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Etiquetas:   El arte de la guerra   -   Sección:   Opinión

Los tiempos adelantan que es una barbaridad

Santi Benítez
Santi Benítez
lunes, 5 de diciembre de 2005, 01:45 h (CET)
“Los tiempos adelantan que es una barbaridad”. Es una frase vieja que ya se decía en la Zarzuela “La verbena de la Paloma”. Sin embargo, aún siendo tiempos en los que las noticias son conocidas en segundos en todo el planeta, tiempos en los que las personas se comunican a diario con gente del otro lado del globo, seguimos a partir un piñón con las penalidades que sufrían nuestros abuelos, por lo menos aquí en Canarias. En estos casos no porque la tecnología para paliar dichas penalidades no exista, o porque el Estado no se preocupe en crear las normativas suficientes para que las empresas no impongan servicios deficientes. En este caso porque las normativas no son respetadas por monopolios que obtienen millones de beneficios y no invierten en la modernización y adecuación de los servicios que prestan a la ciudadanía.

No fue el Katrina, pero este principio de semana en las islas Canarias ha sido un verdadero desastre. Y ha sido un desastre no porque los servicios públicos hayan fallado, todo lo contrario. Los servicios de auxilio y protección públicos han funcionado a las mil maravillas, y eso que se han encontrado con que la incapacidad de comunicación de la ciudadanía, e incluso, en ocasiones, sobre todo el martes, la incapacidad para poder comunicarse entre dichos servicios públicos. Por no hablar de que ahora mismo, estoy escribiendo este artículo el viernes, 2 de diciembre, gran parte de Tenerife sigue sin luz eléctrica y en Las Palmas la mayoría de las líneas de telefonía fija fuera de la capital están afectadas, yo mismo estoy sin teléfono desde el lunes, 28 de noviembre.

Es evidente que en medio de una tormenta tropical es lógico que se produzcan desperfectos que afecten a servicios como los de electricidad y comunicaciones. Lo que no es lógico es que en la geografía insular sigan existiendo torretas eléctricas comidas por la herrumbre que al caerse dejen sin luz a media isla de Tenerife, destrozando coches y casas. Porque de todos es sabido que esos cables deberían estar bajo tierra, no bailando expuestos a las inclemencias del tiempo. Y también está claro que el cableado de telefonía fija debería estar bajo aceras y enterrado, no pegado a paredes exteriores de edificios o colgando de postes de madera. La pregunta que se impone es, si esto es evidente, ¿Porqué no se hace? ¿No existe una normativa específica que regule el servicio prestado por estas empresas que, hablando de todo un poco, dan estos servicio en régimen de monopolio absoluto?

Estas dos empresas, Telefónica y Unelco/Endesa, facturan miles de millones de €uros al año en el archipiélago. ¿Se reinvierte algo de ese dinero en la mejora del servicio y su adecuación a la orografía de las islas? No. En el caso de Unelco/Endesa, ¿Existe alguna razón para que, tres días después de que cayeran dichas torretas, aún no se haya restituido el servicio? No. El gobierno de Canarias ha abierto expediente informativo a la empresa, ¿Se sancionará como merece este desaguisado? No, porque Unelco/Endesa está por encima de las sanciones administrativas. Su incumplimiento de la normativa vigente es público y notorio y no por ser sancionado deja de ocurrir; desde torretas comidas por la herrumbre, torreones cuyas normas de seguridad incumplidas provocan cánceres ya que están en medio de poblaciones, cableados que pasan sobre casas y así un largo etcétera. En el caso de Telefónica, ¿Es de recibo que no se modernicen las centralitas, para que el cableado esté pegado a las paredes de los edificios incumpliendo la normativa que los obliga a poner dicho cableado bajo las aceras, a que en el año 2005 aún haya cableado telefónico colgando de postes de madera? No, porque la inversión para el cumplimiento de dicha normativa es ínfima en comparación a lo que facturan anualmente en las islas.

Si todo esto es así, ¿Porqué no se soluciona? Y aquí la culpa si es de la administración pública. Las sanciones al incumplimiento de la normativa vigente deberían ser inmediatas y contundentes. E incluso repetitivas si dichas empresas siguen empeñadas en no hacer nada al respecto.

No dejo de pensar que si esto fuera Luisiana y estuviéramos inmersos en una economía de libre mercado salvaje sin regulación, ¿Qué hubiera pasado? Porque si esto ha ocurrido con una normativa que regula tanto el servicio como el restablecimiento del mismo, ¿Qué ocurriría sin dicha normativa? (Mejor no lo pienso demasiado que me veo en el viejo estadio de la Unión Deportiva de Las Palmas con gente famélica a mi alrededor y policías disparando a la gente por robar comida... brrr).

Suena de fondo “In the shadow of the valley of death” de Marilyn Manson…

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