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Lidiar con trabajadores "incompetentes", según Otto Walter

Comunicae
miércoles, 16 de mayo de 2018, 15:16 h (CET)
Hay que diferenciar siempre entre quien no sabe pero quiere aprender, y los que demuestran una notable incapacidad y falta de interés por mejorar y desarrollarse. Es decir, el competente en potencia a falta de formación o experiencia, y el "incompetente" confirmado. Cualquiera puede ser un "incompetente" si está en un trabajo que no encaja con sus habilidades, valores y capacidades. Nadie vale para todas partes y todos los trabajos

¿Hay trabajadores “incompetentes”? Por supuesto. Existen y están en todos los niveles. Se pueden encontrar “incompetentes” en el puesto más bajo de una estructura laboral hasta en el más alto de los cargos ejecutivos de la empresa. De hecho, cualquiera persona puede ser uno si está en un trabajo que no encaja con su perfil. Sócrates ya dijo que el principio de todo aprendizaje está en el reconocimiento de la propia ignorancia. Negarse a admitir que uno no está a la altura de lo que le están pidiendo a pesar de los múltiples avisos es la primera gran incompetencia que da cancha a las demás y niega la misma posibilidad de aprendizaje.


Según Paco Muro, presidente de la multinacional experta en gestión de los procesos de transformación de directivos y mandos Otto Walter, nadie vale para todo ni para todas las empresas. “Un trabajador puede ser válido en un puesto o actividad y ser un inútil en otra. Es más, un empleado puede desarrollar de manera excelente su trabajo en una empresa y no en otra donde los valores, las exigencias y las maneras de hacer sean diferentes, y eso lo vemos a diario”, afirma Muro.


Hablar de incompetencia es siempre delicado, pero existe y está presente día a día en el entorno y en cada ámbito de la vida. Y perjudica enormemente a los empleados o compañeros que hay alrededor. Pero es necesario para mejorar y resolver los posibles casos de incompetencia.


Detectar a un profesional “incompetente” no suele ser complicado. Cuando surgen dudas respecto a la valía de una persona surgen las primeras señales de alarma. El presidente de Otto Walter, asegura que “con las personas competentes no hay dudas: funcionan y responden desde el principio, y mejoran apenas les indicas lo que deben corregir o modificar para progresar”. El problema surge a menudo porque quien eligió a esa persona no asume su equivocación y falta de acierto al elegirla. “Problema que se agrava si coinciden dos “incompetentes”: el que no encaja en el trabajo y el que lo mantiene ahí sin hacer nada.” Añade Muro.


Sin embargo, hay que tener cuidado y saber diferenciar perfectamente entre quien muestra alguna incompetencia por falta de formación, preparación o adaptación y quien se muestra incompetente de manera despreocupada, sin asumir nada, buscando siempre el culpable en otros y sin ánimo ni capacidad para mejorar.


En el primero de los casos hay que dar la oportunidad de aprender. Todo el mundo tiene algo que aprender siempre y nadie nace sabiendo. Hace unos días en un reconocido hospital privado, no renovaron un contrato a una nueva asistente sanitaria que tiene un verdadero don para tratar con enfermos graves y terminales. La razón fue porque no supo hacerse y manejar el complejo programa informático interno, pero cuando trató de que alguien la formara nunca recibió respuesta. Y cuando acudió motu proprio a otras “compañeras” más veteranas para que la ayudaran recibió como respuesta: “¡aprende sola como tuvimos que hacer todas!” ¿Quién es la “incompetente” ahí?


En el caso de incompetencia manifiesta y a voluntad si no mejora habiéndole brindado las oportunidades, feedbacks y apoyos suficientes, hay que tomar la decisión justa y coherente por el bien de todos. Seguro que hay alguien maravilloso por ahí que sería feliz en ese puesto y haría feliz a todo el equipo, y quizá haya un puesto para quien sale donde sí podrá aportar lo que tenga. Pues cuanto antes mejor. Pero antes de esa decisión es preciso asegurarse de que se actúa correctamente a través de las siguientes preguntas:


¿Se le ha explicado de manera clara lo que debía hacer?, ¿Ha recibido ayuda o colaboración cuando lo ha necesitado?, ¿Ha preguntado sus dudas y alguien se las ha resuelto?, ante los primeros desajustes, ¿se ha dedicado tiempo a enseñar al trabajador cómo debía hacer su cometido?, si hubo fallos reiterados, ¿se ha corregido después de forma adecuada y con firmeza haciéndole saber lo que debía hacer y lo que estaba haciendo mal o de manera insuficiente? y ¿Seguro que no hay incompetencias organizativas que hacen que esta persona no encaje?


Las respuestas a este listado permitirán decidir qué hacer, y en el caso de que sea conveniente prescindir del trabajador “incompetente”, aportarán la legitimidad moral necesaria para llevar adelante la decisión con coherencia, justicia con los demás y fortaleza. “Por lealtad al equipo y a la empresa, hay que saber actuar para que estén en el equipo los que merecen estar, no hacerlo así es traicionar a todos. Jardinero que no sabe podar, jardín que no triunfa”, concluye Paco Muro.


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