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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Las finanzas eclesiales

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
viernes, 18 de noviembre de 2005, 02:31 h (CET)
El otoño caliente que nos anunciaba Rouco Varela ya está aquí a pesar del frío atmosférico. El pasado sábado las calles del centro de Madrid se llenaron de un gentío vociferando consignas contra el actual Gobierno socialdemócrata. Como ya pasó esta primavera, cuando salieron a la calle a negar el derecho de los ciudadanos que así lo decidieran a contraer matrimonio con quien quisieran, las cifras de asistentes fueron hinchadas convenientemente. Mientras los organizadores, alentados por las arengas, en el más puro estilo de Queipo de Llano, de Jiménez Losantos multiplicaban, cual nuevo milagro de los panes y los peces, el número de asistentes, estos no llegaban al medio millón, entre los que había muchos profesores coaccionados por los colegios religiosos, donde tienen su empleo, para asistir a la manifestación.

La excusa fue la nueva Ley de Educación que va a ser discutida en el Congreso. La realidad es que la Iglesia saco sus mesnadas a la calle para defender sus privilegios y entre ellos el más importante: el dinero. No nos engañemos, la multinacional del rezo es insaciable, nunca tiene suficiente. No le basta con los más de 3.000 millones de euros que recibe a cuenta de los presupuestos del Estado para atender a sus necesidades o para invertirlos en “gescarteras”, no le basta con que en un estado aconfesional sea éste quien abone los sueldos de los profesores de religión que ella elige, no tiene suficiente con que en todos los colegios exista la clase de religión, que debería circunscribirse al área familiar e intima o enseñarse en las catequesis parroquiales. No, todo esto no es suficiente y se alía con la derecha, ahora en la oposición, para intentar llevarla de nuevo al Gobierno y así tener más aseguradas sus prebendas. Y todo ello porque sus feligreses ya no llenan los cepillos ni la bandeja de la colecta en cada misa. En el año 2004 tan sólo pudieron recoger 105 millones de euros a cuenta de las declaraciones de renta de sus fieles. Sólo un tercio de los contribuyentes puso la crucecita en el apartado correspondiente a la Iglesia Católica. Tan sólo cincuenta euros por cada uno de los dos millones de manifestantes que, según la COPE, asistieron al acto de Madrid. Al parecer la cartera de los católicos tiene poca fe.

Habrá que decirles a los monseñores que está muy feo mentir, y además es pecado. Con la nueva ley todo aquel que quiera que sus hijos estudien religión podrá hacerlo- y lo pagaremos el resto de españoles-, pero que no obliguen a que todos tengan que hacerlo. Respeten la libertad de los demás. Así mismo los colegios religiosos seguirán manteniendo su concierto- que también pagaremos todos-, pero sin que tengan la posibilidad de discriminar a los alumnos que soliciten su ingreso o seguir incumpliendo la ley, como ahora pasa en algún colegio del Opus Dei donde las niñas y los niños están separados. Es muy sintomático que la mayoría de niños procedentes de la inmigración acudan a la enseñanza pública y sean muy pocos los acogidos en los concertados regidos por religiosos.

Si la derecha opositora vuelve a ser la misma “derechona” de siempre la Iglesia tampoco a cambiado a mejor. Sigue defendiendo los mismos presupuestos de siempre, añorantes del latín y los boatos de las misas pontificales, queriendo regular la vida de los demás con la excusa de que la mayoría estamos bautizados- no nos dejan apostatar-, no renunciando a sus privilegios, algunos de tipo fiscal como la exención del IVA y que ya han sido denunciados por la Unión Europea por estar fuera de la legislación, y por encima de todo apoyando a los que considera sus aliados naturales de siempre, la derecha, esa misma derecha que clamaba en su día contra le Ley de Divorcio y que luego muchos de ellos ha utilizado, incluso alguno de sus más duros representantes más de una vez.

Quede claro que la manifestación del otro día no iba contra la Ley de Educación. Fue una manifestación en defensa de los privilegios y los privilegiados de siempre y, sobre todo, “la pela es la pela” en defensa, con uñas, dientes y báculos episcopales, de unos dineros del presupuesto del Estado a los que hace años debieran haber renunciado. Los católicos tienen la suerte de poder confesar sus pecados y cuando les son perdonados ya pueden volver a las andadas. Me imagino el otro día el final de la manifestación con un turno de guardia de confesiones para perdonar las mentiras dichas, por allí pasarían desde Rouco Varela hasta los organizadores de la marcha sin olvidar a Zaplana que tendría que confesar esa mentirilla de darle, bajo mano, centenares de millones a su amigo Julio Iglesias mediante ingresos en un paraíso fiscal mientras D. Eduardo fue President de los valencianos. Hay un refrán que dice “quien quiera vicios que se los pague”. No diré que la Iglesia sea un vicio, Dios o la ética me libren, pero si que estoy a favor de que quien quiera iglesia que se la pague.

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