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Enemigos íntimos

Fran Villalobos
Redacción
sábado, 19 de noviembre de 2005, 01:58 h (CET)
La relación entre Real Madrid y Barcelona es una historia de dependencia mutua. Ambos conjuntos se han necesitado a lo largo de los años para alimentar su grandeza y ninguno sería lo que actualmente es de no haber existido en frente un eterno rival tan poderoso. En ese caso, como dijo el honorable Nicolau Cassaus, alguien los hubiese tenido que inventar.

La rivalidad que mantienen merengues y culés alimenta la leyenda del fútbol como deporte rey. Resulta complicado abstraerse y declararse neutral en el choque con más glamour del mundo. Algo más que un partido. Tres puntos cubiertos de azúcar que dulcifican el estado de ánimo de los aficionados, mucho más si se consiguen en feudo ajeno de manera inverosímil.

En esta ocasión, le toca al Barça intentar la machada. El conjunto de Rijkaard se presenta en el Bernabéu con un juego mucho más vistoso y un punto más en la tabla. Poca renta si analizamos el inicio de Liga del Madrid, plagado de lesiones, con grandes deficiencias en su fútbol y después de haber vivido en la cuerda floja tras la derrotas ante Valencia y Deportivo.

La condición de favorito en estos partidos suele pertenecer a quien juega en casa, independientemente de la situación por la que atraviese. Al final, la historia convierte las victorias en casa del gran enemigo en hazañas que se cuentan con los dedos. En 75 años de Liga, los azulgrana han salido 13 veces victoriosos de Chamartín, la última hace dos temporadas, lo que representa un porcentaje notablemente inferior comparado al cosechado en visitas a otros campos.

Y es que ganar al Madrid en el Bernabéu no fácil aunque juegues como los ángeles. Sin ir más lejos, la pasada campaña los jugadores blancos, movidos por un espíritu de competición digno del escudo que representan, fueron capaces de endosar un 4-2 a un Barcelona que llegaba a la Castellana con una aureola de invencible y media Liga en el bolsillo.

El Barça jugó bien pero cayó derrotado ante la contundencia madridista arriba. Y es que el acierto en los metros finales decidirá una vez más el vencedor del duelo. Ronaldo y Eto’o, que cruzaron destino y colores para seguir marcando goles a su antojo, tienen la llave. El brasileño llega tras un mes de lesión pero es capaz de todo, mientras que el camerunés, discípulo de Luis Enrique, siempre guarda una bala para que le silbe en los oídos a Florentino ante sus socios.

El sábado, otro partido del siglo revelará una rivalidad deportiva, histórica, política y casi religiosa, tanto en las gradas como sobre el terreno de juego, entre Real Madrid y Barcelona. Dos amantes del buen fútbol, tan acostumbrados a odiarse, que no entenderían la vida sin el otro.

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