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Opinión
Etiquetas:   Religión   Biblia   Iglesia  

Criticismo liberador

La crítica saludable es el resultado de contrastar la realidad con la luz que irradia la Biblia
Octavi Pereña
martes, 24 de abril de 2018, 06:55 h (CET)
José A. Pérez Ledo en su escrito ¿Convendría una asignatura de pensamiento crítico?, dice que fue invitado por un amigo suyo al colegio en donde trabaja para que explicase a un grupo de chicos y chica de entre 16 y 18 años, como se hace un programa de televisión. La cosa se animó cuando dije que los medios de comunicación raramente dicen la “verdad”. Después de la charla fui invitado a comer con algunos profesores. “Allí confirmaron lo que ya había quedado meridianamente claro en el aula: que (por decirlo suavemente) el pensamiento crítico es una de las competencias más descuidadas en la educación formal. Los chicos y las chics sencillamente creen lo que oyen en casa y en el colegio, no digamos lo que leen en las redes sociales, sin cuestionar la veracidad de estos planteamientos. Bien, ¿Por qué iba a ser de otro modo? Toda su formación se ha basado precisamente en creer, en aceptar sin poner en duda, en repetir las palabras de un libro de la forma más semejante posible…La cuestión es que también para eso vivimos en un tiempo y en un lugar poco propicios. ¿Quién iba a impulsar tal cosa? ¿El mismo gobierno que se ha desgañitado en sepultar la asignatura de Filosofía que no sirve para nada (traducción: no sirve para ganar dinero)? ¿El mismo Estado que persigue pensamientos disidentes y criminaliza el mal gusto? No parece muy probable que el poder vaya a apostar por el libre pensamiento, que es, al fin y al cabo, su principal enemigo. Sólo por eso, convendría abordar este debate desde todos los frentes posibles. Salvo, claro está, que nos guste la idea de un futuro tan oscuro como este presente nuestro”.

La idea que prevalece hoy es “¿dónde va Vicente?, donde va la gente” En un balcón de Lleida cuelga un trapo ya muy deteriorado por el paso del tiempo en el que se puede leer: “Si todo el mundo piensa lo mismo es que nadie piensa”. ¿Qué o quién puede ayudarnos a pensar diferente? En tiempos del nacionalcatolicismo, de mal recuerdo, en que la clase de religión era obligatoria y puntuaba, los alumnos evangélicos eludían el pensamiento único impuesto por el Estado y la Iglesia católica que colaboraba en la imposición. Cuando los alumnos evangélicos tenían que responder alguna pegunta que tratase una cuestión de fe utilizaban este sofisma: “la Iglesia católica dice…” Hoy en día son muchos quienes aceptan sin cuestionar las doctrinas de la iglesia católica y las defienden encarnizadamente sin querer ir a la Biblia para ver si lo que enseña la Iglesia católica es verdad. Si en un tema tan esencial como s la salvación uno no se involucra en querer saber la verdad, ¿cómo querrá desarrollar el pensamiento crítico en temas temporales?

La exhortación que nos da la Biblia es. “Examinadlo todo, retened lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:21). ¿También la Biblia? A lo largo de la historia, concretamente durante la hegemonía de la Inquisición, la Biblia fue un libro sistemáticamente perseguido. Con ella se encendieron muchas hogueras. La posesión de un ejemplar en lengua vernácula era suficiente para que uno fuese acusado de hereje, encarcelado, confiscados sus bienes y ser pasto de la llamas. En el caso de que el “hereje” hubiese fallecido se lo desenterraba y quemados sus restos. Si se desconocía su paradero se le quemaba en efigie. A pesar del pensamiento único, el oficial implantado por el Estado con el apoyo incondicional de la Iglesia católica allí en donde dominaba, que era toda Europa. La chispa de la revuelta contra el catolicismo romano hegemónico, se encendió cuando se tradujo la Biblia a las lenguas vernáculas, sin notas a pie de página que dirigiesen a los lectores a interpretarla a gusto de las autoridades eclesiásticas. Con la Biblia predicada en las iglesias y leída en los hogares se despertó el sentido crítico de las masas analfabetas de la Palabra de Dios, perdiendo el miedo a los anatemas eclesiales. La Verdad liberó al pueblo sujeto a la tiranía política y eclesiástica.

Allí en donde la Biblia está abierta, leída y se permite que el Espíritu Santo que es su Autor y que ayuda a su interpretación, en ella se encuentra la verdadera libertad porque el ser humano es liberado de la esclavitud satánica y dl hombre: “Por tanto, si el Hijo (Cristo) libera, seréis verdaderamente libres” (Juan 8: 36).

Debido a la revolución religiosa iniciada en el siglo XVI con la recuperación de la Biblia y propagadas sus enseñanzas por los predicadores, nacieron las democracias occidentales. La Biblia no es como algunos afirman “el opio del pueblo”. En todo caso, el opio del pueblo lo son las religiones, aunque se digan cristianas, que arrebatan de las manos de los feligreses la Palabra de Dios. Apreciamos que la democracia se diluye, que se restringen las libertades individuales. En el momento de redactar el borrador de este escrito, 7 de abril de 2018, está anunciada para las siete de la tarde ante el Ayuntamiento de Lleida una concentración en defensa de la libertad de expresión que se ahoga con la ley mordaza. Con la desaparición de la Biblia de la vida social se extingue el pensamiento crítico liberador. Las manifestaciones exigiendo libertad no aportan libertad. Si el Cristo de la Biblia no libera no existe auténtica libertad porque el hombre sigue siendo esclavo de sus pasiones malignas. El deterioro de la Democracia pone de manifiesto esta realidad.
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