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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Franco

Pepe López
Redacción
jueves, 17 de noviembre de 2005, 00:53 h (CET)
No pasa un día sin que la persona y la obra de Franco, sean vilipendiadas de la forma más artera y canallesca en prensa, radio y televisión.

Quien estas líneas escribe –que es franquista hasta la médula-no puede por menos que sentir un desgarro en lo más íntimo cuando contempla tanta insidia.Recientemente, TV2 puso un documental sobre Gijón y, al comentar las imágenes de la Universidad Laboral, el locutor se permitió decir que las Universidades Laborales sólo servían para propaganda del Régimen y para convertir a los estudiantes en mitad monjes y mitad soldados.

No pretendo con estas líneas enaltecer la obra del Caudillo porque sé que a los recalcitrantes no los voy a convencer y cualquier desapasionado que no esté contaminado por el sectarismo que nos ha traído la democracia liberal y parlamentaria en que vivimos,sabe de sobra que el Régimen de Franco, del principio al fin, constituye una de las etapas de la Historia de España que más beneficio trajo a los españoles.

Muchas veces he recordado que el día más feliz de mi vida fue aquel 26 de Marzo de 1939 en que las tropas nacionales liberaron el pueblo en que pasé la guerra y fui testigo y víctima de la anarquía, los crímenes y la hambruna en que quedó sumida la zona roja.

Después he vivido toda la trayectoria de aquel Régimen “tiránico y dictatorial” y, como tantos miles de españoles que aún viven,he gozado de una paz y una auténtica libertad que ahora añoramos.

Porque no creo que sea verdadera libertad la que se disfruta depositando una papeleta en la urna (que a la postre sólo sirve para que mande un partido muy minoritario);ni teniendo una libertad de expresión que te permite insultar, injuriar y vilipendiar; ni convirtiendo la democracia en la tiranía de la mayoría sobre las minorías; ni, mucho menos, para pedir la disolución de España.

Es una estupidez y una falacia decir que Franco se alzó contra un Régimen republicano legalmente constituido, porque no es cierto. El Glorioso Alzamiento Nacional (así los califico aunque pese a los recalcitrantes) tuvo lugar contra una auténtica anarquía en que, por obra de los partidos y sindicatos de izquierdas, se había convertido una República nada democrática y absolutamente sectaria, que no pretendía otra cosa que acabar con la propiedad privada, la seguridad y la vida de quienes no comulgaban con aquel caos.

No fue un alzamiento nacional, al uso de los del siglo XIX, sino un desesperado grito de salvación de quienes no querían vivir bajo loa tiranía del marxismo.

Baste decir que, tan sólo en la primavera trágica de 1936,la anarquía de aquel frente popular creado por Azaña y Prieto, propició el asesinato de cerca de quinientas personas y el incendio de más de doscientos templos.

El genio militar de Franco (que algún rencoroso militar ha negado) –la espada más joven y más limpia de Europa- manifestada ya en Marruecos,se puso de relieve en nuestra Cruzada. Y no es preciso ni grato recordar las victorias que alcanzó,aunque sí tener en cuenta que las logró contra la apabullante diferencia de medios de que gozaba la llamada República y de que tanto alardeó Prieto.

Otro mito que se deshace fácilmente es el de la “represión franquista”. Se cuentan y exageran los miles de ejecutados, pero se olvida que fueron condenados por Tribunals y se olvida que lo fueron por gravísimos y crueles delitos de sangre. (Sólo el número de Sacerdotes y religiosos asesinados sobrepasó las seis mil ochocientas víctimas.) Y se olvida también que muchos de estos asesinos fueron indultados y amnistiados posteriormente.

Las dificultades y el hambre al terminar la guerra, fueron exclusiva consecuencia del estado en que los “leales a la República” dejaron la zona roja, en la que quedó desmantelada la cabaña y la agricultura, las estructuras ferroviarias, templos y pueblos.

A esto se añadió la fobia de Gobiernos marxistas o “liberales” hacia una España que había tenido la gallardía de enfrentarse y vencer al comunismo y que consiguieron que la ONU nos declarara, nada menos, que enemigos y amenazadores de la paz.

La manifestación de Diciembre de 1945 en la Plaza de Oriente -Plaza de la Lealtad- en la que durante muchos años se recordó la memoria de Franco, fue sintomática de cómo el pueblo español se unió a su Caudillo.

A pesar del boicot de tantas naciones “democráticas”, Franco supo restañar las heridas de la guerra, elevar el nivel de vida de los españoles, crear unas industrias que fueron base de nuestro desarrollo económico, Universidades Laborales, Seguridad Social con espléndidas residencias y, sobre todo, con su sagacidad gallega, librarnos de entrar en la guerra mundial, lo que hubiera supuesto que, a su término, los vencidos en la Cruzada hubieran regresado como vencedores y nos hubieran sometido a la más feroz de las tiranías.

Todo esto se le regatea a Franco o se le niega.

Lástima que, con su agotamiento físico, aquella España se nos fue, con la traición de muchos de sus “leales” y de algún que otro clérigo que, con sus “denuncias proféticas” contribuyeron a traernos la “democracia”.

Hasta Don Juan de Borbón, el padre del Rey, cuya desmedida ambición por reinar y desplazar a Franco del poder, eran notorias (y ahí están sus manifiestos)viendo el camino que tomaba la España “liberal, democrática y parlamentaria” que nos trajo la “transición”,y parece que recordando aquella frase de Ortega y Gaset al ver el rumbo de la República: “No es esto, no es esto”, no pudo por menos de decir: “España no va bien. Veo su unidad en serio peligro”.

Creo que no es preciso añadir nada más.

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