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Etiquetas:   Novela por entregas   -   Sección:   Libros

Soberano don Nadie (XII)

Juan Pablo Mañueco
Redacción
martes, 27 de diciembre de 2005, 00:38 h (CET)






Soberano don Nadie en el país de
los poderes políticos verticales

Don Quijote y Pero Grullo en acción


Resumen de lo publicado:


Pero Grullo, deseando asistir al indefenso Soberano don Nadie, que ha sido abandonado por el abogado que le representaba, intenta hacer valer su título de Licenciado en Filosofía y Letras para que le tengan por Letrado, pero el tribunal de juristas que examina tan inesperada solicitud, aún teniendo que reconocer que, efectivamente, Letrado universitario sólo puede ser el Titulado en Letras, procura encontrar coartadas que oculten que son ellos los que están usurpando un título que no les corresponde. En visto de ello, Pero Grullo decide elevar ambos brazos al aire, según acostumbra a hacer cuando determina hablar de manera infalible, para decirle al tribunal:

Capítulo VIII (continuación)

–El perjuro jura en falso. No se debe ser jurero o serás perjuro. Las coartadas nominales son coartadas, y, además, nominales. A veces, los nombres encubren cosas que no se nombran. Los juristas latinos no son en castellano sino jureros, basta para ello sustituir la desinencia latina en “ista”, por la correspondiente terminación castellana que expresa profesión u oficio, en “ero”. Es el mismo caso, por si no se habían dado cuenta, de los derecheros o derechistas, que es a lo sumo lo que serán sus usías...: leyeros o jureros, a su gusto, y, en ambos casos, políticos... El poder, si no convence, es sólo el poder de los vencedores.

Justicia: cosa muy buena, cuando es justa; en caso contrario, es una justicia inicua. El estamento que se toma la justicia por su mano no es justo, aunque sí estamento. El sueño de los justos no es que los justos tengan sueño, cuando se les argumenta lo que no quieren entender, más bien ello sería, antes que equitativo y prudencial, negligente y delictivo.

Otrosí, y continúo: Si al Derecho hay que dirigirlo o no va recto, ¿hacia dónde lo dirigirán sus dirigentes? Probablemente hacia el capricho y la defensa de sus provechos e intereses.

El arbitrio de juez es que el juez es el arbitrio, y es lo único que se garantiza en todo juicio político... También puedo aclarar dicha condena perpetua de este popular modo: ¿Que es la ley? Lo que quiere el juez.

No juzguéis: lo haréis curvamente, porque, excepto en los juicios lógicos, no se puede juzgar derecho, sino aplicando unos criterios previos, que ya están encorvados.

Si el poder os endereza física y mentalmente para haceros derecheros, ya estáis directamente torcidos, física y mentalmente, hacia el poder.

El rector que rige y dirige, sin ser regido por nadie, es un director absoluto que, o bien es Dios, o dirigirá derechamente su directorio a ser regido por la dirección absoluta que rige hacia su provecho.

El poderoso da el acaparamiento mental de su ley a quienes antes ha acaparado su mente bajo la ley del poderoso.

¿Independientes de qué, si hasta para pensar sois esclavos de vuestras dependencias...? No puede decapitarse más a quien ya no tiene cabeza. Ítem más, y ya acabo y concluyo:

Quien se ensoberbece con la titulación que no tiene, ¿cómo puede pretender que alguien crea que dará a cada quien lo que le pertenece...? No te infles, o te estarás inflando... Cuanto más te soples aire más serás aire soplado... Quien engaña desde el principio principia con un engaño... Derecho de algunos, Revés para los demás. Lo Inverso no es Recto. El Universo es uno.

Quedó en silencio Pero Grullo, mansamente, nazarenamente, asumiendo que ante el poder de los fuertes nada podía la fuerza de la razón, salvo esperar a que la Fuerza dictara señorialmente la violencia de su Imperio...

La cofradía gremial de los expertos en delitos periciaba con la independencia previsible el futuro de su gremio y con la ecuanimidad habitual de quien se juzga a sí mismo, según costumbre.

