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Etiquetas:   Y digo yo...   -   Sección:   Opinión

Soy catalán ¿y qué?

Jordi Martínez Aznar

martes, 29 de noviembre de 2005, 01:58 h (CET)
Señoras y señores, he de hacer una confesión pública: soy catalán. Sí, soy catalán, por lo que probablemente estoy entre las personas más odiadas de todo el país para una buena parte de la población, al menos si hacemos caso a la cantidad de mensajes que se están lanzando por los medios de comunicación de toda España.

Hago esta declaración a sabiendas de que a la que ponga un pie fuera de mi comunidad más de uno querrá lincharme en la plaza pública a la vista de todo el mundo. Al menos eso he deducido por los dos mensajes que he recibido estas últimas semanas. En formato Power Point primero y directamente pegado al cuerpo del mensaje después recibí dos mensajes en los que se nos hace un repaso a los catalanes.

Entre otras cosas, se dice que le quisimos quitar la Copa América a Valencia. Se empieza por aquí y se acabará diciendo que en las otras tres ocasiones en las que Barcelona quiso los Juegos Olímpicos o cualquier otra actividad deportiva internacional también se las quiso robar a quienes al final fueron las ciudades que finalmente los albergaron.

Siguiendo con los deportes, también se dice que no queríamos que Madrid no se llevara los Juegos Olímpicos del año 2012. Imagino que en este punto hubo gente que no quería que Madrid se llevara los de 2012 al igual que en 1986 habían madrileños, extremeños o castellanos que no querían que Barcelona se llevara los de 1992. Aquí cabe decir que hay muchos catalanes, entre los que se encuentra quien esto escribe, que sí quería que Madrid se llevara los Juegos Olímpicos. ¿Y por qué no? ¿Acaso no hubo también aragoneses, gallegos o andaluces que se alegraron de que Barcelona se llevara los de 1992?

También vienen a decir que somos dueños de un porcentaje de varias importantes empresas nacionales. Y que gracias al dinero que tienen muchas personas en La Caixa, nos estamos enriqueciendo a cuenta del resto de españoles. Reconozco que no tengo mucha idea de macroeconomía, pero imagino que quien más se debe enriquecer con La Caixa deben ser los que más acciones tengan de la compañía. No metamos en el saco al pobre señor albañil que se desloma cada día para dar de comer a su familia y que tiene en este banco una cuenta con cuatro duros ahorrados después de muchos años de esfuerzo y sacrificio. Si fuera dueño de parte de una multinacional y con billetes de 500 saliéndole por las orejas dudo que estuviese cargando sacos de cemento todo el día. ¿O acaso usted lo haría?

También animan a que nadie consuma productos catalanes debido a que a algún iluminado se le ocurrió decir que no compráramos y mucho menos consumiéramos vinos de La Rioja. Yo no bebo vino, pero en el caso de que lo bebiese y me gustase el vino de La Rioja, no veo por qué tendría que dejar de beberlo simplemente porque uno de mis políticos, en pleno berrinche por cualquier cosa, nos dijese que dejáramos de beber ese vino. Lo mismo me pasaría si el vino fuera de Castilla y León o de Cantabria.

Mucho me temo que gracias a este tipo de textos, los catalanes que vivamos en este país acabaremos como los judíos en la Alemania nazi, o sea, viviendo en campos de concentración o, si se me apura, en ghetos, bien controladitos, no sea que nos de por pedir más dinero; separarnos no sólo políticamente, sino también físicamente de España yéndonos a mitad del Mediterráneo; implantar la clase de catalán en todas las aulas de España o por cualquier otra cosa que se nos vaya ocurriendo por el camino.

Hay quien dice que las generalizaciones son malas, que no se puede tachar a todo un pueblo o una comunidad por lo que hacen unos cuantos. Y es que, afortunadamente, no todos los catalanes somos iguales, al igual que no todos los madrileños o aragoneses son iguales. Como dijo Macarena López en una de sus últimas columnas, en una determinada universidad española hubo estudiantes que acabaron con las existencias de un periódico simplemente porque regalaban condones, además de que hubo estudiantes que después buscaban entre los restos de este periódico para buscar más condondes. ¿Verdad que debido a eso no hemos comenzado a pensar que todos los estudiantes universitarios españoles son unos salidos que solamente piensan en dónde echarán el próximo kiki? Pues no hagamos lo mismo con los catalanes. Que unos cuantos tengan unas determinadas ideas no significa que todos pensemos igual.

Pues eso, que como diría aquel, “un poquito de por favor”, y no crucifiquemos, demonicemos ni pongamos en el punto de mira a varios millones de personas por culpa de unos pocos. Sería como si dijéramos que todos los votantes del Partido Popular apoyaron una guerra clasificada de ilegal por la ONU porque su presidente decidió enviar tropas a aquel país, gracias a lo cual pudo hacerse una foto con los pies encima de la mesa con sus amiguitos George y Tony en el rancho tejano del primero.

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