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Etiquetas:   Novela por entregas   -   Sección:   Libros

Soberano don Nadie (XI)

Juan Pablo Mañueco
Redacción
domingo, 25 de diciembre de 2005, 01:35 h (CET)






Soberano don Nadie en el país de
los poderes políticos verticales

Don Quijote y Pero Grullo en acción


Resumen de lo publicado:


Soberano don Nadie ha quedado indefenso ante el sistema judicial, por abandono de su abogado. Pero, como también se halla indefenso ante el corporativo gremio abogadesco, no encuentra a otro que le represente, sin que el Tribunal le reciba ni acepte sus escritos, ya que para ello debería estar representado. Pero Grullo, que comienza a barruntarse algo perverso, en un sistema que condena siempre a los súbditos a la inacción propia y a someterse a representantes continuamente superiores al representado, aporta la solución: ofrecerse él mismo como Letrado, ya que posee la Licenciatura en Letras. Pero el Tribunal no acepta su título, sino que le remite a una comisión de juristas, para que dictamine sobre su caso.

Capítulo VIII (continuación)

En un incómodo corredor, tan angosto como todos los reservados para el pueblo en el mundo de la Justicia, junto a la Sala donde el docto tribunal debía deliberar sobre la cuestión, el letrado Pero Grullo le exponía a don Quijote, don Soberano y doña Soberanía los motivos por los que, aun siendo un gran tímido que apenas se atrevía a expresar su opinión íntima ante las personas corrientes, no se encontraba preocupado en absoluto ante su inminente deposición cerca del egregio tribunal:

–Tengan en cuenta vuesas mercedes que he depuesto ya en otras numerosas ocasiones ante tribunales egregios, tanto de carácter académico, mientras cursaba mis estudios, cuanto de carácter político-legal, o como quiere nombrarlos la engañosa costumbre de este tiempo, de carácter “jurídico”, que es otra denominación felona y mendaz en la que ahora no quiero detenerme...

Y tengo para mí que los tribunales casi nunca escuchan, devorados como están por la pigricia de quienes los componen y por la magnitud, grosor y número de las deposiciones que reciben... Pero, sobre todo, ocurre que no entienden, sino el abecé de la cartilla oficial que deben apoyar en cada caso, según los intereses de quienes los nombraron para el puesto examinatorio.

–Así pues, ningún respeto te merecen los doctos tribunales.

–Depende de la personalidad de los doctrinarios y de las razones que les lleven a impartir ese tipo de doctrina... Pero ésta es para mí la quintaesencia de la cuestión: que debe probarse en cada dictamen la dosis de sentido común que atesoren, sin que valgan presunciones de autoridad o los créditos barnizados, tras de los cuales acaso se oculten simplemente rebuznos.

La verdad es la verdad y la sabiduría es sabia, dígala Agamenón o su porquero, conforme reza el proverbio. Mientras que la mentira es mentirosa, aunque venga provista de todos los sellos oficiales.

–¡Por ventura que a menudo tú mismo impartes una doctrina aplastante, Pero Grullo! –diagnosticó doña Soberanía–.

–Muchas veces lo ha sentenciado el pueblo en la jurisprudencia de sus refranes. Diré algunos: “¿Qué es la ley? Lo que quiere el rey”, “juez contrahecho hace lo tuerto derecho”, “mucha tinta y mucho papel, pero justicia no la has de ver”, “en todo hay malicia, y más entre la gente de justicia”, “repartamos así: para ti la justicia y el favor para mí”, “justicia de Dios viene, de los hombres no la esperes”, “justicia y fundamentos son, de tres asnos en la sala el rebuzno de dos”...

–¿Otorgas mayor crédito a los tribunales académicos que a los jurídicos? –inquirió don Alonso–.

–¿Se refiere voacé a los político-legales? –precisó Pero Grullo–. Porque conviene llamar a las cosas por su nombre, para no confundirse mucho.

–A eso mismo.

