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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

La mala educación

José Carlos Navarro (Mérida)
Redacción
jueves, 17 de noviembre de 2005, 00:53 h (CET)
Desconozco si al reciente secretario de Estado de Comunicación y anterior sindicalista agrario, Fernando Moraleda, tuvo los mismos traumas y fobias que el cineasta Almodóvar expresó en su película "la mala educación". Por otra parte visión no compartida por la inmensa mayoría de los educados en colegios religiosos en España. En cualquier caso el concepto educación engloba mucho más valores que los actualmente propagados por lo "políticamente correcto", utilizando palabras etéreas o palabras-cajón donde cabe todo lo que uno quiera.

Nos anuncia Moraleda que el presidente del Gobierno va a escuchar a los manifestantes contra la LOE, para explicar a las organizaciones el contenido real del anteproyecto. Experiencia tiene el lider de la oposición en reuniones a puerta cerrada, donde el que va a Moncloa es monclovizado con la opacidad de no saber bien a que se va allí. Ser educado es escuchar lo que ya se sabe y aceptar la invitación, buscar la verdad es hacer la reunión a la luz pública, donde la foto se acompañe de las palabras dichas.

La buena educación tiene escasa acogida en el "heavy gubernamental", interpretado por Moraleda como "el momento de la negociación y no de la desinformación", ya que el auditivo radical inquilino de la Moncloa quiere escuchar a los convocantes, "anteponiendo la opinión de la sociedad a la mentira o al intento de tergiversar el contenido real del proyecto educativo". La cortesía y la diplomacia se incluyen en la buena educación, las distintas posturas se confrontan con el diálogo. Poco querrá negociar o dialogar quién acusa de mentir y terjiversar, por otra parte, habitual y "genuino" papel del actual presidente y su ejecutivo.

Las reuniones que interesan a todos, en público y como hace Almodóvar, grabándolas. Después,viendo las cintas, se comprueba la educación de los intervinientes. Que no es poca la del millón y medio de manifestantes, a tenor de la inexistencia de incidentes. Los otros, todavía están por demostrarla, pero es que no se le puede pedir peras al olmo.

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