaz de conseguir otra cosa que no seas acabar de hundir en la miseria a quienes intentan, de mala madera, agarrarse a un clavo ardiente para sobrevivir. ¿Será verdad eso que se dice de que actúa con el beneplácito del actual gobierno de España? Espero que sólo se trate de una broma.

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