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¿Será posible separar el terrorismo de la resistencia en Irak?

Marianna Belenkaya
Redacción
martes, 6 de diciembre de 2005, 05:45 h (CET)
Igor Ivanov, secretario del Consejo de Seguridad de Rusia, hace más de dos semanas arribó inesperadamente a Bagdad. Fue la primera vez después del derrocamiento de Sadam Husein que un funcionario ruso de tan alto rango visita Iraq.

Antes llegaban sólo representantes de aquellos países cuyos contingentes militares están presentes en territorio iraquí. El primer ministro de Iraq, Ibrahim al Jaafari, ha manifestado que la visita de Igor Ivanov a Bagdad abre nuevas perspectivas para las relaciones bilaterales. Desde ahora, las autoridades iraquíes no van a tener pretexto para quejarse de que los políticos rusos no quieran ver con sus propios ojos aquello que sucede en Iraq. Igor Ivanov quiso verlo y vio: su rueda de prensa coincidió en tiempo con un atentado de turno perpetrado en Bagdad, y precisamente el problema del terrorismo fue el tema número uno de sus negociaciones con los dirigentes iraquíes. Apoyamos los esfuerzos que Iraq desarrolla en la lucha antiterrorista, el país puede contar con nuestra ayuda, manifestó Ivanov. Según declaraciones anteriores hechas a RIA “Novosti” por fuentes en el Gobierno de Rusia, en Moscú ven la diferencia entre los terroristas y quienes están luchando contra la ocupación. Pero el problema consiste en que antes se podía trazar una línea divisoria entre ellos, mientras que ahora los dos grupos se han fundido. Como resultado, de los atentados sufre en primer lugar la población civil de Iraq. A los parientes de las víctimas les da igual si les dieron muerte unos terroristas o unos luchadores contra la ocupación. Pero, según señalan las fuentes, ello no significa que no se pueda ponerse de acuerdo con quienes dicen representar a las fuerzas patrióticas de Iraq y combatir contra la ocupación. “No se debe cerrar la puerta ante ellos. Los métodos de fuerza solos no valen en tal situación.

La Historia conoce numerosos ejemplos cuando en aras de lograr estabilidad cerraban los ojos ante el pasado de unas u otras fuerzas políticas, por ejemplo, así se procedió con la Organización para la Liberación de Palestina o el Ejército Republicano de Irlanda. Pero, al propio tiempo, ni tratarse puede de sostener negociaciones con los mercenarios y miembros de las organizaciones terroristas internacionales”, subrayan las fuentes. Rusia y los países árabes desde hace mucho exhortan a las diversas fuerzas iraquíes a sentarse a la mesa de negociaciones. Un intento de turno se hará próximamente. A comienzos del año que viene, la Liga Árabe tiene previsto organizar bajo su égida una conferencia de reconciliación entre las diversas fuerzas de Iraq. La reunión preparativa está fijada para el 19 de noviembre (El Cairo), o poco menos de un mes antes de celebrarse las elecciones parlamentarias en Iraq. En el encuentro van a participar tanto iraquíes como representantes de la UE y la ONU. De momento nadie abriga demasiadas ilusiones con respecto a esa reunión, pues tales intentos también se hacían antes. Todo depende de si van a participar en la conferencia delegados de la oposición iraquí: si los van a invitar y si ellos mismos lo quieren o no. Es que entre los curdos y los chiítas resuenan las voces de que en la conferencia no puede haber lugar para los “terroristas y los baasistas”. También la comunidad sunnita (la fundamental base social de la resistencia iraquí) ha fijado varias condiciones de su participación en el foro, exigiendo reconocer antes que nada la existencia de una resistencia -distinta al terrorismo– a la ocupación extranjera y elaborar un calendario de la retirada de las tropas extranjeras de Iraq. Sí, desde el punto de vista jurídico la ocupación de Iraq terminó, y el poder fue entregado a los dirigentes nacionales, pero la realidad es distinta. Precisamente las fuerzas multinacionales están determinando la vida diaria de los iraquíes, desde las rutas de su desplazamiento hasta la realización de operaciones de combate. Además, lo hacen sin coordinarlo a menudo con las autoridades iraquíes, afirman las fuentes. Según éstas, los propios estadounidenses que se encuentran en Iraq, en sus pláticas y la correspondencia semioficiales en vez del término “fuerzas multinacionales” utilizan el de “fuerzas de ocupación”. Será un matiz solamente, pero precisamente de tales matices se configura la situación en el país.

Existe otro aspecto importante: es el principio de distribución de cargos que prevalece hoy día en Iraq. Es que no se toma por el punto de referencia la correspondencia profesional de una u otra persona al puesto que pretende ocupar, sino que su origen étnico y confesional. En todos los organismos administrativos prevalece este enfoque, a menudo en detrimento de la eficacia de su funcionamiento. El intento de conseguir paridad étnico-confesional en los escalones supremos del poder no es nuevo, se da no sólo en Iraq y se emprende siempre que se pretende lograr estabilidad en una sociedad heterogénea. Pero en Iraq dicho esquema funciona de un modo unilateral, sostienen las fuentes. En el campo de los sunitas, a diferencia del de los curdos y los chiítas, los líderes políticos se han visto al margen del poder. Además, los sunitas, aunque participan en el proceso político, no determinan la situación ni entre las autoridades ni en las filas de la oposición que sigue oponiendo resistencia. El problema consiste en cómo se puede invitar al diálogo a aquellos que continúan luchando. En otro caso no se podrá lograr la estabilidad. En ello podría ayudar quizás una mediación internacional, entre ello por parte de Rusia. Según muestra la práctica, un mecanismo internacional -como, por ejemplo, el “cuarteto mesoriental”- resulta ser más eficaz y objetivo que los esfuerzos de mediación por parte de un país dado. Pero las autoridades del propio Iraq de momento no están interesadas en que se diseñe tal mecanismo. Por lo cual sólo queda ponernos a esperar para ver con qué va a terminar el intento de turno de conseguir reconciliación.

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Marianna Belenkaya es analista de RIA “Novosti”.

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