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Opinión
Etiquetas:   El espectador  

Brindo por ZP

Jorge Hernández

lunes, 21 de noviembre de 2005, 02:59 h (CET)
Contemplo, impotente, desde mi ciudad cómo la nación española se despedaza sin remisión de causa y de forma irreversible. Lo observo, es verdad, pero lejos de crearme un profundo sentimiento de desasosiego, como le ocurre a cualquier patriota español; lejos de exasperarme al ver que nada se puede hacer y que esto no tiene ya marcha atrás, mi sensación es de euforia y de alegría incontenibles. Me explico: Mientras las amenazas de Ibarreche sean sólo eso, amenazas; mientras las aspiraciones de Maragall sean las suyas, las de su tripartito, las de siempre, mientras Andalucía, Mallorca, Ceuta y Melilla, Galicia, Gibraltar, sigan representado un “problema subsanable”, negociable, exigencia formal de la cartera de todos los ministerios afectados; España seguirá subsistiendo, malamente, reptando por el suelo, dejando que la pisoteen, la pongan en cuestión y en entredicho, regateando-que no solucionando-como una lagartija sus grandes problemas existenciales. Pero renqueante y malherida, seguirá respirando.

Sin embargo ya nos ha tocado la hora inestimable de afrontar de una vez –espero que sea por todas- los problemas que forzaban a nuestra nación a renquear adolecida de todos los males; por fin llegó el hombre que va a instigar a unos españoles frente a otros; que se define como “Rojo”, y que no le duelen prendas el decirlo; que nombran al execrable asesino Carrillo Doctor “horroris causa”,- supongo que en la especialidad de la tortura contra civiles desarmados- y llegó, cómo no el órdago del Estatut, y del Plan Ibarreche, y de todos los demás que se nos vienen encima.

La inmigración ha dejado de ser un problema potencial que no hacía sino ayudarnos con sus conocimientos y colaboración, para convertirse en el cáncer que muchos preveíamos hace años. Pero en el fonfo esto es positivo.

Por eso doy las gracias a ZP, porque sin su inestimable ayuda la situación no podría ser tan caótica como lo es ahora, y todo el mundo seguiría aguatando en espera de un divina iluminación. Pero ya no hay que aguantar más. No mucho más. Porque en breve, muy breve tiempo, los españoles tendrán forzosamente que alinearse en el bando de los que destrozan España o lo permiten, como sino fuera con ellos, o comprometerse en el barco de todo aquel que, sintiéndose patriota, no esté dispuesto a que España deje de existir. Sin más; sin colores, ni matices, ni banderías: la España contra la Anti-España.Y podremos resolver como los españoles siempre hemos demostrado, si somos capaces o no de defender, a como dé lugar, la existencia de una de las naciones más antiguas del mundo. Brindo por ti, ZP, pues sin tu presencia esta situación, dura pero inevitable, jamás se hubiera producido en menos tiempo. Por ello sólo recomiendo estar alerta.

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