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Tbilisi regatea con Moscú

Arseny Palievski
Redacción
viernes, 25 de noviembre de 2005, 03:29 h (CET)
La intención de Georgia de abandonar la CEI ha provocado una amplia resonancia en Moscú. Pero en opinión de analistas es poco probable que Tbilisi vaya hasta el final en este asunto, pues la economía del país depende mucho de los mercados de la Comunidad. El objetivo fundamental de ese ademán consiste en presionar sobre Moscú con el fin de que éste no suba los precios de los agentes energéticos a cambio de que Georgia desista de su intención de abandonar la CEI.

Según ha manifestado a RIA "Novosti" el director del Instituto de Estudios Estratégicos de Rusia, Evgueny Kozhokin, el debate que se desarrolla en el parlamento de Georgia respecto a su separación de la CEI no puede provocar otros sentimientos que el de una profunda lástima. En efecto, en las relaciones Rusia - Georgia actualmente existen serios problemas, pero al propio tiempo a Georgia ya empiezan a llegar inversiones rusas. Rusia no está interesada en absoluto en que se produzca una escalada de la tensión en relaciones ruso-georgianas. El abandono de la CEI por Georgia no haría ningún daño notable a la economía o la política militar de Rusia, sería un acto simbólico simplemente, pero tal símbolo no les hace falta ni al pueblo ruso ni al pueblo georgiano. Además, existe el factor de la numerosa diáspora georgiana, de los inmigrantes que se dirigen de Georgia a Rusia para trabajar, son centenares de miles de personas interesadas en relaciones de buena vecindad, pero no en conflictos. A mi modo de ver, mientras que la decisión no esté tomada, vale la pena esperar que el raciocinio triunfe y no se dé tal paso.

El problema de la salida de la CEI forma parte del regateo que Tbilisi sostiene con Moscú desde hace más de un año. La respectiva manifestación de Nino Burdzhanadze fue hecha coincidir con la visita a Moscú del ministro de Energía georgiano Nika Guilauri. El sentido del regateo es el siguiente: si Rusia no sube los precios de los agentes energéticos hasta el nivel de los mundiales, Tbilisi no va a acelerar la toma de la decisión respecto al abandono de la Comunidad.

Si se toma en consideración la manifestación atenuante hecha por Nino Burdzhanadze de que ello "no significa el comienzo del procedimiento de la salida de Georgia de la CEI", se comprenderá que Tbilisi todavía no ha tomado la decisión definitiva. En opinión del director adjunto del Centro de Ingeniería Política, Alexey Makarkin, Georgia intenta utilizar dos registros al jugar con Rusia: por una parte, existe un presidente constructivo, pero por la otra, hay un Legislativo radical, de ánimos antirrusos. Ese juego se viene desarrollando desde tiempos de Eduard Shevardnadze, en que el parlamento georgiano exigía que el contingente de paz ruso se retirase de Abjasia. Bajo Saakashvili, en primavera pasada, el parlamento intentó formular un ultimátum respecto a la presencia de objetivos militares rusos en territorio de Georgia. Y ahora los diputados plantean el abandono de la CEI, además lo hacen valiéndose de un pretexto secundario por su esencia.

En opinión de Makarkin, se debe acoger con contención tales declaraciones. Según él, el problema de gas es el fundamental en el momento actual. Respectivamente, si Rusia hace concesiones, Georgia podrá declarar que seguirá formando parte de la CEI. Pero por la otra, si Moscú obra con firmeza defendiendo sus intereses económicos, tampoco en este caso Tbilisi decidirá abandonar la CEI, pues Georgia depende en un 80 por ciento, como mínimo, de los mercados de la Comunidad. El abandono de la CEI inmediatamente agravaría sus problemas económicos. Y si se toma en consideración que se acercan las elecciones, tales complicaciones no les hacen falta ni a Saakashvili ni a los diputados del parlamento georgiano, porque un conflicto con Rusia y la CEI agravaría mucho la situación. Se debe obrar racionalmente en tal contexto, dijo el experto al concluir.

Tbilisi aplica la política de un duro regateo porque no tiene otras palancas con que presionar sobre Moscú. Por supuesto, Washington le presta un determinado apoyo al régimen de Saakashvili, pero a EE UU no le conviene que por ello empeoren sus relaciones con Rusia.

Lo que no está claro es por qué la élite política georgiana no acaba de comprender que es contraproducente intentar hablar con Rusia desde las posiciones de fuerza.

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Arseny Palievski es analista de RIA "Novosti".

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