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Etiquetas:   Ni éstos ni aquéllos   -   Sección:   Opinión

Impuestos: ¿a la Iglesia?, ¿al Estado?, ¿a nadie?

Juan Pablo Mañueco
Juan Pablo Mañueco
lunes, 21 de noviembre de 2005, 03:03 h (CET)
No entraré en la polémica –mal planteada, desde la base, en mi opinión– que se ha suscitado en la prensa, incluido nuestro digital diario “Siglo XXI”, acerca de si el Estado debe recortar o no las ayudas a la Iglesia católica o a otras confesiones religiosas. No diré palabra sobre si deberían ser los dirigentes del Estado o los ciudadanos de ese Estado quiénes deberían decidir esta cuestión y otras cuestiones similares...

Tampoco conjeturaré si el porcentaje del IRPF que libremente asigna cada declarante a fines sociales o religiosos debería eliminarse o incrementarse, con lo cual acaso el Estado no tuviera que ayudar a la Iglesia, sino que a ésta le sobraría con tal incremento de casilla. Ni siquiera discurriré sobre la contratesis: que la Iglesia ahorra mucho dinero a los presupuestos del Estado, puesto que presta numerosos servicios sociales que les resultarían bastante más onerosos a los poderes políticos si tuvieran que asumirlos.

Por no enjuiciar, ni siquiera enjuiciaré la hipótesis uno (que todo el Estado contemporáneo se fundamenta en el monumental latrocinio perpetrado a los bienes de la Iglesia: las “desamortizaciones” del XIX), ni la hipótesis dos (que la Iglesia ha recibido multitud de favores políticos, créditos blandos públicos y regalo de terrenos oficiales, desde entonces hasta aquí, y antes).

No. Todo esto lo dejo para los sectaristas. Vale decir: para los que se dedican al pimpampum de sus banderías políticas, de sus fobias y de sus fobias... Ésos no razonan ni buscan la verdad: sólo quieren aplicar el ventilador de la basura sobre el contrario.

Lo que planteo es algo más sencillo, pero sólo por ser más básico: ya que, según se responda, habría que demoler todo el edificio, desechando el actual por injusto y mal cimentado.

¿Cuáles son las cuestiones que pueden ser “impuestas” al pueblo en una democracia?

En la actual “democracia”, al pueblo le son “impuestas”... todas las materias. Desde arriba. Los dirigentes escriben en el BOE lo que quieren, y el pueblo obedece o delinque.

Me refiero a las leyes, a las normas, a los reglamentos, a las jurisprudencias, a los dictámenes y sentencias... que ministros, directores generales, burócratas, funcionarios, jueces... dictan.

Pero también me refiero a las restantes cuestiones “impositivas”, es decir, a las crematísticas. Porque, erróneamente, sólo llamamos “impuestos” a los dinerarios; sin darnos cuenta de que también todos los otros actos de las Administraciones son imposiciones... Desde arriba.

Quizá otro día hablemos de las imposiciones no económicas. Que deberían ser democráticas (de abajo arriba) y no verticalistas.

Pero hoy nos limitaremos a plantear las monetarias... ¿Y por qué es la minoría quien impone libremente tributos a la mayoría sujeta (y pasiva)? ¿Quién controla los gastos de la minoría? ¿Quién decide sus sueldos? ¿Quién verifica que el presupuesto de adjudica honestamente? ¿No debería participar la mayoría en la determinación de las cuotas económicas, en controlar sus gasto y en inspeccionar todo el proceso...? ¿No habría otras formar de sostener al Estado (o a otras instituciones) que no fuera el eterno y vetusto modelo de lo “impuesto”?

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