–No en muy alta medida mayor tampoco, aunque sí cabe comprender que la pigricia de un tribunal académico no pueda resultar tan impune como la de aquellos tribunales de jueces que, siendo señorías, ante nadie responden, sino sólo ante su estamental y compactable capricho. ¡Mucho más y mejor duermen los Magistrados cuando revisan las farragosas sentencias de sus compañeros de abajo...! De ahí que tantos dictámenes previos o firmes parezcan somnolientos o producto de un loco... Pero, al fin y a la postre, todo es corporativismo.

–De cualquier modo, letrado Pero Grullo, ¡hubiera dado cualquier cosa por asistir a alguna de tus comparecencias ante aquellos doctos tribunales académicos!

–Si queréis, ahora mismo os relato cómo fue alguna de ellas, mi señor don Alonso; y procuraré ser exacto, para que apreciéis el descuido de los examinadores al que aludo...

Recuerdo que en cierta ocasión y con motivo de una exposición oral en torno a la Ciencia del Lenguaje que me fue demandada, me había situado frente al tribunal y, sin elevar los brazos hacia arriba, como suelo hacer cuando declamo, por no parecerme el recinto universitario el lugar más apropiado para ello, comencé a decir ante mis profesorales maestros:

Un sintagma es un grupo; pero un grupo no es un sintagma, sino más cosas a la vez, y más claramente expuestas... “La lógica de la ciencia es la ciencia de la lógica” vale para retruécano tanto como “el envés y el derecho son en conjunto la misma cosa”... “Sólo hay tres ciencias externas: física, química y matemática” tiene un claro sentido de enumeración plena: lo demás, son mixturas. “Pero una sola ciencia humana: la lógica, que aporta la metodología y la comprensión de las otras” opera como adversativa de la anterior proposición, aunque en realidad la complementa... “La Universidad es muy somera; la universalidad, sustancia inabarcable y abstracta; el universo, único...” es todo ello ejemplo de concatenación en el que pueden encontrase diversas muestras de poliptoton y de zeugma.

“La endogamia profesional genera vicios consanguíneos” debe tomarse como una metáfora, porque en realidad no es la mácula sino los maculadores quienes generan los vicios que se señalan... Por más que también pudiera tomarse por una personificación o prosopopeya, en estos ámbitos universitarios, o inclusive por una sinécdoque del género el todo el edificio por la parte la endogamia o bien de la variante metonímica el efecto los vicios por la causa la consanguinidad profesional... “Clanes, camarillas, zancadillas, favores, amigos, puñales, sectas, familias, mafias, escuelas” aportan paradigmas diversos de similicadencias, tanto de género como de número.

“Hoy por ti, mañana por mí” vale como muestra de elipsis... “Y todos iremos medrando y malversando caudales” entraña un polisíndeton... “De congreso en congreso progresan los congresos, acrecen los currículos y los cursillos cursan hacia el verano” alitera la consonante “c” que regresa al origen una y otra vez, sin que progrese el proceso de la lengua.

“Publicar una publicación ya publicada” es un acusativo interno, una paradoja involutiva y es una publicación por dos, o por veinte, o por cien... El hipérbaton de “un claustro no por autónomo menos de la sociedad alejado que de su propio interés” expone variadas hipérboles, en “autónomo”, en “sociedad” y en “claustro”. “Dame y daréte” fabrica una paranomasia y una antítesis muy ciertas...

Reían los tres amigos de buen grado ante la historia que refería Pero Grullo, cuando doña Soberanía le preguntó:

–¿Y estás seguro que ninguno de los componentes del tribunal prestaba atención a lo que decías?

–Certeza no la puedo tener, aunque aseguraría que estaban más pendientes de sus asuntos que de extender la cultura. De todas formas, alguno de mis examinadores sí debió de entender algo, y hasta puede que llegara a sospechar, porque poco tiempo después, al concluir la sesión, oí que uno de mis maestros le decía a otro, con mayor malicia de la debida y con mayor contingente etílico del requerido, puesto que nos encontrábamos en la cafetería universitaria:

–Este alumno de nombre Pero Grullo ¿no te ha recordado a alguien por momentos?

–¿A qué alumno te refieres? Como comprenderás con la porción de alumnado a la que salimos por grupo, cátedro, y curso... uno no tiene tiempo de aprenderse el nombre de casi nadie.

–Pero Grullo, Pero Grullo. ¿Te das cuenta? Ese individuo menudo que ha comparecido casi al final, en la sesión de hoy.