–Comprenderá usted, señor Pero Grullo, que con esos principios que nos ha expuesto no se puede ser abogado.

–Lo comprendo perfectamente.



Capítulo IX

De las reflexiones que Pero Grullo prosiguió efectuando sobre la política y la gobernación de los pueblos

Llaman democracia a lo que no es sino oligarquía, es decir, el gobierno de unos pocos. O aristocracia, es decir, el gobierno de los selectos, de la minoría señorial, de los aristos. ¿Tanto puede el denominar a las cosas con nombres fingidos, griegos o latinos, o simplemente arbitrarios, como para que el pueblo no entienda lo que le están mintiendo? Probablemente, sí, por los resultados que se observan.

¡Pero tantas otras veces el engaño está expresado en la propia lengua vernácula! La cual debería estar al alcance de todos, salvo excepciones justificadas. ¿A qué puede deberse que la inmensa mayoría de la gente sea analfabeta conceptual en su propia lengua? Incluidos los sectores de la población aparentemente cultos.

¿Tanta es la fuerza alucinatoria de la propaganda? ¿Tanta la presión del sistema para vender mercancías averiadas? ¿Tan continua e intensa la mentecaptación del poder como para que las palabras signifiquen una cosa, se truequen por otra y la población deba aceptarlo?

¿O bien influye y en qué grado la resignación? La conciencia de tantos siglos probándose que contra un sistema sin fisuras nada se puede, sino plegarse a sus dictados. Subirse a él, como carro vencedor, o modificar ligeramente sus mitos, para que varíen someramente las facies, sin que se modifique sustancialmente el propio sistema de poder.

* * *
Ciertamente, los fraudes de lenguaje se encuentran entre los más perniciosos engaños que cabe imaginar. ¿Cómo no admitirlo? El poder que otorga nombrar a las cosas y más aún a los conceptos, según le plazca al régimen de turno, concede a los poderosos un armamento ideológico casi invulnerable.

Aquel régimen que disponga de la facultad de alterar el significado de las palabras, haciendo que éstas representen valores que no les corresponden, o –peor aún– que expresen en cada momento lo que al poder le convenga, se habrá dotado de un arsenal infalible, sobre el cual erigir un dominio omnímodo.

A veces, se acusa a los políticos verticales de recurrir a la mentira. ¿No es una crítica muy suave? ¿Acaso el principal despotismo del poder no ha sido siempre el engaño? Civilizaciones basadas en la mentira, impuesta y programada alucinatoriamente sobre sus súbditos desde arriba
¿No rebosan falsedades la historia, la legislación, la justicia, los discursos, los tópicos con que se adorna cada régimen para justificar su existencia...? ¿No es la aristocracia de cada régimen la que impone su lenguaje, hasta el extremo de que las palabras significan en cada momento lo que les conviene....

En tal caso, sería inútil intentar razonar con ellos: vencerían siempre, sólo con que sus tribunales sentenciaran que las palabras valen en cada instante lo que a ellos interese, de manera infalible... Pero también sería imposible hacerse entender por los súbditos de ese sistema mentecaptatorio y estupefaciente, que habrían entregado la inteligibilidad del mundo a la acepción que deseen los dueños políticos del lenguaje y, por lo tanto, también dueños políticos de la mente de sus súbditos.

* * *

Les cuentan en los libros de historia y en la escuela que el régimen señorial se extinguió en el siglo XIX, con las Cortes de Cádiz, y que desde entonces ya no iban a estar sujetos al dominio de ningún señor o señorío particular. Pero lo cierto es que “señorías” siguen titulándose los miembros del Congreso, Senado y Parlamentos Autónomos.

Y para mayor estremecimiento de cualquier ser pensante que reste: lo son, verdaderos “señores” de su escaño, dueños y propietarios de él, sobre el que ejercen dominio particular... Sin atenerse al mandato electoral recibido de sus votantes. Autarcas absolutos de su voluntad y de su voto, para hacer con él lo que gusten, incluso para traicionar a quienes les eligieron.

