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Etiquetas:   Ni éstos ni aquéllos   -   Sección:   Opinión

Los jueces no son Dios pero se tienen por Él

Juan Pablo Mañueco
Juan Pablo Mañueco
lunes, 28 de noviembre de 2005, 04:30 h (CET)
Ayer mismo, sábado 26, publicaba “Diario Siglo XXI” un interesante artículo de mi compañero Raúl Tristán con cuya primera parte estoy muy poco de acuerdo, y sí lo estoy bastante, en cambio, con los párrafos últimos y con su sentido final, cuyas conclusiones quisiera ampliar.

Los motivos por los que discrepo del arranque artículo referido, titulado “Patética Justicia”, se expusieron en el mío del jueves 24, que se titulaba “Violencia de sexo. Violencia de datos”. Y quizá no haya discrepancia, sino complemento de perspectivas, para llegar a una visión íntegra del problema.

Pero, a lo que vamos, sí suscribo plenamente lo expuesto en los párrafos finales: “los jueces deberían dejar de ser considerados entes intocables, por encima del bien y del mal y cuyas decisiones son palabra de Dios. Si los jueces son humanos y pueden errar, deben ser sacados de su error, para que nadie quede por encima de la ley, incluso los acostumbrados a ser la ley”.

Pues efectivamente: he aquí la ficción máxima del sistema en que vivimos. ¿Cómo puede decirse seriamente que “nadie está por encima de la ley”... si la ley no tiene existencia por sí misma y necesita a alguien –una persona– que la administre y la aplique?

Sin embargo, el sofisma de que nadie está por encima de la ley, cuya falacia puede apreciarla un niño con una edad mental próxima a los diez años... se repite continuamente desde las instancias oficiales. No sólo se programa a la población para que lo crea (atención a la palabra “creer”, sobre la que podríamos extendernos en este campo de la “justicia”. una virtud divina, pero poco apropiada cuando se está hablando de leyes políticas)... sino que tal “creencia” es la base y fundamento de nuestro sistema. Un fundamento tan débil que un niño de diez años puede descubrir la treta, estamos diciendo.

Para quien no alcance esa altura cronológica o para quien quiera profundizar después en mayores interrogantes, lo plantearemos de otra forma.

¿Quién juzga a los jueces...? Si ellos mismos, no hemos salido del corporativismo del Antiguo Régimen, con todos los males inherentes al corporativismo: notorios en el caso de la “Justicia” española. Si nadie, seguimos en el Antiguo Régimen: señorías absolutas sobre el pueblo.

¿Por qué entonces tanto empeño del sistema por hacernos “creer” que nadie está por encima de la ley, ni los propios jueces, ni los políticos que les designan digitalmente para sus Altos Tribunales...? Todo aquel que tenga más de diez años mentales... que se lo pregunte. Llegará a interesantes conclusiones, a poco que se esfuerce. Comenzará a “descreer”, para verlo todo después mucho más claro.

Dos últimas conclusiones. Quien debe juzgar a los jueces es el Tribunal del Jurado, democráticamente compuesto, en condiciones que quizá otro día comentemos. Y segunda, amistosamente dedicada a Raúl, en la “Justicia” todo es “patético”... comenzando por llamar “Justicia” (un atributo divino y una virtud) a la Ley Política y a quienes la aplican.

Quieren que les tengamos por dioses, aunque presenten vicios humanos, demasiado humanos... ¿Quién lo quiere? ¿A quien conviene un pueblo “creyente”, y no “pensante”...? ¿Para cuándo este “laicismo” necesario?

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