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Las dificultades del Protocolo de Kioto

Tatiana Sinitsina
Redacción
sábado, 3 de diciembre de 2005, 05:49 h (CET)
La undécima sesión de la conferencia de las partes signatarias del Convenio Marco de la ONU sobre el Cambio Climático, (Montreal, 28.11 - 9.12), es el primer encuentro de los países en que ha entrado en vigor el Protocolo de Kioto. Entre sus objetivos figuran los de aprobar los actos derivados de éste, concretamente los convenios de Marakkesh, crear las estructuras internacionales imprescindibles para el funcionamiento de los mecanismos del Protocolo de Kioto y dar comienzo a las negociaciones oficiales sobre los compromisos a asumir después de 2012.

Serguey Kuraev, director de los programas ecológicos del Centro Ecológico Regional de Rusia, subraya: no descartamos que los debates puedan transcurrir en un ambiente de tensión debido a que EEUU mantiene una posición intransigente con respecto al Protocolo, además, muchos de los países en desarrollo no quieren asumir compromisos con respecto a la reducción de los escapes de los gases de invernadero. Ello no contribuye a la feliz realización del programa de disminución de la presión antropogénica sobre la atmósfera, previsto en el Protocolo de Kioto.

En opinión de Kuraev, con ello se pone en tela de juicio el cumplimiento de este documento internacional, único por su carácter. Lamentablemente, en Rusia su realización también avanza mal, y hasta se ha estancado. Al decidir ratificar el documento hace un año, Rusia, junto con asumir nuevos compromisos internacionales, obtuvo la posibilidad de atraer inversiones complementarias. El comienzo era muy enérgico. Inmediatamente después de la entrada oficial en vigor del Protocolo de Kioto (febrero de 2005), el Gobierno federal aprobó el Plan Integral de su realización y en mayo instituyó una comisión interdepartamental ad hoc llamada Kioto.

El tiempo pasa, pero los resultados concretos no se ven. Los plazos previstos en el Plan Integral se incumplen en todos los puntos. Hasta hoy día no está aprobada la base legal de funcionamiento de los mecanismos de Kioto, no se ha creado el sistema nacional de registro de los escapes del CO2, no existen datos de su absorción por los sistemas ecológicos de Rusia: los bosques, los pantanos, etc. Además, para el feliz funcionamiento de los mecanismos de Kioto hace falta tanto articular un sistema de registro y monitoreo de los escapes como definir los respectivos derechos. Por todo ello es prematuro hablar de los compromisos que el país tendría que asumir después de 2012.

Las demoras pueden tener su explicación en el hecho de que diversos elementos de la base legal estén elaborándose por diversos organismos: el Ministerio de Desarrollo Económico y Comercio, el Ministerio de Recursos Naturales, el Comité Nacional de Meteorología, etc. Pero el conocimiento de las causas ayuda poco en nuestro caso. Por ejemplo, debido a que no está concretado el procedimiento de elaboración y aprobación de proyectos de realización conjunta, tardan en llegar a Rusia los inversionistas interesados en nuestros hidrocarburos. Aquellos unos cuantos convenios que fueron concertados el último verano se encuentran en etapa de denuncia. El Gobierno no ha aprobado hasta el momento dos contratos que firmó el Fondo Energético de Hidrocarburos de la sociedad anónima Sistema Energético Unificado de Rusia con la Agencia de Protección del Entorno de Dinamarca (sin lo cual es imposible su realización). Según esos documentos, se prevé disminuir los escapes de gas carbónico en las empresas JABAROVSKENERGO y ORENBURGENERGO.

Al Protocolo de Kioto lo espera en Rusia un destino nada fácil, al parecer. Primero se sostuvieron largos y encarnizados debates en torno a su ratificación, y ahora se dan largas a su realización. La causa fundamental de lo que tenemos actualmente radica en que en Rusia no existe estrategia nacional de regulación de los escapes de los gases de invernadero, la que ha de servir de elemento básico para determinar la política del país, tanto interna como exterior, en materia de cambios climáticos. De ahí proviene el aplazamiento de la aprobación de varios documentos, leyes, actas legislativas, etc. El Gobierno y la sociedad ciudadana no saben cómo se debe resolver el problema, qué hace falta hacer concretamente para disminuir la presión antropogénica sobre el sistema climático, dice Serguey Kuraev. - A mi modo de ver, ello a su vez es consecuencia de un problema aún más profundo y grande: en el país no existe política ecológica como tal.

Al propio tiempo, existen dificultades subjetivas, propiamente rusas, de la realización de los postulados del Protocolo de Kioto. Según Kuraev, la
participación de Rusia en cualesquiera transacciones de comercio de los
derechos a escapes de gases de invernadero está politizada en alto grado.

Los respectivos ministerios y departamentos no desean asumir la responsabilidad por la realización del Protocolo de Kioto, esperando pasivamente propuestas de los inversores potenciales. En el país prosigue la actividad de ciertos grupos que se manifiestan en contra de la participación de Rusia en el Protocolo de Kioto. No pueden menos que preocupar las declaraciones, que se hacen en diversos niveles, de que se trata de una carta ya jugada" o de una página ya vuelta", por lo que se puede no enfocarlo con mucha seriedad.

Sea como fuere, existe un criterio indiscutible en el enfoque del problema: la Federación de Rusia está obligada a cumplir los compromisos asumidos con respecto a la Convención Marco de la ONU sobre el Cambio Climático y el Protocolo de Kioto adjunto a ésta.

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Tatiana Sinitsina es comentarista de RIA Novosti.

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