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Dilema después del accidente

Pascual Falces
Pascual Falces
domingo, 4 de diciembre de 2005, 07:04 h (CET)
Los incontables comentarios leídos y escuchados después del accidente del helicóptero en que viajaban Rajoy y Esperanza Aguirre, más alguna persona más, son unánimes en considerar como afortunado el desenlace del mismo. Incluso, como en todo accidente aéreo, se ha abierto la consiguiente investigación que pueda esclarecer las causas que hicieron precipitarse la aeronave contra el suelo. Es la hora de las indagaciones técnicas y no de las especulaciones. Como se dice, bien está lo que bien acaba.

Más, lo que pudo haber ocurrido si hubiera tenido fatales consecuencias y el presidente del principal partido de la oposición, acompañado de una de las figuras políticas del PP destinadas a sucederle, hubieran muerto, la sombra del atentado hubiera planeado sobre la opinión pública del país con sus más negros augurios. Sobrecoge la idea de que esto hubiera sido así, tal como están complicando la política en España, y la participación entre la gente, que, de ella, esparcen los medios de comunicación. ¿Cuesta pensar en el escalofrío que hubiera recorrido a los diez millones de votantes de ese partido durante la misma tarde? O, como se dice de antiguo, a una de las dos “españas”. Los dedos se les hubieran hecho “huéspedes”.

Echando mano de la historia, del siglo pasado, el país vivió una circunstancia parecida: Unos días antes del alzamiento militar y civil que dio al traste con la Segunda República, el jefe de la oposición, José Calvo Sotelo, como bien se sabe, y el que no lo sepa sólo tiene que echar mano de cualquier libro de aquellos tiempos, fue sacado de su casa por elementos de la policía del Estado, y asesinado con dos tiros en la nuca, y dejado su cadáver en la puerta del cementerio por el mismo vehículo que lo secuestró. Y fue el grito de alarma que dio como resultado el chispazo del terrible conflicto fratricida llamado “guerra civil”.

¿Se dan las circunstancias para que se repitiera la historia? Sobre esto existen muchas opiniones, y, lo que es mejor, todavía, mucha indiferencia nacida por el relevo generacional y por las ocupaciones de estos tiempos tan distintos de aquellos, pese a quien pese. Algunos quisieran revivirlos, llenos de resentimiento o de una interpretación personal de la justicia. No saben lo que dicen, y, apurando, ni donde viven. El país, el día del accidente, estaba en vísperas del gran puente festivo de diciembre, y la Dirección General de Tráfico pendiente del mayor y más difícil desplazamiento simultáneo de vehículos por las carreteras de España. Hacen bien en disfrutar estas mini-vacaciones, la subida de las hipotecas no es para menos. Esas cosas no pasaban durante el año 1936.

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