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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Cataluña   -   Sección:   Opinión

La capital catalana en plena decadencia

La alcaldesa antisistema y defensora de manteros, Ada Colau, demuestra su incapacidad para gobernar una capital como Barcelona, poniendo en cuestión su futuro desarrollo y prosperidad
Miguel Massanet
sábado, 21 de abril de 2018, 00:44 h (CET)

No es que fuera la natural falta de práctica de una novata en el oficio, ni tampoco que la sorpresa de haber sido elegida para un cargo que sobrepasaba sus facultades, su propia preparación, al tiempo que ponía prueba su fuerza de voluntad para obligarse a vencer sus inclinaciones hacia el desorden, la indisciplina, la reyerta callejera o los rifirrafes con las fuerzas del orden en las calles de la ciudad; no, no señores, es que en su ADN comunistoide estaba incluida la fobia hacia todo lo que tenga el aroma de economía, comercio, capital o cualesquiera otras formas de libertad de mercado y capitalismo, incluidas dentro lo que se pudiera considerar como una sociedad de consumo de la que era un ejemplo evidente la cosmopolita ciudad de Barcelona.


La señora Colau se encontró, de repente, investida de un poder que le permitía poner en cuestión y atacar todos aquellos “privilegios” de la burguesía con los que había luchado durante todo su periodo de activista de la protesta urbana y crítica con la normativa del país y agitadora profesional de todos aquellos que, de alguna forma, se encontraban a gusto enfrentándose al orden establecido.


Apenas estuvo apoltronada en su sillón de alcaldesa, puso en práctica la primera de sus ocurrencias que, seguramente, hacía años que tenía en mente para, según lo que ella tenía planeado, poner coto a los “excesos del turismo” que seguramente, para ella formaban parte de aquello contra lo que todo buen comunista tenía la obligación de luchar; sin tomar en cuenta que la capital en la que empezaba a gobernar, cada día estaba más inclinada hacia la explotación de su atractivo turístico, favorecido por el hecho de que, durante años, los hoteleros habían preparado la ciudad para recibir a los visitantes; los restauradores se habían esmerado para crear una oferta tentadora en la gastronomía de sus múltiples establecimientos; las agencias de viajes, los vendedores de objetos de recuerdo, los tour operadores, las agencias de publicidad y los cientos de miles de personas directamente relacionadas con el turismo incluidas las compañías navieras, las de aviación, los guías, los trasportes públicos y todo el complejo entramado de sociedades y ciudadanos, cuya actividad y vidas dependían directa o indirectamente de la actividad turística en Barcelona.


Sus primeros actos se encaminaron a poner en cuarentena cualquier actividad relacionada con la puesta en funcionamiento de nuevos hoteles, inclusos aquellos que ya disponían de los correspondientes permisos municipales para su puesta en funcionamiento. Puso el acento en “las molestias que una afluencia tan grande de turistas representaban, según su criterio, para los ciudadanos de Barcelona” e intentó establecer limitaciones para el número de cruceros que hacían escala en la Ciudad Condal, llegando a establecer itinerarios y prohibiciones para que se desplazaran por los distintos espacios de la urbe catalana. Se empeñó en que, el encontrar alojamiento para los necesitados no era función de los organismos públicos alojándolos en viviendas construidas al efecto con medios públicos, sino que eran los particulares los que, con las viviendas que tuvieran desocupadas, tuvieran la obligación, bajo amenaza de sanción, de cederla en alquiler con rentas bajas o incluso, amenazar con su expropiación sin tener en cuenta que, para ello, debían antes ser objeto de un expediente y, por supuesto, previo pago al propietario de la compensación económica correspondiente.


Los tribunales empezaron a actuar, tanto a instancias de los hoteleros perjudicados como por parte de aquellos bancos que, a causa de los impagos hipotecarios motivados por la crisis del 2008, tuvieron que recibir los inmuebles en pago. Todos los bancos, que se vieron obligados a recuperar los inmuebles hipotecados intentaron cedérselos a la SAREB para descargar sus balances de unos activos que les obligaban a tener un importante capital inmovilizado y, como era de esperar, no estaban dispuestos a devaluar más el valor (ya bastante afectado por la crisis) cediéndolo para que fueran ocupados por ciudadanos insolventes que, como es natural, en nada contribuían a facilitar la venta del inmueble. La eficacia de las denuncias ante la Justicia ha sido extraordinaria ya que, la mayoría de los recursos en contra de las decisiones municipales, han sido fallados a favor de quienes los presentaron.


En todo caso, pese a que los medios de comunicación catalanes, entre ellos la TV3, Cataluña Radio o periódicos como La Vanguardia, han intentado vender que el turismo va viento en popa, que las ventas relacionadas con él son extraordinarias o que la ciudad está en un excelente momento; la realidad, lo que se deduce de los números y de los comentarios de quienes están directamente relacionados con el gremio de hostelería y restauración, no confirman la falsa idea que se ha querido dar de la actual situación del turismo catalán. Baste informar que la región española donde se ha producido mayor éxodo de empresas, en febrero de este año, ha sido la comunidad catalana que tuvo las bajas de 198 empresas, un 7’6% de crecimiento de las bajas respecto al mismo mes del año anterior. En comparación, Madrid ha vuelto a liderar la creación de nuevas empresas, registrando un aumento de 1.514 sociedades.


