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Etiquetas:   Crítica literaria   -   Sección:   Libros

El Panhispánico, una herramienta fundamental

Herme Cerezo
Herme Cerezo
lunes, 8 de mayo de 2006, 05:11 h (CET)
Su gestación costó más que el parto de un elefante, seis años, pero al fin luce, orgulloso y pionero, el “Diccionario panhispánico de dudas” en las librerías españolas. Como ha manifestado el propio Víctor García de la Concha, Director de la Real Academia Española, este diccionario es una obra dirigida “al hombre de la calle, porque es la calle la que hace el idioma”.

El Panhispánico, como ya se le conoce popularmente, está especialmente indicado para resolver dudas sobre neologismos y extranjerismos. Así que, desde este momento, el que escriba con incorrecciones o utilice vocablos inapropiados es porque quiere, ya que desde el pasado 11 de noviembre disponemos de una herramienta indispensable, puesta al servicio del ciudadano medio, sea escritor profesional o no.

Dado que su principal cometido es incorporar y normalizar nuevas palabras, procedentes del mundo de la tecnología, de la informática o de otras lenguas, en cada entrada (palabra) se cita el lugar (prensa, texto literario) o el escritor de donde proviene el nuevo vocablo o la nueva acepción y su grafía. Con todo este bagaje, el Diccionario no es sino el reflejo de la realidad plurinacional que integra el idioma castellano en el año 2005.

Es, además, una obra de consenso. En su elaboración han intervenido las veintidós academias de la lengua castellana diseminadas por el mundo. Consta de una Introducción, cuya lectura es imprescindible porque nos permitirá navegar por sus páginas de un modo ágil y provechoso; el Diccionario propiamente dicho, que se extiende por seiscientas ochenta y siete páginas y contiene siete mil doscientas cincuenta entradas; cinco Apéndices (Modelos de conjugación verbal, Lista de abreviaturas, Lista de símbolos alfabetizables, Lista de símbolos o signos no alfabetizables y Lista de países y capitales, con sus gentilicios) de gran utilidad; un Glosario de términos lingüísticos utilizados en el Diccionario; y la Nómina de obras y publicaciones periódicas citadas en el Panhispánico.

Por otro lado, el Panhispánico reúne otra peculiaridad singularmente atractiva: sus múltiples autores pretenden que sea un diccionario vivo y aseguran que estarán permanentemente vigilantes para incorporar en él cuantos nuevos términos o conceptos sean necesarios con el devenir del tiempo. Y así anuncian una posible revisión o reedición para dentro de dos años (poco tiempo se me antoja para un trabajo de semejante enjundia).

Todas esas palabras que cayeron de golpe, pumba, pumba, pumba, en los últimos tiempos sobre nuestros oídos, pumba, pumba, pumba, como deuvedé, pecé, cederon, footing, chatear y otras muchas, tienen ya en castellano su ortografía propia. Una ortografía certificada por las veintidós entidades que firman el diccionario. Con alguna de ellas, cederrón, no estoy de acuerdo en absoluto porque lo correcto, a mi entender, sería cederrom y su plural cederromes (y no cederrones como recomienda el Panhispánico). Si cederrom lo convertimos en cederrón desvirtuamos su significado primigenio. ROM en inglés son las iniciales de read only memory, o sea, memoria de sólo escritura (por lo tanto, la ene no pinta nada en esta guerra). Corremos el riesgo de incurrir en el mismo error que en su día se cometió al autorizar sicología (del latin, sicus-i, higo, y del griego logos, ciencia) en detrimento de psicología (del griego psique, mente, y logos, ciencia). Existe una gran diferencia entre el cerebro humano y una breva. Ya lo creo. Pero tiempo al tiempo. La lengua, afortunadamente, es un ser vivo, que transmitimos de generación en generación y que modificamos según los usos. El Panhispánico es buen ejemplo de ello.

Encuentro un solo pero a este esfuerzo tan erudito: echo en falta, aunque los autores dicen que saldrá pronto, la versión en cederrom. El soporte informático convertiría al diccionario en un utensilio de inestimable ayuda, insertado permanentemente en el disco duro del ordenador, computadora o computador (palabras todas ellas igualmente válidas). Pero un borrón no estropea una partitura y, sin duda, estamos ante un auténtico flash lingüístico. Perdón, flas, según el Panhispánico.

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