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Etiquetas:   Disyuntiva   -   Sección:   Opinión

Guías espléndidas..., inexistentes

“Aquel que no está ocupado naciendo, está ocupado muriendo”. Bob Dylan. It`s alright Ma
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 20 de abril de 2018, 07:20 h (CET)

Acuciados y exasperados en medio de la vorágine ambiental; en el itinerario vital echamos de menos un tratado exaustivo sobre los enfoques adecuados para el desarrollo de la existencia. En esas andanzas compiten dos TENDENCIAS. Los buscadores de esas guías de conducta, para saber a que atenerse, sin recurrir al esfuerzo necesario para averiguarlo; y los entusiastas proveedores de guías para cualquier actividad que nos propongamos. Aunque en ambas ocasiones infructuosas se trata de dejarnos abandonados a la suerte individual, como protagonistas de la candente paradoja insoslayable de estar atosigados y solitarios a un tiempo en los momentos decisorios.


Desde que nacemos estamós impregnados del engima que nadie logró desvelar; todavía peor, ensombrecemos su semblante dando unos matices tétricos a los posibles indicios al respecto. Todo no pueden ser caprichos, sinrazónes, pendencias, resquemores, odios e impotencias; aunque, cercados por las avalanchas de nimiedades, conformistas ante ese vacío, solemos apagar el entendimiento. Ciegos ante la realidad de que el enigma mantiene encendida su llama, lanza DESTELLOS ocasionales, en forma de brotes continuados de anhelos humanos, indicios maravillosos de la Naturaleza o la misteriosa evolución cósmica; para dejar entrever el impulso que nos alienta.


La chispa de la vida es muy estimulante, pero poco resolutiva; basada en los fogonazos, no apunta a las reflexiones. La potencia de sus impulsos aúpa a la gloria de las alegrías o nos introduce en lugares inhóspitos de tránsito enrevesado. Por eso la perplejidad nos aturde. Aún jadeantes por las primeras impresiones, sorprendidos, afrontamos la disyuntiva decisiva entre las quemaduras fogosas o las luces ilustrativas. La opción escogida devendrá en el TALANTE existencial básico de su protagonista; será el compañero fiel en las tareas emprendidas, de muy difícil modificación en plena sucesión de los eventos cotidianos. Desde los fondos íntimos delimitará las señas de identidad genuinas.


Al hablar del don, las sugerencias actuales apuntan a la mafia, artes ocultas de manipulación o cualidades intrascendentes; es lo que se lleva, sin asomo de mejores expectativas. Pese a lo cual, el mencionado talante adherido a la ilustración ilusionante, lleva implícita la categoría de los sueños constructivos. En esos predios de la IMAGINACIÓN, sin perder el buen talante, se inicia la forja de la belleza, de las labores gratificantes, la convivencia saludable, la salvaguarda de los sentimientos, la humildad de los criterios y las manifestaciones artísticas por excelencia. Es uno de los dones que no debiéramos perder de vista, el de las ambiciones ilusionantes, ensamblado con las esencias vitales.


Frente a los demás, las diferencias radicales se mezclan con las posibles semejanzas, con una frondosidad de aspecto caótico. Las iniciativas compiten con los obstáculos, las versiones propias con las ajenas. ¿Cómo explicar esa confrontación? ¿Cómo transformar los desencuentros en acuerdos? Entre tantos elementos confluyentes, la TENSIÓN comunicativa es implacable, agita los adentros de las personas. Los múltiples lenguajes resultan insuficientes, los gestos distraen y las palabras confunden; a veces es más expresivo el silencio. La exuberancia de las situaciones nos acogota, su dinamismo abruma. El entendimiento dependerá de la fortuna.En el destilado de dicha tensión radica la presencia real de cada sujeto en la comunidad.


Mientras uno se limite a ser testigo de los aconteceres, permanece como apartado del tráfico, sin la implicación derivada de la participación directa. Ya dejaron dicho que la vida exenta de dicho protagonismo, sobre el esfuerzo de pensar las actitudes y sin desarrollar las propias ideas, no es algo que valga la pena. Conviene por lo tanto ser conscientes de ese distanciamiento de ser un simple testigo a dar TESTIMONIO de los pronunciamientos propios. Confluirán virtudes y defectos en esas actuaciones, la valoración es otro asunto. Actuante o simple espectador, determinaremos la satisfacción propia y las aportaciones al conjunto. Quedando en el aire quienes predominan en la actualidad, sólo testigos o testimonios.


De la importancia de este factor testimonial no siempre nos aprecibimos a tiempo, a veces nunca. Sólo en casos aislados lo tomamos en cuenta, como corresponde a su rango, más bien, en ciertos momentos y determinadas situaciones; la rutina es majestuosa con su indiferencia. Hay dos fases en las experiencias vitales en que esa ausencia es crítica y se nota enseguida. En la adolescencia, repercutiendo en las etapas formativas. Pero sobre todo en la VEJEZ, cuando se apagan las luces y huyen las compañías solícitas. En los jóvenes, aún con tiempo de rectificación, en los mayores escasean los recursos; estos últimos estrujan hasta los rescoldos de la riqueza testimonial adquirida, si así se hizo.


Los indicios se acumulan para poner de manifiesto una deuda que todos tenemos en mayor o menor medida; aquella que tenemos con las PERSPECTIVAS en toda su amplitud, enriquecen la existencia, pero además nos hacen aterrizar en la realidad, que nunca es única y hemos de movernos entre sus variantes inagotables. ¿Nos percatamos lo suficiente de como seríamos sin perspectivas? Amores rutinarios de pronto final, oficios de autómatas alejados de los rasgos humanos, tullidos mentales incapaces de pensar por nosotros mismos, desprovistos de iniciativas y sorpresas, enjaulados en un sinsentido romo, ostensible en el muestrario cotidiano en que nos desenvolvemos.


Quienes vivimos damos vueltas a la versión surrealista de una JAULA central, donde depositamos las sucesivas impresiones y desde donde emitimos expresiones variadas; ambas, de calibre y consistencia imprevisibles, pero siempre en torno a ese habitáculo central. De ahí, la frecuente sensación de sentirnos atrapados, a veces hasta la depresión insalvable. Esa servidumbre de la jaula, a la vez corporal y mental, es preocupante porque en numerosas ocasiones nos descubrimos aventurados por las afueras, en conquistas fascinantes e incluso captamos recursos increíbles. No acabamos de eludir la perplejidad. Aunque estamos anclados, las puertas de la jaula permanecen abiertas.


Estamos abocados a una labor individual de muchas dimensiones, pero con el centro de operaciones enjaulado. Buscamos la COHERENCIA del universo particular de la experiencias, sin desprendimientos necios con respecto a los entornos; porque, sean estos humanos o no, de algún modo forman parte del ser humano. Las pretendidas guías foráneas no saben de estos cruzamientos internos, no sirven para el encauzamiento por caminos que no conocen, a los que no alcanzan ni de lejos. Entre la maraña de recursos, la escritura de las guías es radicalmente personal.

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