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La tragedia del SIDA
Eduardo Cassano
Durante el presente año que está a punto de concluir, se han contagiado por VIH casi 5 millones de personas en todo el mundo, el mayor aumento anual desde que se conoció la enfermedad en 1981. Según la ONU estos datos cifran en más de 40 millones las personas que han contraído el sida en todos los países, desde los más pobres hasta los más ricos.
El hecho de que Latinoamérica haya registrado el mayor aumento en 20 años con más de 200.000 personas infectadas, en total ya suman casi dos millones, es un dato significativo ya que si por algo es conocida Latinoamérica, además de por la pobreza que a nadie parece importar, es por el turismo sexual.
En España hay unos 150.000 infectados de sida, una cifra que nunca habíamos tenido a pesar de haber disminuido este año el número de infectados. El contagio en las relaciones heterosexuales es la primera causa en los nuevos contagios en España y Europa, eximiendo así de toda la culpa al colectivo homosexual al que tanto se le ha relacionado la enfermedad. Ese dato será en breve un ataque directo contra las prostitutas, quiénes son juzgadas de propagar la enfermedad cuando una persona no se contagia si usa protección, y en España no se puede decir que no tengamos medios de prevención.
Tampoco hay que olvidar que en África han muerto ya 3 millones de personas por culpa del sida y más de medio millón eran niños. El 64% de las nuevas infecciones este año en todo el mundo corresponden a éste país, más de 3 millones de personas que se suman a la lista de los 26 millones de personas que padecen el virus, muchas de las cuales están muriendo mientras aquí discutimos si somos comunidad, país o nación o que lengua debemos hablar. Allí todavía no existen los medios suficientes para prevenir una enfermedad demoledora que afecta muchas mujeres embarazadas, niños que nacen para morir poco después.
Pero todo esto no importa, no pasa nada. La consigna de la Iglesia a sus fieles es no usar el preservativo y que sea lo que Dios quiera. Saben pero prefieren ignorar la infinita infidelidad de muchos cristianos en estos tiempos que corren. Ellos prefieren levantarse tarde y pasar la tarde de los domingos con los amigos en el fútbol antes que ir a misa con la familia, pero acuden a las manifestaciones homófobas y no usan el preservativo, porque lo dice la Iglesia. Esos adúlteros son los que contagian a sus parejas y contribuyen con la expansión de un virus del que parece nunca va a llegar una vacuna definitiva.
El mundo se pone las manos en la cabeza cuando escucha “gripe aviar”, acude a comprar en las farmacias vacunas que no existen, ya que oficialmente la gripe aviar no ha mutado a las personas. Sin embargo, tenemos una verdadera enfermedad mortal desde hace 25 años, de la que tampoco existe vacuna pero si tratamiento, pero sobretodo hay métodos de prevención y no se usan como se debería. ¿Por qué el absurdo interés de la Iglesia en prohibir taxativamente el preservativo y su insistencia en el tema a pesar de los años y los muertos por esta enfermedad?
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