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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Dios nos guarda

Octavi Pereña i Cortina
Octavi Pereña
jueves, 24 de noviembre de 2005, 03:51 h (CET)
Una de cada diez personas ha sufrido o padecerá durante su vida algún tipo de trastorno depresivo. Según Michel Hamon, director de la Agencia Francesa de Neurobiología Funcional de Investigación Médica. El Dr. Hamon cree que la depresión se está convirtiendo en una enfermedad habitual en las sociedades desarrolladas. Algunos dicen que "el sentimiento de culpa, este virus que se nos inyecta desde la infancia con le catecismo y las flagelaciones de determinadas personas influyentes es el germen que en muchos casos inicia la depresión". Otros, aseguran que es un desorden síquico muy penoso y esquivo. Para otros, su inicio se encuentra en una pena reprimida en la infancia y adolescencia que puede ocasionar daños irreparables. Lo que sí es cierto es que la depresión es una epidemia que sufre la sociedad opulenta del siglo XXI y que es muy peligroso atacarla exclusivamente con fármacos y tratamientos sicológicos superficiales.

La depresión tiene que ver con la manera de pensar. A pesar que la Biblia dice que las personas hemos de ser como hormigas, es decir, que seamos previsores, preparando para el futuro, para que no tengamos que lamentarnos por la escasez provocada por la pereza. Esta actitud previsora, legítima y sensata, debe de equilibrarse para no caer en extremos patológicos. Este equilibrio se obtiene si se hace caso de la enseñanza de Jesús que nos dice que no debemos preocuparnos excesivamente por el mañana porque es un esfuerzo innecesario, ya que no podemos cambiar el pasado ni conseguir que el futuro sea a nuestro gusto. Ante esta realidad, Jesús nos recuerda que Dios alimenta a las aves silvestres y viste de gran belleza a las flores de los campos. Con esta instrucción el Señor quiere decirnos que el Padre celestial no se desentiende de nosotros, de que si se preocupa por los animales y las plantas, ¿no lo hará con nosotros que hemos sido creados a su imagen? ¡Oh, hombres de poca fe!, añade Jesús.

La realidad es que se dan muchas situaciones que nos producen desazón interna: enfermedades angustiosas, hijos díscolos, precariedad laboral, la hipoteca del piso... Estas evidencias nos recuerdan constantemente lo inhóspito que es vivir en este mundo. Pero Dios no sirve solamente para la eternidad, con sus promesas de una felicidad absoluta sin fin. Jesús nos lo presenta como el Padre bondadoso que quiere que le pidamos por el pan de cada día, es decir, que les supliquemos supla nuestra necesidades básicas diarias. Para ilustrar esta bondad del Padre celestial Jesús nos da una imagen de su proceder: "Si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan" (Mateo,7:11).

El apóstol Pedro, experto en lo que es la lucha de cada día y conocedor de primera mano de los efectos beneficiosos de esperar en la ayuda divina, nos aconseja: "Echando toda vuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros" (I Pedro,5:7). Los hombres acusan a Dios de los males de este mundo, pero en su necedad no desean cobijarse bajo sus alas protectoras como los polluelos lo hacen con la clueca a la mínima señal de peligro, que, a la vez de cobijo, les proporciona calor reconfortante.

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