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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

El pasado y el proyecto

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 4 de diciembre de 2005, 08:13 h (CET)
"Las recreaciones del pasado plantean dilemas de autenticidad inextricables. Toda reliquia expuesta en un museo es un engaño por cuanto ha sido arrancada de su contexto original."

Mark Jones. Fake: The Art of Deception.

Lo que ocurrió en un tiempo pretérito no existe ahora, ni tampoco ese futuro siempre quimérico del que tanto se habla. ¿Fueron? ¿Serán? Lo objetivo, lo real como totalidad, no va a ser posible para esos dos compartimentos, pasado y proyectos de futuro. Parcialmente, pequeños retazos de uno u otro, sí los podremos trabajar o insinuar desde nuestra actuación en el presente más inmediato. ¿El pasado es como queramos nosotros? ¿El futuro? De ninguno de los dos nos podremos apropiar, aunque lo pretendamos.

Las actitudes y valoraciones con respecto al pasado adolecen de los intereses, afectos o maldades de la gente actual; son como pinceles manipuladores que van trazando el dibujo, a la fuerza, porque no tienen la capacidad para la extracción de la realidad genuina, verdadera.

Si de un modo visceral recurrimos a la historia, seguimos apreciando fusilamientos de la guerra incivil, "sacas" de sacerdotes y otras gentes para asesinarlos, Paracuellos, o más recientemente, actitudes tolerantes y melifluas hacia comportamientos terroristas. Se cumple la frase de Mark Jones, sucesos arrancados de su contexto, reconvertidos en engaños y manipulaciones. Se añade el trágico énfasis de callar unas cosas y realzar otras, en definitiva usarlas como propagandas ideológicas permanentes. No veo por ninguna parte el interés de una sinceridad ecuánime y superadora. Quizá no sea posible.

Algo similar ocurre en relación con actitudes menos beligerantes y en diferentes áreas culturales. ¿Se puede hablar de cuáles fueron las intenciones de Cervantes? ¿Quién las decide? ¿Convivieron realmente judíos, musulmanes y cristianos? ¿De verdad no nos comportamos como racistas? Ante cuestiones de hechos acaecidos con anterioridad habrá que convenir en su autenticidad muy problemática.

De ahí que lo importante sea el ¿Cómo se recuerdan? y algo básico ¿Para qué? Los criterios utilizados no se pueden esquivar, pero a su vez retratan el plan establecido de cara al futuro, no se pueden esconder tan fácilmente. Si los autores de hechos aborrecibles -fusilamientos, sacas de convecinos por ideas distintas, Paracuellos, atentados, violencia doméstica-, o sus defensores, no son capaces de entender el daño provocado a los contrarios, o tampoco reprueban los actos de sus próximos, entonces es que no hay nada pendiente de una discusión.

En esa situación de no reconocimiento de las barbaries, Isaiah Berlin comentó que existen muchos principios morales, pero no infinitos; defender ese tipo de maldades u otras, se sale de la esfera humana. Se entra en la llamada IDIOCIA MORAL; por muy ilustrados defensores, gente de altos cargos o mucho poder en su favor, no se aminorará el calificativo de idiotez moral.

Regodearse en la crueldad, el engaño, bestialismos, torturas, no son aspectos antiguos ni modernos, se han perpetrado en todas las épocas de la ¿humanidad? . Que ocurrieran por primitivismo o incultura lleva consigo su atenuante evidente; las disculpas no se ven por ningún lado cuando se desarrollan estos comportamientos en estos momentos de tantas facilidades para acceder a la cultura. Sin embargo, ¿Cómo ofreceremos una respuesta adecuada?, y aún peor, cómo proyectaremos un futuro saludable si el único criterio de ensamblaje social radica en no hacer valoraciones y admitir con igual peso todas las opiniones. Por definición, estamos entrando en un concepto de AUSENCIA de PROYECTO con criterio. Cada mal aire generará una tormenta, y todos sin frenos ni cortapisas. Sólo es cuestión de soplar fuerte.

Para la solución esperamos magias foráneas, como asombrados de los diferentes desmanes presenciados. ¿Cómo el estado no garantiza nuestra seguridad? ¿Cómo no se respetan mis creencias? Es todavía peor, tampoco sirven los diálogos porque no se efectuan sobre una base constructiva de elaboración de razonamientos; se transforman en pura cuestión numérica. La dictadura de los números y estadísticas. Parece más bien que la dirección camina opuesta a la de las personas, estas debieran adaptarse a los entramados más sibilinos.

La corrección de estos enfoques exige una valoración de las situaciones, imaginación, colaboración y esfuerzo; un PROYECTO que merezca esa denominación.

Para ello han de evitarse algunos desbarajustes usuales. Se intenta manejar la historia como un puzle, cuando no conseguimos ni aproximarnos a sus motivaciones. Accedemos a todo lo ocurrido en el planeta, mas no parece afectarnos lo más cercano. Cada uno se preocupa sólo de su trayectoria personal. Estos serían los tres excesos de tiempo, espacio e individualismo comentados por Marc Augé.

A los que enseguida añado otros dos, el iluminismo tendencioso por el cual cada mequetrefe de turno trata de pontificar, sin admitir réplicas, ni mucho menos correcciones. El segundo, es un desbarajuste monumental, tremendo y muy practicado, el de los silencios interesados. No se habla de Dios, no hay Dios.

O somos capaces de reconducir un PROYECTO VITAL más adecuado a lo que representamos los humanos; o, simplemente, disfrutaremos, toleraremos, o lamentaremos los ambientes contemporáneos.

Además, las mejores cosas no se compran.

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