–¿Y a quién había de recordarme? Ojo, colega, que me temo que has sobrepasado la dosis aconsejable a estas horas.

–La dosis la sobrepasé mucho antes de acercarme a este sagrado recinto universitario, por la mañana.

–Se ve que deliras por el tono de tus insinuaciones. En todo caso, se trataría de un Pero Grullo refinado por el contacto con nuestras aulas, ¿comprendes? En cambio, aquel al que te refieres no pasaba de necio. Lástima que nunca pudiera educarse en una institución universitaria.

–Puede que fuera una lástima... para la Universidad.

–No seas tan canalla, al menos a estas horas. Y deja de beber ya.

–Al contrario, todo sea en honor de este magno recinto; pienso servirme ahora mismo otro trago –y eructó–.

No pudo Pero Grullo continuar su narración, pues en ese instante se abría la puerta del docto Tribunal de prestigiosos juristas designado para examinar, entender y pronunciarse sobre su caso, por lo que, a una indicación de un agente judicial, se introdujo en el interior de la gran Sala donde estaba a punto de comparecer el órgano pluripersonal que debía emitir un dictamen sobre su extraño supuesto intitulatorio.

Quedaron fuera de la Sala los acompañantes de Pero Grullo, pues en este caso el Tribunal entendió que no debía admitirse la asistencia de nadie.

* * *
–¿De manera que usted es don Pero Grullo –abrió la sesión quien parecía presidir aquel Órgano competente en dictadurías oficiales–, que afirma poseer el título universitario de Letrado, y para ello exhibe el documento acreditativo, con todos los timbres y sellos pertinentes, de su condición de Licenciado en Filosofía y Letras?

–Exactamente –confirmó Pero Grullo–. Lo cual me otorga, trasladando los dos sintagmas preposicionales citados a sus correspondientes categorías de sustantivos, la consideración académica universitaria de Filósofo y Letrado, en constitucional castellano, de obligado conocimiento para todos... De igual manera que “médico” es el Licenciado en Medicina o que “arquitecto” es quien dispone de la correspondiente Titulación en Arquitectura.

Asimismo, le ruego que observe que el Título Oficial que aporto, con sus pertinentes emblemas, sellos, firmas y tasas, me faculta ya, en nombre de Su Majestad el Rey, para disfrutar de todas las prerrogativas y funciones inherentes a mi grado, como bien claramente lo expresa en caracteres de imprenta notablemente evidenciables y legibles, sin necesidad de grandes providencias.

Se incomodó el tribunal ante el desparpajo y rotundidad con que les estaba usando las letras el letrado Pero Grullo, y más aún cuando éste, sin amedrentarse por la solemnidad de la sala, les dijo:

–Téngase en cuenta que, si ahora no van a tener validez los títulos oficiales firmados por Su Majestad el Rey, equitativamente habría que aplicar ese mismo criterio al resto de los títulos, incluido el de Su Majestad el Rey, que no es sino otro título formal como el que yo presento, sólo que obtenido por herencia el suyo, y en cambio el mío entraña mérito.

Vinieron a continuación las habituales coartadas formales, a las que tan aficionados se muestran los leyeros o leyistas políticos, para demostrar que, aunque la razón asistía a Pero Grullo, el poder era suyo, por lo habían decidido desestimar su demanda, en uso de su arbitrio para dictar lo que más les conviniera en cada asunto.

Así pues, observando los derroteros por los que iban encaminándose los pasos del tribunal, que más bien parecían calcados de los de la estirpe del famoso Per Illán que no de argumentos que contuvieran ningún componente de razón, decidió Pero Grullo utilizar su último turno de palabra para, alzando ambos brazos al cielo, ligeramente inclinados hacia adelante –según era en él la postura habitual cuando determinaba hablar “ex cáthedra”– lanzar sobre sus dilectos oyentes las siguientes consideraciones:

____________________

Próxima entrega de la novela: martes, 22 de noviembre.

'Soberano don Nadie'. de Juan Pablo Mañueco. Egartorre Libros. 190 páginas. Madrid, 2005. 14 euros.

Puede adquirir el libro en librerías o realizando un pedido online.

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