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La destrucción de un arsenal químico

Víctor Litovkin
Redacción
viernes, 2 de diciembre de 2005, 01:34 h (CET)
Hoy, el 1º de diciembre, entra en servicio la segunda planta rusa para la destrucción de armas químicas, situada en la localidad de Kambarka, en la república de Udmurtia. Hacia 1993, cuando estos arsenales fueron prohibidos por una convención internacional, Rusia ocupaba el primer lugar del planeta en cuanto a las reservas de substancias tóxicas, con 40.000 toneladas. Le seguía EE.UU., con 36.000 toneladas. Para finales de 2007, en Kambarka deben destruirse 6.349 toneladas de luizit, sustancia tóxica similar al gas mostaza, que se guardan hoy en enormes vagones cisterna inmovilizados sobre plataformas de hormigón.

Con una capacidad superior a 2.500 toneladas anuales, la factoría de Kambarka permite conseguir el objetivo previsto sin mayores problemas, especialmente porque Rusia ha acumulado ya vasta experiencia en su primera planta destructora de armas químicas, en Gorny (Provincia de Saratov), donde se almacenaban 1.143 toneladas de lewisita e iperita susceptibles de liquidación para finales de este año. Las reservas de iperita ya están prácticamente destruidas, así que sólo falta someter a la desintoxicación 241.3 toneladas de lewisita para finales de diciembre, según el informe presentado por el subjefe de la agencia industrial rusa, Víctor Khokhlov, a la Organización internacional para la proscripción de armas químicas, con sede en La Haya.

Hasta la fecha Rusia ha destruido también todos los arsenales químicos de tercera categoría, es decir, las municiones químicas inactivas y los dispositivos para su uso, entre ellos, cargas de pólvora (un total de 330.024 unidades), así como las armas químicas de segunda categoría, como el fosgeno. La tercera categoría comprende sustancias menos tóxicas pero igualmente nocivas, como lewisita o iperita, y los gases paralizantes tipo zarín, soman y VX.

Siete de las ocho plantas químicas sujetas a la destrucción han sido desmanteladas ya, y la octava deberá eliminarse para el 29 de abril de 2007. Las restantes 16 fábricas, de un total de 24 que fabricaban armas químicas en los tiempos de la URSS, serán reconvertidas en empresas civiles, tal y como Moscú se ha comprometido ante La Haya. Una docena de esas plantas han sido certificadas ya para la producción de bienes comerciales, y las otras cuatro están pendientes de recibir los permisos necesarios.

Hacia finales de este año habrá entrado en funcionamiento el primer grupo de la planta destructora de armas químicas en la localidad de Maradykovsky (Provincia de Kirov), destinada para la desintoxicación de las sustancias tóxicas contenidas en las municiones de artillería o en las ojivas de misiles tácticos y operativos. En este poblado se almacenan 6.890 toneladas de gases VX, de las cuales casi 4.300 serán destruidas para el 29 de abril de 2007, según afirmó a RIA Novosti Víctor Khokhlov.

Las tres plantas mencionadas permiten a Rusia destruir para esa fecha más de 8.000 toneladas de sustancias tóxicas, con lo cual Moscú podrá dar por cumplida la segunda fase del proceso de liquidación acordado con la comunidad internacional.

Paralelamente va avanzando a ritmos acelerados la construcción de otras cuatro plantas destructoras – en Kizner (Udmurtia), Schuchie (Provincia de Kurgan), Pochep (Provincia de Briansk) y Leonidovka (Provincia de Penza) – lo cual infunde la esperanza de que Rusia pueda destruir un 45% de sus arsenales para 2009, y hacia 2012 eliminarlos del todo.

El avance ha sido posible gracias a la política del Gobierno federal, que últimamente presta mucha atención a este problema y otorga los recursos necesarios para la destrucción de armas químicas. Para completarla, se requieren unos US$6.000 millones como mínimo, de los cuales 600 millones serán necesarios ya el próximo año. En el pasado, los funcionarios locales cifraban bastantes esperanzas en la ayuda que había prometido a Moscú la comunidad internacional, pero sus expectativas se vieron defraudadas.

Un ejemplo elocuente es la construcción de la planta de Schuchie, en la zona de Kurgan. La Administración de EE.UU. se había ofrecido a financiar ese proyecto y prometió a Rusia una subvención mínima de US$888 millones pero en realidad se resistió durante varios años consecutivos a pagar un solo centavo, usando diversos pretextos forzosos, hasta que finalmente concedió apenas un 10% de la suma prevista. Debido a ello, el Kremlin se vio obligado a revisar su programa inicial apostando por la destrucción de armas químicas en otras plantas, y no en Schuchie donde se almacenan 9.382 vagones ferroviarios con 5.456 toneladas de sarín, soman y gases VX. De lo contrario, Rusia habría incumplido sus obligaciones internacionales contraídas en esta materia.

También es cierto que no todos los países se portan como EE.UU. La construcción de las plantas destructoras en Gorny y Kambarka fue financiado, en grado considerable, por Alemania. Las obras en Schuchie avanzan hoy gracias a una valiosa contribución de Gran Bretaña. También ayudan Italia, Noruega, Holanda, UE, Canadá, Nueva Zelanda, República Checa, Polonia y Suiza. A futuro, podrían incorporarse a esta lista Suecia, Finlandia, Francia e Irlanda. Con todo, Víctor Khokhlov reconoce que sólo tres de las siete obras se están construyendo con la asistencia extranjera. Básicamente, la cooperación se canaliza a través del suministro de equipos, creación de infraestructuras industriales y de ingeniería, obras de montaje, ajuste y formación del personal.

Las naciones extranjeras se muestran renuentes a financiar las obras de construcción como tales, que representan hasta un 40% en el presupuesto total, ni quieren costear el desarrollo de las infraestructuras sociales en las respectivas zonas, y es otro 10% en la estructura global del gasto.

Sin embargo, todo ello no tiene ya importancia decisiva, opina el funcionario ruso. La entrada en funcionamiento de la nueva planta en Kambarka es una prueba clara de que Rusia está en condiciones de cumplir, aún con el escaso volumen de la ayuda foránea, sus compromisos internacionales en lo que respecta a la destrucción de las armas químicas.

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Víctor Litovkin es columnista de RIA Novosti.

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