El sector turístico le ha pedido a la señora Colau más promoción exterior, recordándole algo que ella parece que no tuvo en cuenta cuando inició su campaña contra el turismo de la ciudad, con el objeto de fortalecer la marca Barcelona. La oposición municipal, por su parte, se ha hecho eco del malestar existente en un sector tan básico, para recriminar al Ayuntamiento la dejadez y poco interés del gobierno municipal. La asociación empresarial Barcelona Global ha insistido en la necesidad de mejorar la oferta cultural, uno de los mayores atractivos en otros tiempos de la ciudad catalana. Se le pide a la alcaldesa mayor inversión en promoción para atraer estudiantes, emprendedores y captación de talentos. Por otra parte, la compraventa de hoteles, demostrando la falta de dinámica de un sector tan determinante, ha entrado en un punto muerto que se ha calificado de histórico, mientras el sector industrial ha lanzado el aviso de que: si no se cuida, se conseguirá que los únicos turistas que lleguen serán, precisamente “aquellos que nadie quiere”. La frase que se ha hecho común entre todos los que se sienten perjudicados en el sector turístico es la que alerta de que: “Sólo hay algo peor que tener turistas y es no tenerlos”


Es posible que se pudiera pensar que, la señora Colau y sus apoyos municipales, han tomado cuenta de su fracaso y están dispuestos a rectificar. Nada de ello, al contrario, utilizando la vieja técnica comunista de mentir con todo descaro y de echarle las culpas a los demás de sus errores, han intentado descargarse de toda responsabilidad a través del concejal de Turismo de Barcelona que, el jueves pasado, tuvo la “brillante” idea de atribuir el descenso del turismo “no al atentado del 17 de agosto pasado, del que afirman que la ciudad se recuperó, sino que “viene del fatídico 1.O que apareció en todas las portadas de los diarios del mundo que aparecía como si hubiera sido una guerra civil”, añadiendo la aclaración “Si no hubiésemos tenido ese 1.O, el nivel del turismo sería otro”. ¡Curiosa deducción que nos lleva a la conclusión de que, si los separatistas no hubieran provocado, mediante la conculcación de la Constitución y desobedeciendo a los tribunales, entre ellos, la Audiencia Nacional de Cataluña y el propio TC, el turismo en Barcelona no hubiera disminuido!


Es obvio que lo que ha motivado el éxodo de más de 3300 empresa de Cataluña, la disminución del turismo y la degradación del ambiente entre la ciudadanía catalana, ha sido el enfrentamiento a cara de perro entre los políticos catalanes, que intentaron proclamar la República Independiente Catalana, y el Estado que ha puesto los medios oportunos para evitarlo. El turismo no quiere escenarios tensos y posibilidades de encontrarse con situaciones violentas en las ciudades que visita. Lo peor de todo es que no parece que, los que votaron a Ada Colau como alcaldesa de Barcelona, en unos momentos en los que podría considerarse que existía un descontento generalizado contra los dos partidos principales, protagonistas del bipartidismo en España, el PP y el PSOE, y un desencanto con CDC debido al caso Pujol y sus consecuencias respecto a su honradez y la de su familia; se podría haber entendido como una muestra de castigo hacia los partidos que habían ostentado el poder durante largos años en todo Cataluña; ahora, ante una nuevas elecciones municipales que se pudieran convocar, no hay garantía alguna de que, nuevamente, los que votaron al partido de Colau no vuelvan a repetir el voto a su favor, con lo cual es evidente que la degradación absoluta de la principal urbe de Cataluña quedaría definitivamente asegurada.


Basta, simplemente, que los que insisten en mantener a la población en tensión, que no renuncian a apearse del burro sosteniendo en alto el desafío independentista, en oposición a la Constitución y al Estado español, para que los peores augurios se confirmen y todo lo que han venido predicando en cuanto a un brillante futuro para Cataluña, acabe por convertirse en una repetición de lo que ya ha sucedido en las otras ocasiones, en las que otros iluminados nacionalistas se creyeron facultados para desafiar a la nación española y fracasaron estrepitosamente.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, tenemos la íntima percepción de que estamos a las puertas de que nos veamos inmersos en una situación que posiblemente llegue a hacer tambalearse la propia estabilidad del Estado español y, como consecuencia de ello, el que nuestras relaciones con el resto de Europa acaben por salir perjudicada de tal modo que acabemos siendo un problema molesto que llegue a propiciar, según sean los futuros gobernante de nuestra nación, la posibilidad de que seamos definitivamente excluidos de la UE. Nos preocupa que la bruma creada por las rivalidades entre los distintos partidos constitucionalistas acabe por cegar a quienes tendrían la obligación para que los nubarrones que se ciernen sobre España acaben por afectar la convivencia entre los españoles como sucedió hace 80 años.

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