¿No les extraña? ¿No les semeja un anómalo privilegio, propio de señores de otra época, el privilegio de traicionar a sus electores y seguir cobrando de sus impuestos, percibiendo en realidad un salario por unos servicios que no les prestan debidamente?

¿No les extraña que existan señorías judiciales inelectas, como en los viejos tiempos en que un estamento de oligarcas podía tomarse la justicia por mano de su propio estamento oligarca?

¿No se sorprenden de que los concejales de cualquier municipio, aunque no acostumbren a regalarse el oído con el tratamiento mutuo de “señorías”, lo sean también? Señorean su escaño a su antojo particular... O peor, a su antojo personal: porque tampoco se sujetan a la obediencia de los partidos, lo cual continuaría siendo una forma de señorío “particularista”, que no del pueblo al que representan, en la teoría que se declama.

¿No sería tiempo de ir aboliendo ya la dictadura personal del electo sobre su escaño y sobre quien se lo sufraga? Esto es, de abolir verdaderamente el régimen señorial, que todavía perdura en el carácter enseñoreador y dominical que conservan los representantes políticos, incluso para no representarse sino a sí mismos y a los intereses que les patrocinan o que les compran desde arriba?

Una y otra vez, cuentos políticos verticales, fábulas sonoras repletas de patrañas que el poder difunde para la mejor mentecaptación de los súbditos, y que éstos aceptan sin analizar, como dóciles autómatas programados desde la cúspide, hasta conseguir su completa descerebración.

* * *

¿Fraudes de lenguaje? ¿Acaso es otra cosa que un continuo fraude todo el lenguaje de la política verticalista y todas sus leyes desde el concepto?

Obligan a llamar “democracia” al gobierno de unos pocos. “Ley” a la voluntad que esos pocos imponen o al capricho que reglamentan. “Justicia” al zurcido doctrinal que sus delegados en los Tribunales sentencian para medrar en los escalafones. “Magistrados” a quienes amaestran al pueblo desde sus pedestales, cuando deberían ser aprendices de la democracia, que no admiten en sus organismos oclusos. “Libertad” a unas pocas mercedes livianas que el poder otorga para que resultase soportable someterse a él. “Cambios” a la mayor o menor longitud de la cuerda con que atan a los vasallos. “Gobierno democrático” a una camarilla de autarcas que gobiernan al pueblo señorialmente. “Alternancia de gobierno” a la sustitución de unos autarcas por otros. “Partidos políticos” a las marcas comerciales tras las que se reparte el poder la misma clase política, sierva de las mismas plutocracias.

¿Fraudes de lenguaje? Mas bien parece que toda la política verticalista es un fraude y fraudulentos cada uno de sus términos, concebidos para que quien los pronuncie no perciba nada del mundo que le circunda
Obligan a llamar “público” a lo que todos costean, pero sólo unos cuantos gestionan o disfrutan señorialmente.

Bastaría con contemplar una sola vez esa torrencial proliferación de lenguaje fraudulento con que el poder obnubila a sus súbditos, para que éstos comenzaran a liberarse de ese detritus de siglos que les impide percibir que siguen tan desprovistos de poder como siempre, ante las minorías señoriales, ante las oligarquías autosuficientes, ante las aristocracias eternas que imperan políticamente. En esencia, como siempre lo hicieron y con el mismo control del lenguaje oficial en que siempre se sustentaron, aunque hayan variado alguno de los mitos.

¿Qué significa “público”? ¿Del pueblo o de las señorías que lo gobiernan, lo gestionan y lo usan en su provecho?

Sobraría con traducir “público” por lo que verdaderamente significa en cada caso, para comprobar qué poco suyo posee el pueblo y cuánto de lo que le pertenece le usurpan otros, privativamente.

____________________

Próxima entrega de la novela: sábado, 26 de noviembre.

'Soberano don Nadie'. de Juan Pablo Mañueco. Egartorre Libros. 190 páginas. Madrid, 2005. 14 euros.

Puede adquirir el libro en librerías o realizando un pedido online.

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